miércoles, 30 de mayo de 2012

CRÓNICA FALSAMENTE BREVE Y ALTAMENTE ABSURDA DE LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2012


Absurda  por varias razones. La primera porque no soy periodista –por lo que la impresión será subjetiva y se(s)gada con una guadaña, la segunda que esta es solo la segunda o tercera vez que asisto a tan magno evento –y mis percepciones no tienen mucho con qué comparar-, y por último, pero no menos importante, mi absurdez vital me lleva a verlo todo de forma… pues así, absurda. Nadie me va a arrebatar, eso sí, la legitimidad de poder decir que estuve allí, que sobreviví a la experiencia y que os traigo el informe de combate para vuestro disfrute erótico-festivo. Como sabéis los tres que seguís esta errática bitácora, por estos lares la confusión y la psicodélia reinan a sus anchas. Así que si lo que buscáis es una crónica erudita, seria y fidedigna de lo que pasó en Madrid el fin de semana pasado (y de qué diablos va todo eso), seguid buscando.
Llego el viernes a la feria con mi hermano. Eran las 6:30 y el tiempo tiró pronto del sol al crepúsculo –horrible palabra- y de ahí al oscurecimiento. Oscura, como siempre, es la ubicación de cada cosa, porque aquello es tan jodidamente inmenso, que yo (acostumbrado a la feria del libro de Málaga con sus diez casetas y media) tiendo a perderme en lo inabarcable del asunto por mucho letrero o megafonía que inunde mis sentidos. He leído críticas a la organización de las firmas y eventos, y es verdad que la cosa es un poco caótica. Escritores de prestigio –como Eduardo Mendoza o Almudena Grandes- se veían hacinados en inquietantes zulos bajo su foto y enterrados bajo las hordas de miríadas de fanes en busca de firma, tertulia o consuelo espiritual. Como siempre, el contraste entre una primera línea de escritores con un letrero plastificado y colorido con su nombre (¡¡y a veces hasta su foto!!), se solapa bochornosamente con otros escritores –o ilustradores, que también había- coronados con un escueto folio escrito ¡¡A mano!! sobre su cabeza. Tanto autores como editores están al acecho cada vez que se te ocurre comentar algo sobre algún libro ubicado a escasos centímetros del público “Sí, tienes razón… yo soy el autor por cierto”, “¿Ah, sí? Pues si te interesa ese libro, este otro que tengo aquí…”, “Hola. Parece que te gusta la ciencia-ficción. Pues mira, este libro está muy…”, “¿Hace una firmita, ojazos?” y demás anzuelos lanzados a la desesperada en pos del interés del aburrido paseante.
"¡¡Ah, Baterbly!! ¡¡Ah, Humanidad!!"
El trayecto se veía amenizado –y amenazado- por personajes populares del Retiro madrileño (cartúlis, estatuas humanas y pedigüeños varios), que se mezclaban con mascotas de libros infantiles (setas gigantes, una elfa con alitas, una especie de aborto mutante de físico similar al de Humpty Dumpty…) y la verdad es que a veces era difícil distinguir a unos de otros. Aun más esquivando a los corredor@s  enfundad@s en sus mallas de “jogging” cimbreando por entre los asistentes, y algunos incluso  interesándose por alguna de las novedades expuestas y cubriendo las cubiertas –valga la redundancia- de gotas de sudor. Volviendo a las firmas, hubo algunos momentos realmente inquietantes. Uno de ellos fue ver a Boris Izaguirre compartiendo caseta con Fernando Schwartz.
"Ay, señor, señor..."
 A pesar de que ambos son escritores famosos gracias a sus apariciones televisivas, Izaguirre acumulaba entusiastas colas mientras que Schwartz permanecía contemplando el infinito con su afilada mirada y una caída de boca floja bastante espeluznante. Y lo peor de todo es que, más que firmar libros, la ocupación de Boris consistía más bien en posar de forma lánguida junto al panoli de turno en esas sesiones de “Ay, que me hago la foto con el famosete y la enseño luego”, que también sufrió Elsa Punset, otra “TV celebrity”. Pero si hay que buscar el momento más espectacular de la jornada en cuestiones de firmas, me tengo que quedar con una foto que hice emocionado y que, creo, vale más que mil palabras:
¡¡Gerónimo Stilton firma ejemplares de su obra!!
Ya habéis tomado aire después de esto, ¿No? Os entiendo, no todos los días se ve a un personaje propio de la isla del Dr. Moreau dedicando libros cual Arturo Pérez Reverte. Pero bueno, estas terroríficas interrupciones me estaban distrayendo de mis objetivos.
Lo primero y antes de nada había que buscar a Alberto López Aroca, que era uno de los principales motivos para asistir y el único que involucraba a un escritor al que quería conocer –luego, inesperadamente, hubo suerte y conocí algún otro-. En la caseta de Dibbuks/Ilarión, que es la editorial que ha reeditado su mítica novella –No, no se me ha ido la mano y he puesto una “l” de más. Es que es una novela corta- “Estudio en Esmeralda”. Esa cuasi-mítica reinvención de la primera novela de Holmes trasladando el argumento a un entorno futurista y de ciencia-ficción. Aroca, gracias a Chtulhu, es lo opuesto a la típica celebridad de culto autosuficiente y sobrada de sí misma, resultando ser un ente enrollado y con el que cualquier persona decente –y de cualquier tipo- querría pasar un rato charlando. Hablamos de Neil Gaiman, de sus comienzos en la autoedición, de Sergio Bleda, de los bolsilibros de Silver Kane, de sus propios títulos descatalogados (alguno le llevé para que me firmara) y me llenó de gozo al darme la bienvenida oficialmente a su Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete. Deseando estoy de ir allí a cumplimentar los votos o hacer los sacrificios humanos que hagan falta para ratificar el asunto. Otra cosa: sus dedicatorias son geniales. ¡Chapeau, maestro!
Aroca firmando libros. Foto miserablemente robada de Facebook.
 Aquel día acabamos en la infaltable caseta de “Estudio en Escarlata”, donde pillé la reedición del primer libro de… ¡¡¡Harry Stephen Keeler!!! Pensaba que ya se había suspendido la recuperación de tal joya, así que arramblé con ella y con las tres primeras novelas del ciclo de marte de Burroughs, felizmente recuperadas con ilustraciones y notas por los ínclitos muchachos de La Biblioteca del Laberinto, ¡Loor y gloria a ellos! Las compras, como es lógico, fueron copiosas en los dos días que dediqué a zascandilear por la feria. Las casetas se dividían, como siempre entre las de las librerías y las de las editoriales. La verdad es que, obviando la de “Estudio…” me motivaba mucho más inspeccionar las segundas, para darme cuenta por enésima vez de que cada vez hay más editoriales pequeñas y arriesgadas, que no paran de sacar material y, supongo, de venderlo. No parece que haya crisis para este sector, porque las publicaciones raras se multiplican como cucarachas al calor. Eso es bueno. En cuanto a las consagradas… por supuesto Valdemar sigue siendo estéticamente la mejor caseta de la feria, y además presentaban una nueva entrega de su sello dedicado al western, entre las góticas novedades de rigor:

