domingo, 13 de abril de 2014

VINTAGE GAS MASKS


Siendo las máscaras de gas uno de los "leit motivs" de este blog absolutamente cochambroso y polvoriento, me parece increible que aun no le hubieramos dedicado un "imaginaria" a estos artefactos tan sugerentes, siniestros y necesarios. Encajen sus cansados rostros en ellos, ajusten los cintos y... ¡A respirar!














domingo, 6 de abril de 2014

JOSEPH SHERIDAN LE FANU. Fantasmas y Vampiros Decimonónicos



ARCHIVOS EXPIATORIOS: Recientemente ha aparecido una nueva y atractiva versión ilustrada de “Carmilla”, razón más que sufciente para que reposteemos un viejo mini-artículo introductorio sobre la obra de uno de los más grandes cultivadores del género, además de pionero en más de un sub-género. Una breve semblanza del que es sin duda uno de los mejores escritores de lo macabro de todos los tiempos. 

Polémico por su estilo de difícil digestión en ocasiones, pero laureado por cualquiera que sepa apreciar la evocación del terror más ominoso en forma de narración, el irlandés Joseph Sheridan Le Fanu (Dublín 1814-1873) puede vanagloriarse en el más allá de haber llevado un paso más allá la temática gótica, insertando a los fantasmas y a los crímenes en un contexto más psicológico y, por tanto, actual. Sabio seguidor de las enseñanzas del maestro Poe, le debemos algunos hitos literarios tan importantes como la creación del Dr. Hesselius, el primer detective sobrenatural de la historia, además de la escritura de su inmortal “Carmilla”. Un relato –o novela breve- que no solo fue pionera en la literatura vampírica moderna, sino que es una clara influencia en “Drácula”, la obra maestra del género que nos regaló su compatriota Bram Stoker.

Ilustración de Michael Fitzgerald para la edición por entregas de "Carmilla" (Enero de 1872).
Joseph Sheridan fue educado en el Trinity College de su ciudad natal, pronto abandonó la abogacía a la que parecía destinado para dedicarse al periodismo y a las letras. Como colaborador y después editor en jefe de la revista “Dublin University Magazine”, consiguió dar fama mundial a lo que un principio era una simple publicación hecha artesanalmente por los alumnos del centro universitario. Pero a pesar de gozar de cierto éxito profesional, la tragedia golpeó su vida en la muerte de su esposa en 1858 convirtiéndole en un hombre amargado y receloso del mundo. Su pesimismo le llevó a la misantropía, llegando a ser conocido como “el príncipe invisible” y haciendo que se volcara aun más en su literatura; la cual para entonces ya contaba con numerosos poemas, baladas, ficción histórica y por supuesto narrativa fantástica. En este periodo fue quizás cuando más relatos de horror salieron de su pluma, dicen algunos que como consecuencia de su cada vez más pesimista forma de ver el mundo, y gracias a ellos es hoy en día recordado a pesar de haber sido ignorado por la crítica durante casi un siglo. Y eso a pesar de contar con fans tan ilustres como Henry James.

Lo primero que salta a la vista en los relatos de Le Fanu es su erudición, a veces de una densidad desaforada y que no tiene que ver con el uso que de ella hacía el posterior genio del cuento de fantasmas M.R. James –mucho más directo y enfocado a la trama, aunque también admirador de Le Fanu-. Los cuentos de Joseph Sheridan son un paseo más calmado sobre lo que de negro hay en el alma del hombre, dejado entrever mucho más de lo que se muestra y edificando una atmósfera agobiante sobre capas de detalles en apariencia nimios, pero que poco a poco lograrán sacudirnos con su inquietante efecto. Desde la historia clásica de fantasmas en busca de paz (el ejemplo más obvio sería “El Fantasma de Madame Crowl”) hasta el relato en primera persona de una horrible venganza de ultratumba (como en “El Juez Harbottle”), los personajes y escenarios del escritor son un monumento a la frialdad victoriana, a ese post-goticismo que abandonaba los castillos en ruinas de Ann Raddclife y se deleitaba más en la locura del hombre. No hay nada más aterrador, de hecho, que la trama criminal de “La Habitación del Dragón Volador”, donde la angustia del enterramiento prematuro llega a recordarnos al mejor Poe. “El Tio Silas” es otro ejemplo perfecto de su estilo. De esa malsana influencia negativa que los eventos dejan en los lugares y en las personas, lo cual le convierte también en uno de los primeros escritores en desarrollar el ambiente propio de las historias de casa encantada. Es evidente que su aportación a la cultura popular en ese aspecto es importantísima, tanto en literatura como cine o teatro.

