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jueves, 5 de julio de 2012

WONDER WOMANS - FRACASADAS FÍLMICAS

Ahora que se estrena "The Amazing Spiderman" y que en dos escasas semanas tenemos la nueva de Batman, "The Dark Knight Rises", nada mejor que -coherencia habitual mediante- poner videos de horrendos atentados fílmicos sobre la cabeza de nuestra querida Wonder Woman. La pobre pionera de las superheroínas ha sido vilmente masacrada en todos y cada uno de los intentos de adaptación a celuloide que han conseguido llegar a puerto. Y lo más gracioso de todo es que las tres joyas de la corona son tres pilotos que se quedaron en agua de borrajas (uno de ellos ni siquiera estrenado y otro ni siquiera se terminó de rodar), con lo que nos hacemos una idea del grado de incompetencia o pasotismo de cada uno de los responsables del personaje en la televisión. Podríamos salvar un poco la serie de Lynda Carter que preside estas líneas, por mítica y entrañable, pero por poco más. Así que como me voy de vacaciones este fin de semana -vacaciones de trabajo, de internet y espero que del mundo-, os dejo estos testimonios gráficos para provocaros alguna que otra pesadilla durante la canícula.
1) EL PILOTO ORIGINAL DE 1967
El horror hecho video. William Dozier, que ya produjo las aventuras "camp-psicodélicas" de Batman protagonizadas por Adam West, pensó que hacer lo mismo con Wonder Woman sería una excelente idea. Con nombre de proyecto "Who´s Afraid Of Diana Prince?", por supuesto la idea de Dozier consistía en convertir a la aguerrida amazona de los tebeos en una imbécil integral que viviera cochambrosas aventuras mientrás se arregla el pelo. Con un tono de comedia que si en "Batman" funcionaba por petardo, aquí, en este breve clip de avance, se muestra completamente pestilente, no nos extraña lo más mínimo que esta serie quedara en el limbo de las chorradas nunca rodadas. Sobreviviendo solo estos infames cinco minutos:



 2) EL TELEFILM PILOTO DE 1974

Este sí terminó rodándose e incluso fue emitido, pero el resultado no fue mucho mejor. Ya hablamos un poco de ella cuando dedicamos otro inútil estudio a la Wonder Woman setentera (espía y karateca) de los tebeos. Y es que en un alarde de estupidez, la saga que por entonces agobiaba a los fans "comiqueros" y en la que Diana Prince perdía sus poderes y su icónico traje para vivir aventuras "mod" en los "swinging sixties", sirvió de inspiración a la primera adaptación "seria" del personaje. En lugar de escarbar en las etápas más míticas de la amazona, no solo van a lo más actual por aquel entonces -sin calibrar el grado de fidelidad o popularidad de tal aproximación- sino que encima se inventan la mitad de características del personaje, hasta que no lo reconoce ni su padre, que por cierto fue el doctor William Marston Moulton. Esta Wonder Woman habla con los animales, tiene super-agilidad y aparatitos a lo James Bond y para mayor escarnio, su lazo de la verdad solo sirve para colgarse en plan liana por ahi. Además de ser rubia y llevar un traje de andar por casa, claro. Este piloto -que los más valientes podéis encontrar completo en You Tube- fue un fracaso denigrante, así que se contrataron a otros guionistas para que le dieran un toque más clásico al personaje, naciendo así la recordada serie protagonizada por Lynda Carter:

3) EL OTRO PILOTO DE 2011
Culminamos con la más rabiosa actualidad. Cuando la NBC anunció que David Kelley, creador y realizador de "Ally McBeal", había sido contratado para desarrollar un piloto para una nueva serie sobre "Wonder Woman", más de un iluso -como el que suscribe- se pensó que podría ser la primera adaptación en condiciones de tan maltratada muchacha. Por desgracia no solo esta "...Woman" no da la talla como versión en imagen real de la icónica heroína, sino que encima es un absoluto espanto se mire por donde se mire. Con un guión de los veinte duros, una realización plana y una serie de situaciones (dramáticas, cómicas, de acción...) de verdadera vergüenza ajena, este piloto recuerda más a aquella basura de película que rodaron de "Catwoman" con Halle Berry, que a cualquier intento serio de hacer cine o televisión. Adriane Palicky luce un traje con leggins o bragas, según el momento, y realza unas mamas siliconadas mientras esquiva balas y salta con efectitos del cinexín. Los productores vieron tal cosa y decidieron no seguir adelante con la serie, además de archivar el piloto para que durmiera el sueño de los justos -es decir, de las descargas de Internet-, siendo el último intento de llevar a la amazona a la pantalla. Aqui tenéis un montaje que ha hecho un fan con imágenes del piloto y la música de la serie de Lynda Carter de fondo. Mucho más divertido que el piloto en sí:

Y esto es todo amigos. Se supone que actualmente DC/Warner está preparando un universo fílmico similar al que Marvel está desarrollando con tanto éxito (culo veo, culo quiero), así que como es lógico el rumor de una peli, en este caso para cine, de "Wonder Woman" vuelve a la palestra. Veremos que pasa. Mientras tanto... ¡¡Disfruten del verano!! Lean muchos libros y tebeos, escuchen mucha música y pasen mucho calor. Un saludo.
HAPPY HOLIDAYS!!

domingo, 24 de junio de 2012

MISCELÁNEA MÓRBIDA: Secretos Literarios, “Mooreadas” en Londres, precocidades mórbidas y Pynchon digital.