Por supuesto la de Planeta de Agostini, que ocupaba cuatro o cinco casetas, fue ignorada por mi mismidad, así como la de Vips. Esta última añadía, para más oprobio, vendedores con el uniforme –gorra incluida- de esta franquicia de restaurantes que, dependiendo del establecimiento, pueden vender también algunos libros chorras. Un espectáculo dantesco que confirma la categoría de fast-food de cierta literatura.
Siguiendo con las editoriales, en Jaguar piqué con el nuevo libro-ensayo del gran Carlos Díaz Maroto, en este caso un estudio sobre todas las apariciones en cine y televisión de Superman y Batman. ¡Ah! Y espectacular la caseta de los postmodernos y actualísimos Alpha Decay. Fue un shock comprobar que los tópicos a veces son reales, al ver que el chico y la chica que atendían el chiringuito –ambos, por supuesto, editores de …Decay- lucían unas inevitables… ¡¡Gafas de pasta!! En cualquier caso me agencié con su versión de “La Llamada de Cthluhu” en traducción de Javier Calvo, y les di la enhorabuena y las gracias por publicar “House Of Leaves” el año que viene. La chica de las gafas de pasta –muy agradable y simpática, por cierto- me dijo que ella se encargaría de la maquetación de dicha obra. ¡Glubs! Le dije que valor y al toro.
Un ejemplo de lo bien que se lo van a pasar los chavales de Alpha Decay maquetando "House Of Leaves"
En general la jornada mañanera del domingo fue, además de más calurosa -¡Gracias, caña de cerveza!-, mucho más concurrida. Ingentes cantidades de piquetes en busca de la firma de los sudorosos escritores se desparramaban entre los escasos huecos entre caseta y caseta, pudiendo provocar más de un caso de insolación o combustión espontánea; además del peligro de las casetas de corte juvenil-infantil-comiquero. Algunas de las cuales –como la de la tienda “El Coleccionista”, de Lavapies- me hubiera encantado examinarla con más detalle, pero me estaba entrando sarpullido con tanto niño vociferante y padres en busca de algo con colorines para que el crío en cuestión se callara; algunos de esos esforzados progenitores incluso se clavaban delante de los expositores portando un cochecito infantil que bloqueaba tu paso, y dentro del cual gritaba otra banshee clamando venganza. Tras volver a saludar al señor Aroca, mis oídos –ya para entonces bastante castigados con tanto escándalo y megafonía de los veinte duros- creyeron oír el nombre de Juan Jacinto Muñoz. ¡Vaya! ¿Rengel? Uno de mis autores favoritos firmando a escasos metros y yo ni me había enterado de su asistencia. Total, que fui corriendo a la caseta en cuestión (la 55), cuando me di cuenta de que me encontraba concretamente en la 268 o así, por lo que lo de “escasos metros” había sido algo precipitado. En fin, tras otra caminata de casi veinte minutos bajo el sol de justicia y a través de la ingente fauna del Retiro, me presenté y charlé un rato con el susodicho JJM. Conocía mi blog porque había enlazado en facebook la reseña que escribí sobre su “Asesino Hipocondríaco”, así que hablamos de steampunk, engranajes, golems y todos esos gustos que tenemos en común. Una experiencia muy buena y otro escritor muy majo. Aunque tuviera que comprarme otra vez su libro para que me lo dedicara, lo hice con sumo gusto.
Por cierto que me dijo el señor Rengel que esta maravilla está complicada de conseguir. Pedidla si podéis o abalanzaos sobre ella si tenéis la fortuna de toparos con un ejemplar. Estamos ante uno de los mejores libros de relatos de las últimas décadas.
¿A quién más avisté por ahí? A Andres Neumann, que debió hacer un hueco en su apretada agenda para asistir a unas firmas con colas también bastante pobladas. Supongo que eso significa que este mes solo publicará ciento cincuenta libros, en lugar de los doscientos habituales. A Guillermo Fesser y a Manolo Gutierrez Aragón, volviendo a sus instintos novelísticos, dado que el cine español cada vez está peor. En el caso de Aragón me resultó complicado reprimirme de lanzarle un grito en plan: “¡Vaya coñazo de películas hiciste con el mejor libro de la historia!” Pero decidí dejar que siguiera siendo Fernando Arrabal el defensor oficial a ostias de Cervantes. También vi un par de veces a Paul Preston, que firmaba al lado de Rengel. Y me subió la lubricidad cuando creí atisbar a Camilla Lackberg en una caseta, pero al más puro estilo Adolfo Becquer resultó ser solo un poster. Y había las clásicas casetas en las que te podías llevar reproducciones facsímiles originales del “Quijote” o del “Beato de Liébana” al módico precio de quinientos euros o por ahí. Había casetas dedicadas a libros de música, de ajedrez y también de temática homosexual, en cuyo stand observé un libro-ensayo sobre política con el poético título de “Por el Culo”.
La verdad es que a la una del mediodía y cargando con la maleta –que cada vez pesaba más gracias a la cultura- yo estaba ya un poco hasta las narices de tanto libro y decidí despedirme hasta el año que viene. Porque a pesar de la crisis, los e-books, la mala organización, los escritores durmiéndose mientras firman, las mascotas grotescas y las hordas de fans inabarcables, esto sigue siendo una cita obligada. Además, siempre me quedará el haber conseguido firmas para algunos de mis libros de cabecera, además de las compras con un descuento del 10% y sin olvidar la visión casi divina de este jodido ratón firmando libros.
Y además fetichista, como buen literato.