No quiero alargarme o citar más obras porque es mejor que cada uno las descubra por si mismo. Para todos los “conousieurs” y también principiantes en esto del horror literario del siglo XIX –ese fascinante mundo-, Le Fanu es sin duda parada obligada.

Aquí va una selección de carteles de films clásicos basados -algunos muy libremente- en "Carmilla":



"Vampyr" (1932)


"Et Mourir De Plaisir" (1960)


"La Cripta e L´incubo" (1964)


"Las Amantes Vampiro" (1970)


"Lust For A Vampire" (1971)


"Drácula y las Mellizas" (1971)


"La Novia Ensangrentada" (1972)

miércoles, 2 de abril de 2014

“JAGANNATH” De Karin Tidbeck



Gracias al artículo “El Erotismo de un Zeppelin” publicado en El Pais hace unos días y que hace un somero repaso a la “weird fiction” moderna, me he decidido al fin darle un tiento a este “Jagannath” de la sueca Karin Tidbeck, que me tentaba desde hacía un tiempo; Y el cual es una recopilación de cuentos “de lo extraño”, como los califica Luis Sucasas, autor del mencionado artículo. El caso es que en Europa llevamos una buena temporada –de varios años ya- con una corriente “underground” de escritores de fantasía moderna que no tiene nada que envidiar a los clásicos. Sin ir más lejos, en España existe una editorial como Aristas Martínez haciendo campaña de esta inclasificable rama nueva del cuento de horror o fantasía clásico, con sus recopilatorios “Presencia Humana” (del que van 3 entregas ya) en la que autores hispanos e imprescindibles como Emilio Bueso, Colectivo Juan de Madre y muchos más nos presentan el lado más retorcido del relato de género.

En un futuro me gustaría hablar en profundidad de esta literatura “de lo extraño” como la calificó Javier Calvo en su artículo sobre los autores arriba mencionados, que también se puede llamar “slipstream”, concepto del cual ha hablado (y practicado) con extensión el autor Ismael Martínez Biurrum. Resumiendo pues, en mi modesta –pero más o menos documentada- opinión de lector irredento, nos referimos a ese tipo de relato en el que en un entorno más o menos realista, hay una especie de desvío hacia otra parte que cambia la concepción de todo lo que estábamos leyendo y nos sumerge en una atmósfera desasosegante. Si bien esta definición parece típica del cuento de terror clásico, en realidad esta nueva “weird fiction” tiene más que ver con el surrealismo que con los fantasmas de toda la vida. Los personajes a menudo no reaccionan con sorpresa frente a la rareza que inunda sus vidas, sino que se dejan llevar por el entorno, creando en el lector una placentera sensación de estar desubicado. Es, digámoslo así, el paso natural que va de Poe a Le Fanu, después a Conan Doyle y Arthur Machen, pasa por Lovecraft y Kafka y acaba eclosionando en quien para mí es el primer clásico imprescindible de este tipo de obra: Robert Aickman


Los cuentos de Karin Tidbeck recopilados en “Jagannath” –que han aparecido en Suecia pero también en inglés en revistas tan prestigiosas como la nueva “Weird Tales”- son un paseo por este tipo de literatura al margen de convencionalismos. Narrativamente están escritos con un lenguaje conciso casi siempre y rebuscado solo cuando es necesario crear un determinado efecto –hace mucho en el placer de esta lectura la soberbia traducción de Carmen Montes Cano y Marian Womack- y todos ellos podrían ser considerados como una especie de tétricos poemas en prosa. A mi me han recordado mucho al Neal Gaiman más sórdido, además de, por supuesto, al mencionado Aickman a quien debe más de un toque de estilo. En “El Complejo de Vacaciones de Brita” aparece como escenario esa típica casa de reposo aislada del mundo que recuerda a tantos balnearios y hogares de retiro en los que Aickman ambientó muchas de sus historias. También en “La Montaña de los renos” Tidbeck presenta un escenario con ecos de un pasado oculto que consigue meter a los personajes, y por ende al lector, en otro mundo envenenado. Basta doblar una esquina para entrar en la locura, y una de las virtudes de Tidbeck es conseguir una transición fluida y poética hacia esos lugares escondidos. Llenos de personajes extravagantes, imposibles y, algunos de ellos, sumamente atractivos.