-Acaba de salir a la venta “Vidas Secretas de Grandes Escritores” de Robert Schnakenberg, la versión literaria de su otro hit “Vidas Secretas de Grandes Directores de Cine” y que me hizo pasar unos buenísimos ratos cuando lo leí el año pasado. Ahora, vía la editorial Océano, por fin puedo disfrutar de esta obra imprescindible en la que no faltan los atracones gastronómicos de Balzac, el lesbianismo cursi de Gertrude Stain o la afición al frasco de míticos borrachos como Poe o Jack London. Lo que me ha dejado de piedra han sido datos como el antisemitismo de H.G. Wells –tan defensor de las causas perdidas él- o los colocones de opio que se cogía Loise May Alcott, la cual por cierto prefería escribir sobre prostitutas o drogadictas antes que sobre niñas. Esas que la hicieron famosa.
Por cierto que cada capítulo comienza con una cita famosa del escritor en cuestión, y la que abre el apartado dedicado a James Joyce es la siguiente:
“Solo exijo a mis lectores que dediquen su vida a leer mi obra”
Pues estaríamos apañados.
-Un secreto que no viene en este libro y que acabo de leer –en los comentarios del blog “Diawhee” de Cesar Martin- es la afición de Gunter Grass al mismísimo… “Made In Japan” de Deep Purple.
Gunter en su etapa Hard Rock
El que muchos consideran el mejor disco de rock en directo de la historia –Yo soy uno de esos muchos, por cierto-, parece ser que constituía la banda sonora del autor de “El Tambor de Hojalata” para sus arrebatos artísticos. ¡Pero no los literarios! Os copio y pego el fragmento porque no tiene desperdicio:
E“En un episodio de su libro “Mi Siglo” hace referencia al álbum contando con todo lujo de detalles como se dedicaba a hacer estatuas griegas con puré de patata mientras sonaba “Made In Japan” de fondo. Decía que eso le inspiraba muchísimo a la hora buscar los rostros adecuados de los sensuales Príapos de puré de patatas.”
Nada mejor que crear conjuntos escultóricos bajo el influjo de los guitarrazos de Ritchie Blackmore o los espectaculares solos de batería de Ian Paice. Escuchad este fragmento y decidme si no os dan ganas de dedicaros al “patatismo” griego ipso facto:

          -Aquellos que hayáis leído “Mientras Escribo” de Stephen King –ensayo obligatorio para escritores y lectores, os guste el señor King o no- recordaréis que el autor hace referencia en la parte autobiográfica del libro a como le rechazaron cientos de relatos y manuscritos desde que empezó a mandarlos ¡¡Cuando era niño!! El otro día apareció en Facebook una de las cartas que el propio King envió junto con una de sus muestras de precocidad escritora nada menos que a los catorce años:

           Nótese que el propio chavalín ya decía que el cuento que estaba enviando encajaría en la sección “Obituary” de la revista. Sin duda la parte de la misma dedicada al terror en prosa. Y también que llevaba ya dos años enviando manuscritos a las revistas, aunque aún le quedaban un par de décadas para alcanzar el éxito, claro. En estos momentos lo único que estaba a punto de conseguir es la aparición de su vello facial.
-Y como cada vez que pronuncio la palabra vello facial en esta sección, el señor Moore ha sido invocado. El gran Alan presentó (y firmó) el pasado viernes la tercera y última entrega del tercer –valga la redundancia- volumen de la “League of Extraordinary Gentleman”-.
Alan Moore firmando en la tienda Gosh y mesándose la barba de la que extrae sus ideas
Esta nueva entrega está ambientada en la época actual y por supuesto aparecen personajes de la cultura popular actual, aunque los victorianos Mina Murray y Alan Quatermain siguen siendo los protagonistas. Precisamente Moore también presentaba la edición –por fin- en U.K. del “Black Dossier”, tomo intermedio de la liga y aun inédito en España. El segundo número de nuestra revista gratuita “Embryo” , dedicada al señor Moore –cuya página está enlazada también en la columna de al lado- aparecerá a mediados de julio y en ella hablaremos largo y tendido sobre este evento.
-Para terminar, el recluso y pantagruélico autor Thomas Pynchon –que por supuesto también tiene su capítulo en el libro que comenté al principio- acaba de ver toda su obra pasada a formato e-book. La noticia no tendría demasiada trascendencia si no fuera porque viene acompañada de este video-trailer tan cuco:

miércoles, 20 de junio de 2012

ESPIONAJE SETENTERO: "EL TOPO" De Tomas Alfredson



Aprovechando su salida en DVD hoy mismo –y dada la anemia de la cartelera actual- nada mejor que recomendar esta semana una película tan excelente como “El Topo”. Facilón título en español de “Tinker, Tailor, Soldier, Spy”, la nueva adaptación de una de las mejores novelas de espías del siglo XX; obra del clásico en estas lides John Le Carrè. Una obra perteneciente a la larga serie de novelas protagonizadas por el crepuscular y, en apariencia, pusilánime agente George Smiley. Por supuesto está ambientada a primeros de los años 70 y resulta una fascinante recreación fílmica de una novela que ya era una fiel aproximación a un tema tan interesante como el del espionaje durante la guerra fría. El servicio de inteligencia británico se enfrenta a una de sus mayores crisis al ser detectado un “topo” que está pasando información privilegiada al enemigo, los soviéticos. Como eje de la trama una canción infantil, a la que se alude en el título real del libro/film, al más puro estilo Agatha Christie y que, de hecho, incluye un absorbente “crescendo” dramático en la busca y captura del topo; en una hechizante sucesión de pistas falsas, sospechosos e intervenciones de los propios rusos. Todos ellos tópicos del mejor cine de género que Tomas Alfredson  sabe hacer salpicar en una narrativa densa y absorbente.
“El Topo” ya contaba con una mítica versión televisiva para la BBC que duraba las suficientes horas como para contar la historia del libro al detalle, y que como extra tenía al gran Alec Guiness interpretando al agente Smiley. Un auténtico reto para el director compactar en una trama de dos horas un material tan recargado y legendario, pero del que sale con nota. El sueco Alfredson ya logró sorprender a la platea con su anterior incursión en el cine vampírico, “Déjame Entrar”, cuya frialdad y tono pausado a veces me resultaron un tanto irritantes, a pesar de la voluntad de su autor por hacer algo medianamente original en el género. Pero curiosamente esa frialdad viene como anillo al dedo para retratar el deshumanizado y peligroso mundo del espionaje de altos vuelos de la agencia Chaos; y la paradoja es que los personajes –llenos de matices- acaban haciéndose muy humanos a pesar del gélido entorno. La cámara cimbrea a través de los entresijos de la compañía hasta su misma fuente y a ese respecto son fascinantes los planos desde dentro del montacargas, que tantos documentos vitales transporta de piso en piso. La historia nos lleva de un lado a otro de la agencia –además de pasearse por un par de localizaciones internacionales- para retratar un sistema duro y burocrático en el que nadie puede confiar en nadie. En el que poder y honor son dos herramientas no siempre complementarias.

Los actores son todos de auténtico lujo, en un ABC de algunos de los mejores intérpretes británicos de la actualidad. Tom Hardy y Benedict Cumberbatch aportan la excelente frescura de las generaciones más recientes mientras que John Hurt, Toby Jones o Colin Firth aportan su sapiencia y experiencia en todo tipo de escenarios para hacer creíbles a sus torturados personajes. Hay que hacer especial mención al atormentado agente retirado al que da vida Mark Strong. Un intérprete que se ha encasillado en demasiados papeles de villano, que aquí sin embargo compone un personaje de breve intervención pero realmente clave. Aunque desde luego el film no sería el mismo sin la participación de Gary Oldman dando vida al mítico agente Smiley. La miopía de los Oscars pasó por alto este gran logro. A pesar de haber sido al menos recompensado con una nominación, Oldman merecía mucho más. Su interpretación es sobria, triste, electrizante, espectacular en su desnudez y carente de histrionismos de pega –con los que tanto se asoció a este gran actor en el pasado-, en una sucesión de gestos reptilianos y miradas llenas de significado que le convierten en el Smiley definitivo. Con todos los respetos al señor Guiness, por supuesto.

jueves, 14 de junio de 2012

HOWARDIANA PARA LAS MASAS


ARCHIVOS EXPIATORIOS: Hoy recordamos una entrada dedicada al gran Howard, y la actualizamos con un poco de información novedosa. ¡De nada!