6 comentarios:

Moniruki dijo...

Yo aún no he ido este año, a ver si saco un ratito a la semana que viene.
Y lo de Rengel ¡QUÉ NIVEL! ¿así que conocía tu blog?

WOLFVILLE dijo...

Sí, y lo encontró de motu propio, sin yo acosarle en plan "stalker". Por cierto que Rengel es malagueño igual que yo. Tiene narices que me lo haya encontrado en la feria de Madrid y de chiripa XD

LAALE dijo...

¡Mi foto!
Jajajajaja, porque es de Alberto, que si no...

Llosef dijo...

La fotografía con la gente me ha dado pánico. Pero ha sido estupendo haber asistido virtualmente gracias a tu crónica. ¡Ha estado fenomenal! Eso sí, por allí no me veréis jamás, jajaja.

Nit dijo...

Cómo me lo he perdido tooooooooooooodo por estar en tierras vikingas, semejante reportaje compensa otras barbaridades que una va leyendo estos días por internet (rescates y tal) con mucha risa ¡Fantástico!

Luis Miguez dijo...

Estuve el sábado del que hablas, e iba a decir (bienintencionadamente) que qué lástima no haber coincidido, pero con tal marabunta me temo que era imposible.

Gran reseña que deja clara la despersonalización a la que el noliberalismo nos aboca, como cualquier otra ideología chunga... Sea uniformando a un pelotón juvenil para vender libros como el que vende otra cosa, o sea borrando la cara y las manos de todos los autores del Stilton ese y sustituyéndolas por las de un esclavo forrado de felpa...