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martes, 23 de diciembre de 2014

LIBROS IMAGINARIOS (Que deberían existir y ser publicados a la voz de YA)



Llegan las fiestas. Aparecen los turrones, los terrones (de azúcar) y los copones (de nieve… y de alcohol); y también llega la hora de decidir entre la marabunta editorial que enriquece el modus vivendi consumista del buen –o mal- lector. En lugar de la típica lista de recomendaciones o de la glosa a los mejores libros devorados este año que se acaba, voy a elaborar un inventario de libros que no existen y que deberían existir. Pero nada de los libros imaginarios que elaboran en sus brillantes mentes los editores de Jekyll y Jill (como ese que comentaron que recopilaría fotos de actores porno daneses de los años sesenta y sus efigies en la actualidad), sino ediciones plausibles, deseadas, con traductores idóneos y totalmente publicables. Por supuesto es un homenaje a algunas de mis editoriales favoritas, a las que también aprovecho para dar ideas para regalos (¡es navidad!). Coged el bloc de notas y vamos allá:

CUENTOS DE POE Ilustrados por Berni Wrightson (Traducción de Jose María Nebreda. Editado por Libros del Zorro Rojo)

Solo los ocho cuentos de Edgar Allan que ilustró el señor Wrightson, en una nueva traducción del gótico Jose Maria Nebreda y, por supuesto, con reproducciones a todo color de estas joyas del arte acompañando cada texto. Incluye prólogo del traductor y las obras, que son “Un descenso al Maëlstrom”, “El Pozo y el Péndulo”, “La Máscara de la Muerte Roja”, “El Barril de Amontillado”, “Los Crímenes de la Calle Morgue”, “El Gato Negro”, “El Entierro Prematuro” y “El Corazón Delator”. Los chicos de Libros Del Zorro Rojo ya han sacado alguna obra de Poe, pero con este volumen (a tamaño enorme, por supuesto) se coronarían.

MOONCHILD Y OTRAS HISTORIAS DE SIMON IFF (Edición de Javier Calvo para Valdemar Gótica)


El detective de lo oculto creado por nuestro mago, filósofo y crápula preferido, Mr. Crowley, requiere de una edición en condiciones vía los negros libros de Valdemar. Javier Calvo se ocuparía de prologar y verter al castellano la psicodélica novela “Moonchild” y como complemento, y ya que nos ponemos, el resto de cuentos cortos protagonizados por este ocultista con bombín. Un tomazo de fantasmas, magia negra y satanismo para nuestro uso y disfrute.

SALAMBÓ, De Gustave Flaubert. (Edición de Mauro Armiño para Valdemar Clásicos)

Mucha gente sueña con encontrar el amor de su vida, con un aumento de sueldo o la posibilidad de dejar huella en la historia. Yo sueño con un tomaco de Valdemar clásicos de la obra más fenicia, gore y destroyer del gran Gustavito. Por supuesto con traducción, introducción y notas del gran Mauro Armiño (que ya le ha metido mano a “Madame Bovary” y a “La Educación Sentimental”) y a la que tampoco le haría mal la inclusión de algunos cuadros clásicos ambientados en Cartago a modo de ilustración. Tengo un hueco en la estantería preparado para esto desde hace extraños eones.

SAGA FANDORIN COMPLETA De Boris Akunin (Edición de Nevsky Prospects)

Ya esta faltando que la editorial más rusa de las que publican en castellano nos deleite con uno de los huecos más vergonzosos de las ediciones en spagnolo: la divertidísima saga del espía y detective Erast Fandorin en su totalidad. Trece novelas, nada menos, y en total uno de los más brillantes homenajes modernos a la literatura de género. Salamandra editó aquí solo las cuatro primeras (y yo he leído unas cuantas más en inglés), pero… esta imaginaria edición podría ser, además de completa, definitiva. Recopilando varios libros en una serie de tochos a doble columna e ilustraciones “pulperas” podría salir algo más majo que las pesetas. Pero esta vez no seré tiquismiquis ni con traductor, formato, ilustraciones… ¡Como sea! Pero sacad esto ya, maldición.