-Si hay una casa museo que quiero visitar -aparte de, evidentemente, la de Sherlock Holmes- es la de Robert E. Howard, mantenida con esfuerzo por la Howard Estate Fundation y los donativos de los fans del escritor, y que se mantiene abierta en su ubicación original de Cross-Plain, Texas. El siguiente video es especialmente interesante porque nos lleva de tour por el museo -acondicionado tal como lo estaba en la época en que el escritor vivió allí con sus padres- y además cuenta con las palabras del sexagenario Norris Chambers, el cual es probablemente la única persona que conoció a Howard que sigue viva. He aqui el video:


Y anda que no molaria darse un paseo por la biblioteca de Cross-Plains, que además de contener los manuscritos originales -salidos directamente de la Underwood de Howard- y de los que te puedes llevar copias en facsimil (imagino que a precio de oro), cuenta encima con esta fachada tan molona:

Si hasta sale Conan, maldita sea.
-Recomendadísima la reedición de la biografía más potente de Howard editada hasta el momento: "Blood & Thunder: The Life And Art Of Robert E. Howard". Se trata de una edición ampliada y os puede decir que la primera versión ya me dejó bastante maravillado, aunque se me hizo algo corta. Como esta amplia el número de páginas, problema resuelto. La primera vez que se trató a Howard como autor en su totalidad (poemas, novelas, relatos, obras de teatro inacabadas...) y en el  que encima se intentó dar una explicación a su suicidio que -¡Por fin!- no reiteraba el tópico de la semi-psicopatía y obsesión por su madre del autor.


-Por supuesto no os ibaís a escapar sin una galería de portadas "pulperas". Para variar el tópico de los culturistas untados en aceite y agitando espadas, aquí tenemos una breve selección de cubiertas dedicadas al trabajo de Robert E. Howard en uno de sus campos más queridos, el Western:












jueves, 7 de junio de 2012

TRISTEZA Y FANTASÍA (1920 -2012)

“Algunas personas entristecen cuando son terriblemente jóvenes. Al parecer sin una razón especial, casi como si les viniera de nacimiento. Se hacen heridas más fácilmente, se cansan antes, lloran más rápido que otros, recuerdan durante más tiempo y, como digo, se vuelven tristes más jóvenes que nadie en el mundo. Lo sé, porque yo soy uno de ellos”
Ray Bradbury. “El Vino del Estío”
No sé si esta cita es realmente adecuada para abrir este humilde homenaje a ese gran maestro de las letras, que nos dejó ayer tras una vida plena de obras de arte en forma de relato, prodigios con disfraz de novela y sapiencia camuflada como ensayos desenfadados. No sé si Bradbury fue realmente uno de esos niños tristes que supo retratar tan bien, como el Douglas Spaulding de este “…Vino del Estío” –un libro imprescindible que no cuenta con la fama de sus “libros mayores”-, y no sé tampoco si yo llegue a encajar alguna vez en esa categoría de niño melancólico. Disfruté como un enano de mi infancia, aunque también me asaltaron muchos ecos oscuros y tristes. Por ejemplo cuando leía a Ray Bradbury y descubría que el mundo era hermoso pero feroz y tan luminoso como trágico. En esa descarada nebulosa de invenciones teatrales que suele ser nuestra memoria de lo que realmente ocurrió en nuestra niñez, quizás sea presuntuoso por mi parte pretender evocar como me sentía en mi edad más temprana. Y como para evocar ese sentimiento –de forma pura, descarnada, bella y real- ya tenemos los libros del señor Bradbury, mejor me concentro en intentar describir como me siento hoy. Y desde luego hoy sí estoy triste.

Triste porque poco a poco la vieja guardia de la ciencia-ficción clásica se apaga. Ya solo queda Matheson y, ay, solo tiene seis años menos que Bradbury. Alguien que, como el viejo Ray, llega a vivir hasta los noventa y uno –parece que quisiera llegar a ver el futuro tan negro que pintó en sus “Crónicas Marcianas” o en “Farenheit 451”- dice mucho acerca de la alegría vital del creador. Si contemplamos sus últimas fotografías seguimos viendo esa sonrisa del que se lo pasa en grande desde sus años mozos, y es que a pesar del pesimismo del que a veces hacía gala de forma tan sobrecogedora, también es cierto que hay pocas obras que destilen más pasión, vitalidad y pura felicidad como la de Bradbury. Su infatigable proceso creativo quedaba bien a las claras en su –recomendadísimo, lectura de cabecera para mí- “Zen en el Arte de Escribir”. No tanto un manual de narrativa (aunque también), ni una lista de herramientas para el escritor novel (que sin embargo no debe dejar de tomar nota casi en cada página), sino una imprescindible guía para la existencia. Una declaración de amor hacia la lectura y la escritura que Bradbury, con su clásico tono sentimental pero sin concesiones, desgrana en unas páginas llenas de gozo y alegría de vivir. Y de escribir.
Sensaciones. De eso trata la obra del maestro. Y en mi opinión no era solo un autor de ciencia-ficción como rápidamente le etiquetaron, sino uno de los mejores escritores –que usaron la fantasía- del siglo XX. De leer al Bradbury “sci-fi” pasé al realista, incómodo y definitivamente variado en su paleta de “El Hombre Ilustrado” –otra joya de recopilación, a la altura de sus “marcianismos” y que el inútil de Zack Snyder lleva tiempo amenazando con llevar a la pantalla- y de ahí al melancólico y vanguardista de la mencionada “El Vino del Estío” o “La Feria de las Tinieblas”, que cuenta con alguno de los párrafos más hermosos de toda su producción. ¡Pero hay más! ¿Qué decir del Bradbury macabro? Ese que comenzó publicando sus pesadillas en forma de relato breve en la época de declive del “pulp”. El que haya leído su cuento “El Pequeño Asesino” dudo que lo olvide jamás, y para el que no lo haya hecho podéis encontrarlo en el recopilatorio “Maestros del Horror de Arkham House” editado por Valdemar. Porque sí, estamos hablando de alguien tan anciano que llegó a publicar en Arkham, la mítica casa en la que August Derleth recopiló tantas maravillas propias y ajenas. Alguien que vino de la eclosión del género, atravesó su época dorada y se mantuvo hasta que el público lector decidió darle la espalda a la triste fantasía y conformarse con la triste realidad.