Si tengo que elegir una temática que recorre la espina dorsal de casi todas estas historias es la de la posesión. Los protagonistas del mundo de Tidbeck suelen ser niños o adultos caprichosos que buscan tener algo que atesorar, amar o esconder para ellos. Es el caso de “Beatrice”, donde un hombre se enamora de un zeppelín –así como suena- en un mundo en el que las máquinas tienen sentimientos aunque a veces sean difíciles de interpretar. O ese malsano conflicto por una prenda que recorre la mencionada “…Montaña de los Renos”. Además en otro par de relatos aparecen homúnculos (ya sean de la clásica raíz de mandrágora o bien de cultivo casero) y en ambos casos se produce una relación de amo-esclavo entre persona y humanoide –como ocurría con los objetos en el cuento del zeppelín-, a pesar de que la intención siempre era el cariño al principio. “¿Quien es Arvid Pekon?” es, por el contrario, una historia de horror corporativo que sin duda Kafka hubiera elogiado, y en el que la posesión –en este caso mediante un juego de identidades telefónicas- puede cambiar la realidad. La identidad es, de hecho, vital en este libro. No hay más que echar un vistazo al índice para comprobar que la gran mayoría de relatos contienen el nombre de un personaje.

Los últimos cuentos del libro son los más cercanos a la literatura de género, y más concretamente al relato de fantasía desviada que Gaiman ha practicado a veces. “Augusta Prima” y “Tías” son como versiones “gore” (de hecho muy “gore”) de los clásicos cuentos “feéricos” ambientados en reinos paralelos en los que aun habitan elfos y reyes de los bosques. Tienen una estructura similar a los mismos y, de hecho, el caso de “Augusta Prima” es especialmente logrado, pues uno asiste a su lectura como a la de la descripción de un sueño. Una vez más tengo que quitarme el sombrero ante la labor de traducción por conseguir reproducir el efecto sin duda envolvente que debe tener la prosa original de Tidbeck. Aunque si debo destacar dos relatos que me han encantado especialmente tengo que mencionar “Rebecka”, con su realismo que se troca pesadilla en un par de frases memorables de su final y “Pyret”, que con una estructura de estudio documental del folklore, es quizás el más claro cuento de terror al estilo clásico. Recordando en algunos momentos al postmodernismo del mejor Stephen King.

En definitiva una opción más que respetable para los que no desdeñan el cuento clásico pero hoy por hoy prefieren una relectura de “extrañeza” bien entendida y que no se quede en mero juego pirotécnico, sino que comunique y sepa entretener a la vez.
 

lunes, 24 de marzo de 2014

“CHAMPIÑONES DE YUGGOTH” o “Lo que hice en mis vacaciones”



No, amigos, no es una reseña. Esta vez vengo a contaros en pequeños pildorazos –o champiñonazos-, lo que este vestigio de protoplasma con máscara de gas (su servidor Mr. Wolfville) hizo durante este agotador hiato:


-Fui a ver “El Nombre de la Rosa” versión teatral a los madriles. Decepción absoluta. Es básicamente la película trasplantada tal cual a los escenarios. Y punto. Una escenografía muy curiosa y bonita, unos actores excelentes –exceptuando quizás a El Bola haciendo de Adso de Melk, que soltaba algún histrionismo de vez en cuando- y una sensación de tongo, cuando resulta que en vez de ir a la novela de Umberto Eco y hacer su propia versión, los responsables del invento han hecho un “screener” del film de Jean Jacques Annoud. Es muy fácil hacer una adaptación de este tipo cuando resulta que el trabajo de poda y recorte te lo hicieron unos guionistas de cine hace unos añitos. ¡Si es que hasta los actores son clavados!