“THE SEVEN ADDICTIONS AND FIVE PROFESSIONS OF ANITA BERBER” (Edición de ES POP)


Uno de los interesantísimos lanzamientos de la mítica (y yanky) Feral House, la biografía –profusamente ilustrada-, de Anita Berber: Musa de la Weimar (actriz, poetisa, bailarina, dramaturga…), agitadora de la Alemania de los años 20 y una juerga continua que gustaba de aparecer en los saraos desnuda, con un sable colgando y la cocaína siempre a mano. Siendo este un tomo biográfico, decadente, relacionado con una estrella “vintage”, y lleno de fotografías que lucirían estupendamente en una edición grande y de tapa dura, asigno este libro a los señores de Es Pop para que nos deleiten con su edición en castellano. Ea. La sacerdotisa de la depravación no merece menos.


“MARDI” De Herman Melville (Traducción de Francisco Torres Oliver y publicada por Alba).


Los chicos de Alba han sacado TODO el canon marítimo de Melville (excepto “Taipi”, que ya la publicó Valdemar no hace tanto, y “Billy Budd”, que van a publicar en breve), pero les queda nada menos que “Moby Dick”, la cual entiendo que no tengan prisa en sacar dado que hay ediciones nuevas casi cada mes, y este “Mardi”. Lo que me da más morbo de todo esto es que “Mardi” fue la primera obra experimental del gran Herman Por tanto antecedente de la gran ballena-, la  primera que se estrelló entre sus lectores (obligándole a escribir “Redburn” y “Chaqueta Blanca”, de las que él mismo renegó por considerarlas alimenticias) y, lo más importante, JAMÁS se ha traducido al castellano. Teniendo en cuenta que Francisco Torres Oliver (ese semidiós) ya ha traducido un par de libros marítimos para Alba… chicos, no sé a qué estáis esperando.


CUENTOS COMPLETOS de Robert Aickman (Traducción de Oscar Mariscal para Atalanta).


Pues sí, uno barre para casa cuando puede. Robert Aickman es uno de los autores más tristemente desconocidos en este país, y solo poseemos una antología de Atalanta en castellano. Perfeccionamiento contemporáneo del horror y el “weird” clásicos, una prosa estilista casi inimitable (aunque gente como Neal Gaiman lo han intentado) y la friolera de más de 30 cuentos aun inéditos en nuestro idioma, me llevan a exigir al conde Siruela (que es el único aristócrata que admiro, aparte de a Drácula) que termine lo que ha empezado. Que se saque de la manga una edición completita de los cuentos de Aickman tan chula como la que publicó Tartarus Press, y si puede ser que Oscar Mariscal, traductor supremo de cosas inéditas de los más grandes, se ocupe de la edición… bueno, ¿tengo que decir donde tenéis un comprador seguro? Ya puede valer de 70 para arriba, no importa.

“LOS ARCHIVOS E.C.” (Ediciones tochales a cargo de Diábolo Ediciones)


Porque una navidad sin tebeos viejos de terror ni es navidad ni es nada. Tengo el canon íntegro de E.C. cómics –ese monumento imprescindible de la historia de los cómics, en el que se han mirado décadas de artistas de todo medio desde su publicación- en las mini-bibliotecas “Grandes del cómic” que editó Planeta allá por primeros de década. En formato pequeño, blanco y negro… muy bien recopiladas y completitas, eso sí es verdad. Pero cualquier persona de bien sabe que las ediciones “Archives” de los Usa, con su formato gigante, su tapa dura y, lo principal, las historias a todo color son TOO MUCH! Chicos de Diábolo que estáis en los cielos de la excelente edición de clásicos comiqueros en castellano, verted este material al spanish y os ganaréis un lugar de oro en el olimpo de las glorias editoriales patrias.

CORRESPONDENCIA ENTRE HERMAN MELVILLE Y NATHANIEL HAWTHORNE (Edición de Acantilado)


Porque los caligramas romanticones que escribió Apollinaire a su musa mientras estuvo en la Gran Guerra están más que bien, pero Acantilado debería efectuar una labor detectivesco-epistolar y desenterrar las movidas filosóficas y literarias que pudieron bullir entre estos dos genios de las letras de los Estados Unidos. Los que podían hablar entre ellos de “American Gothic” antes de que ese término se aplicara  a otra cosa, tuvieron una relación tensa y tirante que queda para la historia. Vecinos campestres y colegas de pluma, intercambiaron cervezas en el porche, poemas y tiranteces ideológicas que seguro que en sus cartas darían para un tomo bastante cuco. No olvidemos incluir la famosa carta de la señora Hawthorne en la que se quejaba del “amigo rarito” ese que venía a dar por saco casi a diario con sus historias negrunas de fantasmas marinos y ballenas con mala leche. Un tomo imprescindible para cumplimentar el solaz literario y las ansias de cotilleo a partes iguales.