Prefiero dejarme de depresivas frases para la posteridad. No tengo ganas de volver a buscar una cita de Bradbury que demuestre una vez más su grandeza emotiva, su capacidad para agarrarnos por el gaznate y llevarnos por un viaje de lágrimas y alegrías, casi siempre efímeras. Prefiero acabar reproduciendo una de sus frases jocosas –también hay mucho humor en su obra, como corresponde a un autor inteligente-, que desde hoy adopto como lema oficial de vida:
“Nunca le hago caso a nadie que critique mi afición por los viajes espaciales, las ferias de monstruos o los gorilas. Cuando alguien lo hace, recojo mis dinosaurios y me voy de la habitación”
¡Que curioso! Nació a finales de un verano y se ha ido empezando un nuevo verano. Ya sabéis, todo renace. Descanse en Paz.

domingo, 3 de junio de 2012

"DARK MATTER" De David Lloyd

Alborozado me abalancé hace unas semanas sobre la edición en castellano de “Materia Oscura”, tenebroso recopilatorio que reúne el trabajo durante décadas de David Lloyd y bellamente publicada por 001 Ediciones. Este ínclito “free-lance” de las viñetas británicas lleva desde sus años mozos, allá por las postrimerías de los setenta, dando el callo con sus lápices y tintas aunque todos le conocemos –y le estaremos siempre agradecidos- por ser el ilustrador de “V De Vendetta” la mítica obra de Alan Moore. Por eso es motivo de regocijo tener la oportunidad de echar un vistazo a su trabajo en el campo del relato corto, concretamente corto y de corte siniestro, añadiéndole para más interés una pequeña intro a cada historieta en la que nos cuenta las circunstancias de su creación y publicación. Y sí, como el mismo reconoce en el prólogo, “Era de lo más obvio que no estaba hecho para dibujar gente alegre y sonriente”.
Lo genial de este batiburrillo de historias de terror, sci-fi y suspense es la variedad de estilos narrativos según las épocas que vivió Lloyd y la ficción de género que imperara en los distintos y alejados periodos en los que trabajó. Desde los vampiros y demonios estilo EC de las primeras y más ingenuas historias –divertidísima “Arpía” con una vampira enamorada que quiere llevar al huerto a su marido en vida y algo más floja “El Oro de los Demonios”, una pieza clásica de invocaciones infernales que salen rana-, pasamos poco a poco a un tipo de relato de implicaciones psicológicas mucho más profundas y en el que su experimentación formal en el campo ilustrativo se muestra mucho más trabajada.

Especialmente estupenda es la historia de ambiente victoriano “El Hombre de la Niebla”, que según cuenta Lloyd descubrió años después con gran vergüenza que se parecía excesivamente a un viejo relato del maestro Algernon Blackwood, un pequeño plagio no intencionado. De todas formas a mi me recuerda también mucho al típico cuento macabro de Conan Doyle, con su estilo seco, poco complaciente y coronado con un giro de ingenio que deja el cuerpo en un delicioso estado de mal rollo. Mientras que “Diario de un Viajero Espacial” es el comienzo abortado de una posible serie de ciencia-ficción metafísica, tan en boga por la época del comic ochentero en que fue publicada. La historia no desentonaría en un libro de Philip K. Dick o incluso de Lem, pero también nos sirve para disfrutar de un David Lloyd cuyo virtuosismo con el carboncillo va ganando unos enteros cada vez más espectaculares y demostrándose que entre los pocos dibujantes realmente personales –de esos que solo con echar un vistazo a una de sus páginas ya sabemos identificarlo-, el británico debe ocupar sin duda un puesto de honor.

Tengo que destacar algunas historias más. La soberbia “La Gran Muerte”, cuenta con guión de mi admirado Peter Milligan –ese hombre que cuando se dedica a sus proyectos personales o de toque “Vértigo” brilla tanto como Morrison, pero que cuando se dedica a los superhéroes la caga estrepitosamente-, y en este relato crean juntos  una atmósfera de fin del mundo más basada en la autodestrucción que en los apocalipsis y que es deprimente como ella sola. Las sombras de Lloyd están por supuesto a la altura del reto, siendo como es el dibujante que nos sobrecogió con la distopía inglesa llena de claroscuros por la que se movía V. Igualmente negra es la extraña historia de fantasmas “En su Lugar”, que adapta con gran maestría un cuento de su compatriota Ramsey Campbell. Y en el que, como es habitual en la obra de este interesante autor de horror moderno, la cotidianía más plácida y vulgar se puede romper con una pequeña fisura en la realidad. En este caso una especie de edificio fantasma que se aparece ante la morada de una aburrida ama de casa que recoge piedras para su jardín. Impresionantes los rostros de los personajes, que en estas viñetas cuentan la historia a través de unas miradas llenas de matices y significados ocultos.

