martes, 2 de septiembre de 2014

"LA NOCHE A TRAVÉS DEL ESPEJO" de Fredric Brown



A través –valga la redundancia- del magnífico blog de Cesar Mallorquí y su recomendación, llegué a esta especie de híbrido intrincado del señor Fredric Brown. El autor americano, tan famoso por su excelente ciencia-ficción como por su no menos buena faceta “noir”- fusionó en esta novela de culto lo mejor de ambos mundos en una intrincada trama que engancha desde su primera línea. Pero hay un par de motivos que hacen que esto sea así de fetén para el sufrido y acalorado escriba que estáis leyendo. En primer lugar la historia transcurre en una sola noche y en un pequeño pueblo americano. Los elementos claustrofóbicos de la novela negra más rural están presentes, con sus secundarios carismáticos, sus herederos misteriosos, líos de negocios, bares “after hours”, terratenientes dudosos que quieren comprar propiedades, gasolineras abandonadas, oficinas del sheriff con agentes de la ley poco fiables… y a pesar de la economía de lugares el interés y la intriga fluyen constantemente ante los ojos del lector. 

Y el otro elemento que me enamoró fue el uso constante de Lewis Carroll y su obra como elemento imprescindible de la trama, en un juego referencial inteligentísimo. Ya desde el título original “Night Of The Jabberwock”. Como muchos sabréis, es una referencia el poema del reverendo Lewis sobre un monstruo en su segunda entrega de las aventuras de Alicia, y que también usó como elemento principal el acabadísimo Tim Burton en su vergonzosa adaptación del clásico de Carroll. Este título no está del todo mal traducido en su versión española, haciendo referencia en este caso a la obra original que contiene el poema: mi favorita personal, "Alicia a Través del Espejo".


¿Pero como logra Brown esa fusión de “noir” y fantasía? Lo primero de todo es advertiros de que no pienso revelar ningún detalle de la parte final de la historia (como es lógico yo, al igual que el señor Mallorquí, quiero que la leáis), pero sí diré que la atmósfera de este “Night Of The Jabberwock” es logradísima. En ningún momento deja de ser una historia “noir” aunque se salga de los tópicos de muchas de ellas –el protagonista no es un detective, sino un editor de periódico fan de Lewis Carroll, y al cual no ronda ninguna “femme fatale”- pero el misterio a resolver está impregnado de un toque onírico que nos hará dudar en todo momento si realmente esto es “solo” otra historia de suspense, o extrañas fuerzas se están manifestando en ese pequeño pueblo de la América profunda. Y como esa es la gracia del asunto -os reitero que Brown fue en maestro en ambas vertientes literarias-, no pienso revelar si al final será una cosa o la otra. 

Es de hecho ese toque de historia soñada el que mejor cuadra a la historia, con ese protagonista, Doc Stoeger, redactor fracasado y dueño del periódico local menos leído del estado –al cual acogemos como narrador con los brazos abiertos, gracias a su diálogo empático y gracejo natural-; el cual pasa una noche inolvidable en la que gánsteres huidos, misteriosos fans de Lewis Carroll, policías nada limpios que se la tienen jurada, misteriosas logias dedicadas al estudio de “Alicia En El País de las Maravillas” y una serie de noticias que podrían reactivar su periódico –pero que parecen eludirle-, hacen que Doc parezca bascular todo el rato entre el sueño y la vigilia, o entre hechos reales que parecen delirios y fantasías totalmente palpables. Lo cierto es que el consumo casi continuo pero controlado de alcohol por su parte no le pone las cosas fáciles a la hora de discernir si esta metido en una simple historia de atracadores de bancos o bien hay fuerzas sobrenaturales dejando su huella en la entretenidísima trama. Cada capítulo es introducido por un fragmento del poema “Jabberwock” y a pesar de la conocida impenetrabilidad de esta rima, casan perfectamente con los acontecimientos que suceden a nuestro sufrido protagonista en una noche de locura y crimen. 


¿Está Doc a un paso de entrar al “Pais de las Maravillas”? ¿Hay un siniestro demiurgo detrás de todas sus peripecias? ¿Logrará nuestro héroe sobrevivir a esta noche inolvidable y volver para contarlo todo en su periódico? ¿Esta la clave en el poema? Veamos un fragmento en traducción del dios venido a la tierra Francisco Torres Oliver:

    "¡Cuídate, hijo mío, del Jerigóndor,
    que sus dientes muerden y sus garras agarran!
    ¡Cuídate del pájaro Jubjub, y huye
    del frumioso zumbabadanas!"