THE MOON AND SERPENT BUMPER BOOK OF MAGIC De Alan Moore y Steve Moore (Editado por La Felguera)


Se me ocurren al menos seis o siete libros que La Felguera podría editar, pero tengo que quedarme con el quizás más imposible y a la vez deseado de esta lista. Steve Moore, el amigo del gran Alan, falleció a primeros de año y no sabemos en que estado se encontraba esta ilusionante obra en la que trabajaban juntos desde hacía siglos. Una mezcla de guía práctica de la magia, aderezada con divertidos pensamientos filosóficos a pachas y una biografía de todos los personajes que han hecho historia en el ocultismo. El señor Moore debería publicar el proyecto, aunque este inacabado, como tributo a su gran amigo y no menos importante figura histórica de las viñetas y la contracultura inglesas. Si alguna vez tal milagro ocurriere, sé que vosotros, Felguera boys and girls, estaréis a la altura del evento.

Y esto es todo por ahora. El año que viene podría incluir otra wish list con el resto de mis editoriales de cabecera (por si acaso iros preparando: Barsoom, Impedimenta, Satori, Tyranosaurus Books, Jekyll y Jill, Capitán Swing, Fata Libelli, Gigamesh, Caja Negra, La Biblioteca del Laberinto, T&B, Ginger Ape, Sexto piso... y fijo que me dejo unas cuantas más), porque sigue habiendo cientos de libros que están faltando en el supuestamente sobresaturado mercado editorial español. Todas las editoriales independientes (e incluso alguna de las “dependientes”) hacéis una labor importantísima. Que el gran Rafael Díaz Santander resumió en una sola frase: “Gracias a esto todavía tengo algo que leer”.

Ah. Y hablando de editoriales independientes... tengo un anuncio que hacer a primeros de año. Permanezcan atentos a sus pantallas blogueras. 

martes, 21 de octubre de 2014

LAURIE LIPTON - El "Weird" hecho arte

¿Habéis visto que chulada de nueva cabecera tiene esta caverna de moho, manuscritos inacabados y otras cosas insalubres? Bueno, dicen que es de bien nacidos... blah blah -me ahogan las frases tópicas, como al personaje de aquel cuento de Matheson- así que os presento, por si no teníais conocimiento de su existencia, a la turbia señorita autora de una imagen tan "wolfville" como la que ahora preside el blog: se trata de la artista americana Laurie Lipton. Una bizarra mezcla de clasicismo fotográfico, grabado en témpera, líneas imposibles y vanguardismo del horror ilustran una mezcolanza que es puro arte oscuro, con su profusión de calaveras, seres deformes, surrealismo gótico y horror moderno (esos engranajes, esos cachivaches de grabación, esos cables que no se sabe qué conectan...). ¿Una Diane Arbus con lápiz y tinta? No es una mala comparación. Insania, bebés malignos, bebés martirizados, confusión sexual, miembros con voluntad propia, victorianismo absurdo, sangre, ojos que te miran fijamente...Too much. Así que, volviendo a lo de los agradecimientos, aquí una bonita galería de su obra -Pinchen, amplien, flipen- y una invitación a visitar su web.













viernes, 28 de junio de 2013

RICHARD MATHESON O LA UNIFICACIÓN DEL TODO (1926-2013)



Es curioso eso de las matemáticas del caos, la bizarra ciencia que intenta establecer patrones simétricos entre eventos disconexos y aleatorios, hasta encontrar una especie de unidad natural en cosas tan ajenas como el movimiento prensil de nuestros pulgares hasta el vagar de las galaxias por el universo. Richard Matheson sabía mucho de ciencia extraña o, aun mejor, se la inventaba. Él mismo dijo que todo el batiburrillo de pseudo-academicismo que encontramos en “El Increible Hombre Menguante” no eran más que tonterías sin sentido. 