-Vi la tan cacareada “True Detective” enterita, una serie que básicamente esta hecha a mi medida. Atmósfera negruna (por “noir” y por siniestra), investigación criminal, toques de terror, referencias a Lovecraft, Bierce y al resto del catálogo editorial de Valdemar, influencia de Alan Moore –hay un diálogo entero en el capítulo final que esta copiado/homenajeado/fusilado de “Top Ten”, obra del barbudo- y, para acabar de arreglarlo, nihilismo y un poquito de sexo sórdido. Parece que acabo de describir mi vida. ¿Quién podría pedir más? Yo desde luego no, así que me siento un poco escéptico ante esa futura segunda temporada, ya con otros personajes, otro escenario y otro enfoque.

-Asistí con gran placer –aunque poco tiempo-, a la VII Tertulia Sherlockiana de Madrid, que por lo que pude inferir (y a pesar del holmesiano título) es un hervidero para todo tipo de diálogos en torno a la literatura popular, el cine, la música, el oficio de escritor y las espumosas jarras de cerveza. Por allí desfilaron Alberto López Aroca, que nos enseñó unos rarísimos incunables pastichianos del detective de Conan Doyle –con un fascinante tacto y olor añejos-, y también pude estrechar la mano de iconos para mi del estudio de la fantasía en este país, como Carlos Díaz Maroto o Javier Jiménez Barco, y otros eruditos y sabios varios en torno al mundo del cómic, el siglo XIX, los iconos del bolsilibro y mucho más. Y encima Juan Carlos Fernandez nos obsequió con unas tazas sherlockianas a elegir. Yo me quedé con la de la foto, con la ilustración de “Hound Of The Baskervilles” de Sydney Paget.  Ni que decir tiene que los hermanos Wolfville garantizan la asistencia a sucesivas ediciones en las que nos sea posible.


-Me he releído al completo las colaboraciones de Lovecraft –es decir, historias que él corrigió, completó y mejoró-, y he leído todas las que faltaban gracias a las tres ediciones que actualmente existen en España sobre este material tan oscuro e incitante. Como planeo hacer un comentario (quizás en varias partes) sobre todo esto, no voy a decir mucho más al respecto. Así que os dejo una imagen imprescindible extraida de "El Mundo Today":

Por fin podremos recibir la llamada de Chlulhu.

-También me leí al fin –tras años esperando una edición en castellano- “La Casa de Hojas” de Mark Z. Danielewski. Y sí, es un libro estupendo que he gozado infinito… pero no puedo evitar la sensación de que ha llegado tarde. El fallo que le veo es que “la casa…” se derrumba cada vez que la atención de la trama se va de la parte terrorífica a la parte… no sé como describirla… ¿dramático-social-lujuriosa? del subnarrador Jhonny Truant. Y aun peor, a pesar de que la trama de la casa es la más interesante, creo que se han hecho ya tantas historias de este estilo desde entonces –“El Proyecto de la Bruja de Blair” se estrenó casi a la vez que se publicó la novela- que a veces me da la molesta sensación de que el libro ha perdido actualidad y, por ende, eficacia. No obstante, y a pesar de ello, la obra es un auténtico disfrute que recomiendo. Quizás en una futura relectura cambie de opinión.

-Y siguiendo con los libros, por supuesto que me hice con todos los volúmenes que aparecen en esta entrada, ¿Había alguna duda al respecto?

Y por ahora esto es todo lo que recuerdo. El resto del tiempo me lo he pasado en una nube de alcohol y sustancias alimenticias de todo tipo que no me ha dejado ver mucho más, así que ya os voy contando.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

"TRES CUENTOS" De Gustave Flaubert



Es muy sintomático que estos tres cuentos del maestro francés supongan, en su brevedad, una especie de canto del cisne de toda su obra. Publicados en 1877, solo tres años antes de su muerte y mientras se encontraba batallando con su última –y casi inconclusa- obra de arte “Bouvard y Pecuchet”, todos los críticos han coincidido en señalar en la estructura y desarrollo de esta trilogía tan dispareja, un eco de cada uno de los tres temas –o narrativa, o ambiente, o inquietud en general- que Flaubert definió en sus grandes novelas. Eso sí, las tres coinciden en presentar una temática que rondaba a Flaubert desde largo tiempo atrás, lo cual las une en cierto modo como un recuento tardío de algunas de las obsesiones del autor cristalizadas en tres importantes versiones cortas de su novelística.