Aunque siguiendo con los cuentos de fantasmas melancólicos, imprescindible el hermoso y terrible a la vez “Recordando a Rene”, escrito por otro gran artista vinculado al señor Moore, Stephen Bissette. Una historia corta, sencilla y en la que la casi inexistente trama se va punteando ella sola a base de detalles en cada plano –que hay que seguir poco a poco con atención, hasta llegar a la inevitable explicación final- y en la que queda claro que, a veces, menos es más. El relato “Una Impresión Duradera” es otra de las joyas de este libro, con una historia que no desentonaría para nada en aquellos espeluznantes comics de la EC, que antes ya mencionamos –a pesar de ser un tebeo realizado ya a primeros de los noventa-, pero por supuesto con toda la maestría del que ya llevaba tiempo curtiéndose en su trabajo. La historia de un cruel asesinato con otro giro final que, no por tópico, deja de ser efectivo. Y menos ante el despliegue de narrativa implacable y símbolos –como el del busto del asesino- que consiguen hacerla atemporal.
En definitiva un tomo especialmente dedicado para esquizofrénicos como yo que igualmente disfrutan con una historia de terror pasada de moda, con un relato de surrealismo macabro o de vanguardia terrorífica. Si a eso le añadimos el arte de un dibujante siempre ajeno a modas o a escuelas temáticas dentro del cómic, poseyendo en cambio una poderosa narrativa personal, pues miel sobre hojuelas.