Sin embargo, un verdadero creador es el que consigue hacernos verosímil a los legos conceptos marcianos como el de la posibilidad neutrónica y cuántica de que un hombre pueda reducirse al tamaño de un átomo. Para ello comenzó a escribir la historia de este ser genial pero que decide experimentar consigo mismo, y desarrolló el proceso de forma tan creíble que cualquiera de nosotros, que ni somos científicos y además nos seguimos durmiendo ante cualquier tabla de números, podríamos creer que tan estrambótica transformación era posible. Y un verdadero creador –y un contador de historias nato- es también el que, como le pasó a Matheson, se da cuenta de que el planteamiento de su novela (sigo hablando de “El Increible Hombre Menguante”) tiene un comienzo más lento y árido, debido a esa explicación científica que lleva a Scott Carey a poner en marcha su experimento. Así que Matheson decide comenzar la historia “in medias res”, con Carey ya reducido y enfrentándose a todos los peligros cotidianos que esconde su antes apacible sótano. De ahí, en sucesivos y –por ende- cada vez más interesantes “flashbacks” llegamos poco a poco a entender como este hombre ha podido acabar siendo perseguido por su ahora gigantesco gato, entre otras muestras terroríficas de cotidianeidad. A esto se le llama ser un narrador de altura.

"Legend Of Hellhouse" (1973)
Yo mismo confieso que en mi adolescencia sufrí en mis carnes eso de la “matemática del caos” gracias a Richard Matheson, porque de repente comencé a darme cuenta de que casi todo estaba unido a él y a su prosa memorable. Mis primeros escarceos con el maestro fueron todos cinematográficos, empezando por la genial “Leyenda de la Mansión del Infierno” -que yo vi antes que “The Haunting”, así que sigo prefiriendo la incursión “mathesiana” en las casas encantadas, pese a que la obra maestra de Shirley Harrison y Robert Wise estaba primero-, posteriormente leí el libro y me di cuenta de que la película no tenía nada que envidiar a la obra original, pues era tremendamente fiel y algunas cosas incluso funcionaban mejor en el film gracias a una mayor capacidad de sugerencia. Pero claro… el guion de la película también era de Matheson, así que todo quedaba en casa. Descubrí la película en un “revival” noventero de “Mis Terrores Favoritos”, el ciclo que programaba el nunca lo suficientemente reivindicado Narciso Ibañez Serrador. Y de hecho su introducción al film fue sin duda mi primer acercamiento a la figura de ese oscuro escritor y guionista que parecía haber metido mano en tantas cosas. Porque esto solo fue el principio.

 
De buenas a primeras todo parecía estar conectado –como en la teoría del caos-: ¿Ese peliculón –o telefilmón- de Spielberg del que no había oído hablar en mi vida sobre un camión asesino que persigue a un hombre corriente también estaba basado en un cuento de Matheson? (este lo descubrí en el programa de José Luis Garci, ese hombre…) Y ya escarbando me encontraba con sincronías a cada momento. Espera… ¿El mejor relato de la versión cinematográfica de “Twilight Zone”, ese del avión, el pasajero nervioso y el monstruo en el ala también es suyo? Y ya que estábamos… ¿Tantas y tantas historia de la original “Dimensión Desconocida” que yo devoraba en las autonómicas desde los doce años o así, también eran de su propia pluma o adaptaban relatos suyos? Y también descubría hace poco que los monólogos de Rod Serling al principio y al final de cada episodio también eran suyos. Y eso que, en mi opinión, Serling era un buenísimo escritor. En fin, el mundo se empequeñecía. De repente todas las historias que me emocionaban, todas las películas, series, historias cortas, libros… de hecho todo el género fantástico en sí, parecía un parque temático expresamente construido para que Matheson se divirtiera con él. O aun mejor, un parque levantado por él a golpe de máquina de escribir y con unas puertas llenas de telarañas que se nos abrían a nosotros, expectantes mortales y buscadores de emociones fuertes, para que comenzáramos el viaje de nuestras vidas.