Así pues, “Un Corazón Sencillo”, la primera de ellas, sería una especie de ilustración de la vertiente más realista y mundana de Monsieur Gustave. Ecos de “Madame Bovary” y, sobre todo, de “La Educación Sentimental” –hay una escena en el puerto que me recordó horrores al comienzo de aquella- tiñen una trama en la que el autor vuelve a su empeño por contar una historia tan cercana que casi pareciera que no ocurre nada durante su desarrollo. Pero nada más lejos de la realidad. La muy vulgar biografía de la criada Felicité –los nombres, como en su “…Bovary”, son fundamentales-, le sirve a Flaubert para hacer una radiografía rural de plácido desarrollo pero con momentos de gran emoción. Importante en la historia es la presencia de un loro en el que la pobre criada acaba depositando todo su afecto. El excéntrico Flaubert de hecho escribió estos cuentos con un auténtico loro en su escritorio, al cual acabó incorporando al relato como metáfora de una espiritualidad esquiva que acaba personalizando la simple Felicité. Una mujer que nace, vive y se acerca hacia la muerte en un estado de ilógico éxtasis sacro anclado en la realidad, a pesar de los golpes que la vida le ha ofrecido. Precioso final e impecable desarrollo.

“La Leyenda de San Julián el Hospitalario” es la segunda obra incluida y sirve para despertarnos de la sosegada sensación que nos brindó la primera historia. Es un cuento medieval basado en una leyenda religiosa que, en este caso, nos retrotrae al Flaubert más explícito y violento, el de “Las Tentaciones de San Antonio”. Escenas de macabro onirismo salpican la historia del Julián del título, que comienza como una parábola sobre la dicotomía del futuro que aguarda a su protagonista. O será un emperador o un santo, y la historia jugará continuamente con la broma del destino que acabará siendo, porque Julián desde pequeño mostrará una crueldad propia de un genocida, torturando animales hasta el punto de acabar masacrando un valle entero de ciervos al llegar a la madurez. Las terribles consecuencias de sus actos –que culminarán en una tragedia familiar de la que él mismo es responsable y ejecutor- será el comienzo de un peregrinaje trágico para el titular del cuento. Salpicado de sangre derramada, violencia explícita y una parte final que se quiere un “happy end” redentor, pero que a mi me pareció tan sórdida como el resto del relato, este segundo cuento mezcla un tono de fábula clásica con el de un realismo atroz que resulta más que efectivo.

Y si esta pieza nos evocaba “Las Tentaciones de San Antonio” y “Un Corazón Sencillo” podía ser un eco de “Madame Bovary”, en el último de los cuentos, “Herodías”, nos metemos de lleno en uno de los géneros más amados por Flaubert: el relato histórico. En este caso pensar en “Salambó” es más que inevitable, así como el ambiente que el propio autor vivió de primera mano y plasmó en su libro “Viaje a Oriente”. La reconstrucción histórica al dedillo –ropajes, arquitectura, personajes reales, la vívida descripción de los banquetes y demás costumbres, etc…- consigue dominar en esta versión de la historia bíblica de Herodes, Herodías, Salomé y Juan el Bautista. Y ello a pesar de su brevedad. Dividida a su vez en tres partes que culminan con un misterioso guiño a una figura femenina que acabará siendo vital en la trama, Flaubert entiende de sobras que ni Juan el Bautista ni la propia Salomé son los más importantes personajes de la obra, sino las maquinaciones de la propia “Herodías”, destinadas a una venganza de las que hacen época. Durante el camino tendremos intrigas palaciegas, un comentario sobre la situación judía y, por supuesto, un memorable discurso del bautista insultando a Herodías, totalmente a la altura de tan soez y  bíblico momento.

En definitiva una obra que, a pesar de su brevedad, resulta imprescindible como resumen del arte “flaubertiano”. Esta claro que si no entras al trapo ni al juego de estas tres historias, es posible que el solitario de Croissett no sea para ti. Pero si ya has leído al menos una parte de su gloriosa e imprescindible obra, los “Troi Contes” te proporcionarán unas pocas horas de inmensa dicha.