miércoles, 30 de mayo de 2012

CRÓNICA FALSAMENTE BREVE Y ALTAMENTE ABSURDA DE LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2012


Absurda  por varias razones. La primera porque no soy periodista –por lo que la impresión será subjetiva y se(s)gada con una guadaña, la segunda que esta es solo la segunda o tercera vez que asisto a tan magno evento –y mis percepciones no tienen mucho con qué comparar-, y por último, pero no menos importante, mi absurdez vital me lleva a verlo todo de forma… pues así, absurda. Nadie me va a arrebatar, eso sí, la legitimidad de poder decir que estuve allí, que sobreviví a la experiencia y que os traigo el informe de combate para vuestro disfrute erótico-festivo. Como sabéis los tres que seguís esta errática bitácora, por estos lares la confusión y la psicodélia reinan a sus anchas. Así que si lo que buscáis es una crónica erudita, seria y fidedigna de lo que pasó en Madrid el fin de semana pasado (y de qué diablos va todo eso), seguid buscando.
Llego el viernes a la feria con mi hermano. Eran las 6:30 y el tiempo tiró pronto del sol al crepúsculo –horrible palabra- y de ahí al oscurecimiento. Oscura, como siempre, es la ubicación de cada cosa, porque aquello es tan jodidamente inmenso, que yo (acostumbrado a la feria del libro de Málaga con sus diez casetas y media) tiendo a perderme en lo inabarcable del asunto por mucho letrero o megafonía que inunde mis sentidos. He leído críticas a la organización de las firmas y eventos, y es verdad que la cosa es un poco caótica. Escritores de prestigio –como Eduardo Mendoza o Almudena Grandes- se veían hacinados en inquietantes zulos bajo su foto y enterrados bajo las hordas de miríadas de fanes en busca de firma, tertulia o consuelo espiritual. Como siempre, el contraste entre una primera línea de escritores con un letrero plastificado y colorido con su nombre (¡¡y a veces hasta su foto!!), se solapa bochornosamente con otros escritores –o ilustradores, que también había- coronados con un escueto folio escrito ¡¡A mano!! sobre su cabeza. Tanto autores como editores están al acecho cada vez que se te ocurre comentar algo sobre algún libro ubicado a escasos centímetros del público “Sí, tienes razón… yo soy el autor por cierto”, “¿Ah, sí? Pues si te interesa ese libro, este otro que tengo aquí…”, “Hola. Parece que te gusta la ciencia-ficción. Pues mira, este libro está muy…”, “¿Hace una firmita, ojazos?” y demás anzuelos lanzados a la desesperada en pos del interés del aburrido paseante.
"¡¡Ah, Baterbly!! ¡¡Ah, Humanidad!!"
El trayecto se veía amenizado –y amenazado- por personajes populares del Retiro madrileño (cartúlis, estatuas humanas y pedigüeños varios), que se mezclaban con mascotas de libros infantiles (setas gigantes, una elfa con alitas, una especie de aborto mutante de físico similar al de Humpty Dumpty…) y la verdad es que a veces era difícil distinguir a unos de otros. Aun más esquivando a los corredor@s  enfundad@s en sus mallas de “jogging” cimbreando por entre los asistentes, y algunos incluso  interesándose por alguna de las novedades expuestas y cubriendo las cubiertas –valga la redundancia- de gotas de sudor. Volviendo a las firmas, hubo algunos momentos realmente inquietantes. Uno de ellos fue ver a Boris Izaguirre compartiendo caseta con Fernando Schwartz.
"Ay, señor, señor..."
 A pesar de que ambos son escritores famosos gracias a sus apariciones televisivas, Izaguirre acumulaba entusiastas colas mientras que Schwartz permanecía contemplando el infinito con su afilada mirada y una caída de boca floja bastante espeluznante. Y lo peor de todo es que, más que firmar libros, la ocupación de Boris consistía más bien en posar de forma lánguida junto al panoli de turno en esas sesiones de “Ay, que me hago la foto con el famosete y la enseño luego”, que también sufrió Elsa Punset, otra “TV celebrity”. Pero si hay que buscar el momento más espectacular de la jornada en cuestiones de firmas, me tengo que quedar con una foto que hice emocionado y que, creo, vale más que mil palabras:
¡¡Gerónimo Stilton firma ejemplares de su obra!!
Ya habéis tomado aire después de esto, ¿No? Os entiendo, no todos los días se ve a un personaje propio de la isla del Dr. Moreau dedicando libros cual Arturo Pérez Reverte. Pero bueno, estas terroríficas interrupciones me estaban distrayendo de mis objetivos.
Lo primero y antes de nada había que buscar a Alberto López Aroca, que era uno de los principales motivos para asistir y el único que involucraba a un escritor al que quería conocer –luego, inesperadamente, hubo suerte y conocí algún otro-. En la caseta de Dibbuks/Ilarión, que es la editorial que ha reeditado su mítica novella –No, no se me ha ido la mano y he puesto una “l” de más. Es que es una novela corta- “Estudio en Esmeralda”. Esa cuasi-mítica reinvención de la primera novela de Holmes trasladando el argumento a un entorno futurista y de ciencia-ficción. Aroca, gracias a Chtulhu, es lo opuesto a la típica celebridad de culto autosuficiente y sobrada de sí misma, resultando ser un ente enrollado y con el que cualquier persona decente –y de cualquier tipo- querría pasar un rato charlando. Hablamos de Neil Gaiman, de sus comienzos en la autoedición, de Sergio Bleda, de los bolsilibros de Silver Kane, de sus propios títulos descatalogados (alguno le llevé para que me firmara) y me llenó de gozo al darme la bienvenida oficialmente a su Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete. Deseando estoy de ir allí a cumplimentar los votos o hacer los sacrificios humanos que hagan falta para ratificar el asunto. Otra cosa: sus dedicatorias son geniales. ¡Chapeau, maestro!
Aroca firmando libros. Foto miserablemente robada de Facebook.
 Aquel día acabamos en la infaltable caseta de “Estudio en Escarlata”, donde pillé la reedición del primer libro de… ¡¡¡Harry Stephen Keeler!!! Pensaba que ya se había suspendido la recuperación de tal joya, así que arramblé con ella y con las tres primeras novelas del ciclo de marte de Burroughs, felizmente recuperadas con ilustraciones y notas por los ínclitos muchachos de La Biblioteca del Laberinto, ¡Loor y gloria a ellos! Las compras, como es lógico, fueron copiosas en los dos días que dediqué a zascandilear por la feria. Las casetas se dividían, como siempre entre las de las librerías y las de las editoriales. La verdad es que, obviando la de “Estudio…” me motivaba mucho más inspeccionar las segundas, para darme cuenta por enésima vez de que cada vez hay más editoriales pequeñas y arriesgadas, que no paran de sacar material y, supongo, de venderlo. No parece que haya crisis para este sector, porque las publicaciones raras se multiplican como cucarachas al calor. Eso es bueno. En cuanto a las consagradas… por supuesto Valdemar sigue siendo estéticamente la mejor caseta de la feria, y además presentaban una nueva entrega de su sello dedicado al western, entre las góticas novedades de rigor:

Por supuesto la de Planeta de Agostini, que ocupaba cuatro o cinco casetas, fue ignorada por mi mismidad, así como la de Vips. Esta última añadía, para más oprobio, vendedores con el uniforme –gorra incluida- de esta franquicia de restaurantes que, dependiendo del establecimiento, pueden vender también algunos libros chorras. Un espectáculo dantesco que confirma la categoría de fast-food de cierta literatura.
Siguiendo con las editoriales, en Jaguar piqué con el nuevo libro-ensayo del gran Carlos Díaz Maroto, en este caso un estudio sobre todas las apariciones en cine y televisión de Superman y Batman. ¡Ah! Y espectacular la caseta de los postmodernos y actualísimos Alpha Decay. Fue un shock comprobar que los tópicos a veces son reales, al ver que el chico y la chica que atendían el chiringuito –ambos, por supuesto, editores de …Decay- lucían unas inevitables… ¡¡Gafas de pasta!! En cualquier caso me agencié con su versión de “La Llamada de Cthluhu” en traducción de Javier Calvo, y les di la enhorabuena y las gracias por publicar “House Of Leaves” el año que viene. La chica de las gafas de pasta –muy agradable y simpática, por cierto- me dijo que ella se encargaría de la maquetación de dicha obra. ¡Glubs! Le dije que valor y al toro.
Un ejemplo de lo bien que se lo van a pasar los chavales de Alpha Decay maquetando "House Of Leaves"
En general la jornada mañanera del domingo fue, además de más calurosa -¡Gracias, caña de cerveza!-, mucho más concurrida. Ingentes cantidades de piquetes en busca de la firma de los sudorosos escritores se desparramaban entre los escasos huecos entre caseta y caseta, pudiendo provocar más de un caso de insolación o combustión espontánea; además del peligro de las casetas de corte juvenil-infantil-comiquero. Algunas de las cuales –como la de la tienda “El Coleccionista”, de Lavapies- me hubiera encantado examinarla con más detalle, pero me estaba entrando sarpullido con tanto niño vociferante y padres en busca de algo con colorines para que el crío en cuestión se callara; algunos de esos esforzados progenitores incluso se clavaban delante de los expositores portando un cochecito infantil que bloqueaba tu paso, y dentro del cual gritaba otra banshee clamando venganza. Tras volver a saludar al señor Aroca, mis oídos –ya para entonces bastante castigados con tanto escándalo y megafonía de los veinte duros- creyeron oír el nombre de Juan Jacinto Muñoz. ¡Vaya! ¿Rengel? Uno de mis autores favoritos firmando a escasos metros y yo ni me había enterado de su asistencia. Total, que fui corriendo a la caseta en cuestión (la 55), cuando me di cuenta de que me encontraba concretamente en la 268 o así, por lo que lo de “escasos metros” había sido algo precipitado. En fin, tras otra caminata de casi veinte minutos bajo el sol de justicia y a través de la ingente fauna del Retiro, me presenté y charlé un rato con el susodicho JJM. Conocía mi blog porque había enlazado en facebook la reseña que escribí sobre su “Asesino Hipocondríaco”, así que hablamos de steampunk, engranajes, golems y todos esos gustos que tenemos en común. Una experiencia muy buena y otro escritor muy majo. Aunque tuviera que comprarme otra vez su libro para que me lo dedicara, lo hice con sumo gusto.
Por cierto que me dijo el señor Rengel que esta maravilla está complicada de conseguir. Pedidla si podéis o abalanzaos sobre ella si tenéis la fortuna de toparos con un ejemplar. Estamos ante uno de los mejores libros de relatos de las últimas décadas.
¿A quién más avisté por ahí? A Andres Neumann, que debió hacer un hueco en su apretada agenda para asistir a unas firmas con colas también bastante pobladas. Supongo que eso significa que este mes solo publicará ciento cincuenta libros, en lugar de los doscientos habituales. A Guillermo Fesser y a Manolo Gutierrez Aragón, volviendo a sus instintos novelísticos, dado que el cine español cada vez está peor. En el caso de Aragón me resultó complicado reprimirme de lanzarle un grito en plan: “¡Vaya coñazo de películas hiciste con el mejor libro de la historia!” Pero decidí dejar que siguiera siendo Fernando Arrabal el defensor oficial a ostias de Cervantes. También vi un par de veces a Paul Preston, que firmaba al lado de Rengel. Y me subió la lubricidad cuando creí atisbar a Camilla Lackberg en una caseta, pero al más puro estilo Adolfo Becquer resultó ser solo un poster. Y había las clásicas casetas en las que te podías llevar reproducciones facsímiles originales del “Quijote” o del “Beato de Liébana” al módico precio de quinientos euros o por ahí. Había casetas dedicadas a libros de música, de ajedrez y también de temática homosexual, en cuyo stand observé un libro-ensayo sobre política con el poético título de “Por el Culo”.
La verdad es que a la una del mediodía y cargando con la maleta –que cada vez pesaba más gracias a la cultura- yo estaba ya un poco hasta las narices de tanto libro y decidí despedirme hasta el año que viene. Porque a pesar de la crisis, los e-books, la mala organización, los escritores durmiéndose mientras firman, las mascotas grotescas y las hordas de fans inabarcables, esto sigue siendo una cita obligada. Además, siempre me quedará el haber conseguido firmas para algunos de mis libros de cabecera, además de las compras con un descuento del 10% y sin olvidar la visión casi divina de este jodido ratón firmando libros.
Y además fetichista, como buen literato.