Barbara Steele en "El Péndulo de la Muerte" (1961)
Pero un momento… ¿Las películas de Roger Corman sobre Poe también? Eso si que no lo vi venir. Resulta que los guiones de aquellas gloriosas películas de maravillosa serie B que también formaron parte de mi infancia eran suyos. ¡Y qué forma de adaptar lo inadaptable! Matheson agarró unos cuentos que a veces apenas tenían argumento –debido al desarrollo onírico-poético del estilo de Poe- y los travistió en melodramones góticos llenos de horror, diversión y suspense a prueba de bomba. Y encima respetando los toques psicológicos y malsanos que ya se encontraban en las “Narraciones Extraordinarias”, enriqueciéndolos con pura trama envenenada y un sanísimo espíritu “pulp”, todo ello personificado por la presencia y manierismos de Vincent Price. También metió mano al mundo de Dennis Wheatley en la adaptación de la Hammer de “The Devil Rides Out”. Y ya volviendo a la televisión su aportación no se queda solo en “Twilight Zone” –con la que ya se podría haber retirado por la puerta grande- sino que también escribió uno de los episodios más recordados de la serie clásica de “Star Trek”, “El Enemigo Interior”, que deja a las claras la obsesión de Gene Roddenberry por seleccionar solo a los mejores escritores de ciencia-ficción de la época para las aventuras de Kirk y Spock, ya que otros escribas al mando del Enterprise fueron Harlan Ellison, Robert Bloch o Theodore Sturgeon. ¿Y que decir de “Kolchack, The Night Stalker”? Las aventuras de este periodista devenido en detective psíquico comenzaron su andadura televisiva de la mano de dos telefilms escritos por Matheson y después dieron lugar a una serie genial que solo duró una temporada. El primero de los films, el vampírico “The Night Stalker”, acaba de ser recuperado recientemente en DVD con un título estúpido –lo vi el otro día en la Fnac y, honestamente, ni recuerdo que nombre le habían puesto-, pero para mi el mejor es el segundo “The Night Strangler” en el que Matheson ya no adaptaba una historia ajena y pisa el motor del acelerador con una historia llena de originalidad y terror puro.

Tenía que haber más, así que conociendo la faceta como escritor de prosa de Matheson –la primera y más importante-, seguí explorando hasta conseguir leerme mi primera novela suya. Rebusqué por todas las librerías de mi ciudad hasta toparme con “Soy Leyenda” y creo que estaréis de acuerdo en que no pude empezar mejor. El angustioso relato de la guerra privada de Robert Neville contra unos vampiros post-nucleares era una metáfora de cientos de emociones que cualquiera puede experimentar a diario: el aislamiento, la lucha inútil, el miedo a lo diferente, el miedo a ser diferente... todo con una narrativa implacable que es el punto intermedio perfecto entre la ciencia-ficción clásica y el horror moderno, sin aditivos ni concesiones. Uno puede llegar a vivir encerrado en ese libro, igual que Neville en su casa. Por cierto que Matheson también adaptó esta joya para el cine, en la estupenda “El Último Hombre Sobre la Tierra” curiosamente también con Vincent Price en el papel principal. Las otras dos adaptaciones son bastante olvidables, desde la, a pesar de todo casposa y entrañable “Omega Man”, hasta la espantosa horrendez homónima con Will Smith, o como pervertir de forma absurda y conservadora una idea revolucionaria, a pesar de que estamos comparando un libro de 1954 y una superproducción de 2007. Sus cuentos también merecen un trono en la historia del terror y la sci-fi más perdurables, pero el espacio ya se me esta acabando (cuando hablo de Matheson meto la directa y se me va el santo al cielo), así que comentaré brevemente sus dos grandes recopilaciones que aun pueden ser encontradas en castellano: el monumental “Pesadilla a 20.000 pies y otros relatos insólitos y terroríficos” que es prácticamente la biblia de su narrativa breve. A pesar de faltar algún cuento mítico –como el imprescindible “Nacido de Hombre y de Mujer”-, la selección que encontramos aquí es de aupa, incluyendo relatos clásicos y más modernos del maestro. No falta por supuesto el que le da título –que es la desasosegante historia antes mencionada del ala de avión ocupada-, ni incursiones en el vampirismo de tipo psíquico  “Vestido de Seda Blanco”, una obra de arte que pone los pelos de punta- o el relato fantasmal –“La Casa Slaughter”, pieza de corte en principio clásico y que deviene postmoderna con su espeluznante desarrollo-, además de muchas otras obritas en las que prima el espanto mezclado con el humor y algunas notas sociales que no suelen faltar en sus escritos. De todo ello también encontramos cumplida representación en su otra antología capital en castellano y de la que ya os hablé por aqui: “Las Playas del Espacio”.

William Shatner en la adaptación de "Nightmare at 20.000 Feet" en "Dimensión Desconocida" (1963)
En fin, me da rabia recordar esto ahora que Matheson nos ha dejado esta semana, pero hace un año también se marchó Ray Bradbury y en el correspondiente homenaje hice un desafortunado comentario sobre que por desgracia Matheson también estaba ya muy mayor. Y justo un año después ocurre… Bueno. ¿Vale la pena ahondar en el asunto más allá de un Descanse en Paz? Sigue habiendo gran cantidad de obras de Matheson por leer, películas por ver y maravillas por descubrir gracias a su fecundidad. “Nada acaba nunca…” como decía Ozymandias. Así que yo me dedicaré a seguir explorando su ingente legado –intentando unificar ese “corpus” inabarcable cuyas infinitas ondas concéntricas comencé a atisbar cuando era un adolescente-; Y mientras tanto, él probablemente se dedicará a dar paseos junto a Bradbury, allá donde estén, y hablarán sobre la vida, la muerte, el espacio, la belleza, el miedo y la tristeza de la fantasía. Y de como todo esta conectado.

jueves, 7 de junio de 2012

TRISTEZA Y FANTASÍA (1920 -2012)

“Algunas personas entristecen cuando son terriblemente jóvenes. Al parecer sin una razón especial, casi como si les viniera de nacimiento. Se hacen heridas más fácilmente, se cansan antes, lloran más rápido que otros, recuerdan durante más tiempo y, como digo, se vuelven tristes más jóvenes que nadie en el mundo. Lo sé, porque yo soy uno de ellos”
Ray Bradbury. “El Vino del Estío”
No sé si esta cita es realmente adecuada para abrir este humilde homenaje a ese gran maestro de las letras, que nos dejó ayer tras una vida plena de obras de arte en forma de relato, prodigios con disfraz de novela y sapiencia camuflada como ensayos desenfadados. No sé si Bradbury fue realmente uno de esos niños tristes que supo retratar tan bien, como el Douglas Spaulding de este “…Vino del Estío” –un libro imprescindible que no cuenta con la fama de sus “libros mayores”-, y no sé tampoco si yo llegue a encajar alguna vez en esa categoría de niño melancólico. Disfruté como un enano de mi infancia, aunque también me asaltaron muchos ecos oscuros y tristes. Por ejemplo cuando leía a Ray Bradbury y descubría que el mundo era hermoso pero feroz y tan luminoso como trágico. En esa descarada nebulosa de invenciones teatrales que suele ser nuestra memoria de lo que realmente ocurrió en nuestra niñez, quizás sea presuntuoso por mi parte pretender evocar como me sentía en mi edad más temprana. Y como para evocar ese sentimiento –de forma pura, descarnada, bella y real- ya tenemos los libros del señor Bradbury, mejor me concentro en intentar describir como me siento hoy. Y desde luego hoy sí estoy triste.

Triste porque poco a poco la vieja guardia de la ciencia-ficción clásica se apaga. Ya solo queda Matheson y, ay, solo tiene seis años menos que Bradbury. Alguien que, como el viejo Ray, llega a vivir hasta los noventa y uno –parece que quisiera llegar a ver el futuro tan negro que pintó en sus “Crónicas Marcianas” o en “Farenheit 451”- dice mucho acerca de la alegría vital del creador. Si contemplamos sus últimas fotografías seguimos viendo esa sonrisa del que se lo pasa en grande desde sus años mozos, y es que a pesar del pesimismo del que a veces hacía gala de forma tan sobrecogedora, también es cierto que hay pocas obras que destilen más pasión, vitalidad y pura felicidad como la de Bradbury. Su infatigable proceso creativo quedaba bien a las claras en su –recomendadísimo, lectura de cabecera para mí- “Zen en el Arte de Escribir”. No tanto un manual de narrativa (aunque también), ni una lista de herramientas para el escritor novel (que sin embargo no debe dejar de tomar nota casi en cada página), sino una imprescindible guía para la existencia. Una declaración de amor hacia la lectura y la escritura que Bradbury, con su clásico tono sentimental pero sin concesiones, desgrana en unas páginas llenas de gozo y alegría de vivir. Y de escribir.
Sensaciones. De eso trata la obra del maestro. Y en mi opinión no era solo un autor de ciencia-ficción como rápidamente le etiquetaron, sino uno de los mejores escritores –que usaron la fantasía- del siglo XX. De leer al Bradbury “sci-fi” pasé al realista, incómodo y definitivamente variado en su paleta de “El Hombre Ilustrado” –otra joya de recopilación, a la altura de sus “marcianismos” y que el inútil de Zack Snyder lleva tiempo amenazando con llevar a la pantalla- y de ahí al melancólico y vanguardista de la mencionada “El Vino del Estío” o “La Feria de las Tinieblas”, que cuenta con alguno de los párrafos más hermosos de toda su producción. ¡Pero hay más! ¿Qué decir del Bradbury macabro? Ese que comenzó publicando sus pesadillas en forma de relato breve en la época de declive del “pulp”. El que haya leído su cuento “El Pequeño Asesino” dudo que lo olvide jamás, y para el que no lo haya hecho podéis encontrarlo en el recopilatorio “Maestros del Horror de Arkham House” editado por Valdemar. Porque sí, estamos hablando de alguien tan anciano que llegó a publicar en Arkham, la mítica casa en la que August Derleth recopiló tantas maravillas propias y ajenas. Alguien que vino de la eclosión del género, atravesó su época dorada y se mantuvo hasta que el público lector decidió darle la espalda a la triste fantasía y conformarse con la triste realidad.

Prefiero dejarme de depresivas frases para la posteridad. No tengo ganas de volver a buscar una cita de Bradbury que demuestre una vez más su grandeza emotiva, su capacidad para agarrarnos por el gaznate y llevarnos por un viaje de lágrimas y alegrías, casi siempre efímeras. Prefiero acabar reproduciendo una de sus frases jocosas –también hay mucho humor en su obra, como corresponde a un autor inteligente-, que desde hoy adopto como lema oficial de vida:
“Nunca le hago caso a nadie que critique mi afición por los viajes espaciales, las ferias de monstruos o los gorilas. Cuando alguien lo hace, recojo mis dinosaurios y me voy de la habitación”
¡Que curioso! Nació a finales de un verano y se ha ido empezando un nuevo verano. Ya sabéis, todo renace. Descanse en Paz.

miércoles, 11 de abril de 2012

“OBJETOS FRÁGILES” De Neil Gaiman

Volvemos a los guionistas británicos de comic y a sus pinitos literarios. Si bien las novelas de luminarias como Warren Ellis o Joe Casey son más bien anécdotas de una carrera enteramente dedicada a las viñetas, es notorio que Neil Gaiman hizo un (semi) retiro de los comics a mediados de los años 90 para volver sus miras a la literatura. Esta antología, posterior a la primeriza y recomendable “Humo y Espejos” (publicada en 1998) cubre el periodo 1995-2005 de Gaiman como cuentista y presenta por tanto el más reciente desarrollo de su técnica. Pero no solo de relatos cortos se nutre esta atractiva recopilación, sino que en sus más de cuatrocientas páginas encontramos poemas, letras de canciones, artículos ficticios, historias autobiográficas de dudosa credibilidad y textos de encargo para revistas, además de curiosos libretos de CD´s de música. Todo un caleidoscopio de distintos géneros, temas, estilos literarios y narrativos, que a pesar de cierta irregularidad –imposible que un libro con treinta y dos piezas, desperdigadas en varios años, sea uniforme en su calidad- se lee con agrado.


El esquema es similar al anterior “Humo y Espejos” en el que Gaiman también incluye, como aquí, una introducción que justifica el título de la antología, repasa de forma breve cada uno de los relatos y poemas, e inserta –de forma sorpresiva- un cuento oculto entre sus surcos que es el primero al que el lector accede. En este caso el autor británico justifica la nomenclatura “objetos frágiles” como una metáfora de cada cuento y lo que contienen. Fragilidad que Gaiman asocia a los sueños y a los propios corazones de sus personajes, para culminar en la idea de que esas cosas “frágiles”, como la existencia misma, o la propia literatura, son en realidad duras como una roca, pues ambas consiguen perdurar a lo largo de los siglos en una forma u otra. No creo yo que los cuentos de Gaiman aquí incluidos tengan tanta fuerza para perdurar como los de sus referentes (Robert Aickman, Richard Matheson, Harlan Ellison, etc…), pero desde luego el tomo otorga múltiples alegrías para fans de la narrativa fantástica y –sobre todo- para los seguidores de Mr. Neil.

"Corazón de Arlequín", uno de los relatos incluidos, tuvo versión comiquera.

Los cuentos dan saltos entre la literatura clásica y la narrativa contemporánea en una simbiosis que, si bien en “Sandman” no ofrecía fisura alguna, en formato corto puede dar lugar a obras de arte o a fallidos experimentos meta ficcionales. En la parte buena del uso de la meta ficción, hay que destacar dos cuentos que son verdaderamente excelentes. Uno es el divertidísimo ( y de largo título) “Las esposas prohibidas de los siervos sin rostro de la secreta morada de la noche”, que nos presenta a un escritor intentando escribir un relato “fantástico”. La gracia del asunto es que dicho escritor vive en un entorno absolutamente gótico, fantasmal y casi de novela de Walpole o Radcliffe –con puertas chirriantes, duelos a espada y apariciones incluidas-, por lo cual su tentativa de escribir fantasía pasa por escribir cuentos realistas. Una desternillante muestra del cambio de perspectiva que puede ofrecer la mejor literatura. El otro cuento a destacar en este sentido sería el pastiche de Sherlock Holmes “Estudio en Esmeralda”. Una joya sobre la que no comentaré más, dado que ya hablé de ella en otra parte de este blog (¿Ya queréis que os ponga el enlace? ¡Pinchad la etiqueta “Neil Gaiman”, holgazanes!).

En la cuota de ciencia-ficción destaca por méritos propios “Goliat”, una muestra de cómo puede extraerse una historia bastante decente de un entorno deprimente.
Si bien todos asistimos emocionados al primer visionado de “Matrix”, admito que las revisiones y sus dos espantosas secuelas me hicieron apearme del carro “ipso facto”. A Gaiman le pidieron un relato para incluir en la “web” de la película y escribió este cuento usando la atmósfera del film y alguno de sus elementos argumentales –las colmenas a las que viven conectados los humanos-, y realizando una historia breve que muestra como debería haber sido “Matrix” si le quitamos la acción estrambótica, el romance hollywoodiense y las chorradas filosóficas. Una fantasía divertida y oscura a la vez, que el mismo Phillip K. Dick hubiera disfrutado como un enano.

No obstante, cuando juega con los géneros Gaiman es también capaz de lo mejor (el atmosférico uso de lo “zombie” en “Amargo Despertar” o el demoníaco “Los Otros”) y de lo peor (el sosísimo y tópico cuento de fantasmas “Por la Senda del Recuerdo”), por lo que encuentro más valor en sus clásicas mezcolanzas y temas recurrentes. El autor brilla cuando se dedica a sus obsesiones y una de las que más cultiva es la de dar voz a entes no físicos –como ya hizo un par de veces en sus famosos cómics-, de la que aquí encontramos la reunión anual de los meses del año, cada uno contando una historia (y que evoca a aquella genial saga de “La Posada del Fin del Mundo”) o la maravillosa “Como hablar con las Chicas en las Fiestas”. Relato, este último, que conjuga suspense, emoción y fantasía en un entorno de inquietante realismo. En terreno propio juega también Gaiman con la novela corta que cierra el libro, “El Monarca de la Cañada”, en la que incluso recupera un personaje de su novela “American Gods”: el misterioso Sombra. Una peripecia de extraños rituales y profecías ambientada en un apropiado entorno escocés.

Mirad una esquina -solo una esquina- de la biblioteca que tiene Gaiman en su casa (bastardo suertudo).

Y ya en un terreno más “outre” –por no decir “friki”-, algunas de las piezas realizadas por encargo incluyen la descripción de una enfermedad falsa para el libro colectivo “The thackery t. lambshead pocket guide to eccentric and discredited diseases” –en el que también colaboraron algunos de sus ídolos, como Alan Moore y Michael Moorcock-, que en un giro genial, consiste en una enfermedad falsa que obliga a crear enfermedades falsas. Para más notas de excentricidad las historias casi “carverianas” de “Corazón de Arlequín” y “La Verdad Sobre el caso de la Desaparición de la Señorita Finch”. Ambas han tenido su correspondiente adaptación a comic y, en la segunda, aparecen como personajes el propio Gaiman y famosos amigos suyos como la guionista Jane Goldman. Por cierto que amenacé con un post sobre ella y pienso cumplir mi amenaza. Hablando de celebridades “extra-literarias” Gaiman también incluye un “set” de micro-relatos cada uno dedicado a un personaje del disco de Tori Amos “Strange Little Girls”, que aparecían unidos a una imagen de la cantante disfrazada como el personaje que tocara. Los mini-cuentos son abstractos y encantadores, pero desligados de la parte ilustrativa y musical, no dejan de ser piezas deslavazadas. Algo que ocurre con muchas partes de este libro, ahora que lo pienso.

Tori Amos, la mujer de las mil caras... o pelucas.

Sin embargo, como dije, la experiencia es positiva. Humor, terror, fantasía y ese toque especial de Gaiman para mirar los más extraños asuntos desde un punto de vista cercano y de cierto sentido de macabro “naif”. Siempre en busca de una extraña humanidad teñida de oscura melancolía. Con estos mimbres no es de extrañar que uno de los autores a los que está dedicado el libro sea Ray Bradbury en persona. Referente total en estas cuestiones.

Gaiman firmándole a su personaje Muerte.