Y con eso está casi todo dicho.

El ritmo es tan endiablado, la caracterización de personajes tan bien trazada –todos, por menores que sean, tienen su momento de gloria- y la trama tan sumamente lógica y estructurada, que no podemos más que dejarnos llevar por un entretenimiento de primera. Un libro no solo para fans del señor Carroll, sino para cualquier que suspire por las obras de suspense de aliento clásico y a la vez con ese toque “outré” que nos consiga transmitir que no estamos leyendo otra vez la misma historia de siempre. De ese tipo de novela por las que de vez en cuando nos alegramos de ser “yonkies” de esta cosa llamada ficción. Sea esta real o “ficticia”.

martes, 19 de agosto de 2014

EL “MOBY DICK” DE MEAD SHAEFFER (1923)



El día que yo me decida a escribir algo sobre “Moby Dick”, uno de mis libros de cabecera –con el que ando últimamente bastante obsesionado gracias a una reciente relectura- os vais a enterar de lo que vale un peine de hueso de ballena. Pero como la tarea me da casi tanto miedo como embarcarme en un barquito pescador de Nantucket, hoy os traigo una serie de bizarras ilustraciones de las que he sabido gracias el excelentísimo libro “Moby Dick: La Atracción del Abismo” (editado por Graphiclassics), del que alguna vez os he hablado por aquí y que una vez más recomiendo encarecidamente. La editorial “Dood, Mead and Co” le encargó las ilustraciones de su edición del clásico de Herman Melville al pintor Mead Shaeffer, creando una de las representaciones visuales más curiosas de esta historia inmortal. Estamos hablando de 1923, mucho antes de las interpretaciones gráficas más oscuras y perversas del libro, del postmodernismo e incluso de la versión de John Huston, que muchos aun conservan en sus retinas. 

Shaeffer tenía 24 años por estos entonces y, como relata Charles Caum en el texto que presenta el libro de Graphiclassics, “Su corta edad no le permitió percibir lo que suponía enfrentarse a una obra tan compleja, por lo que su versión supone la aproximación más optimista e ingenua de las que se han realizado hasta la fecha”. En efecto abundan unos colores vitalistas, unos marineros guapetes e incluso un Ahab muy bien plantado –aunque no tan joven y galán como el de Gregory Peck-, por lo que esta interpretación tiene más que ver con una novela de aventuras clásica a lo “Isla del Tesoro” o las de Salgari, que a la verdadera pesadilla hacia la que el Pequod acaba derivando.












viernes, 4 de julio de 2014

EL DÍA DE ALICIA (4 de Julio)

Hoy, 4 de julio, hace exactamente 152 años, Lewis Carroll paseaba en barca con Alice Liddell y sus hermanas. Y se puso a contar una historia que las niñas le pidieron que escribiera. Por eso hoy se celebra en Oxford y en todo el mundo el "Alice´s Day", una efeméride que nos recuerda el nacimiento de una de las obras más brillantes de la historia de la literatura. Para ello, aquí tenéis una galería con el manuscrito original que Carroll escribió e ilustró a mano como regalo para sus amiguitas, y del cual debería haber una edición en facsímil en castellano -pero de momento seguimos esperando-. Aquí el título aun no hacía referencia al Pais de las Maravillas y esta versión de la historia, más corta y con algunas diferencias, se tituló "Alice´s Adventures Under Ground". Fue la insistencia de la Alice original -musa de Carroll- la que convenció a aquel tímido matemático y clérigo para que publicara esa historia de forma masiva, aunque esta sea su versión más pura y concentrada. Además de permitirnos echar un vistazo a la idea gráfica que Carroll tenía de sus personajes, claro. Y el resto, como se suele decir....... ya sabéis lo que es.


La faceta de Lewis Carroll como fotógrafo de sus pequeñas amigas merecería una galería aparte. ¡Pero mientrás tanto os dejo la posibilidad de tener una bella edición de estas imágenes inmortales!

Os recomiendo este imprescindible libro de La Felguera Editores, que reune gran cantidad de estas fotos y además ofrece en castellano muchas de las cartas que envió a sus modelos y musas. "El hombre que amaba a las niñas. Correspondencia y retratos". Incluye una verdadera joya histórica en la que Carroll le pide a una ya crecidita Alice Liddell que le preste el manuscrito original de "Alice´s Adventures Under Ground" para publicarlo tal cual. La condición que puso Alice fue que solo el propio escritor manipulara el libro para su copia, impresión y difusión en fácsimil, dado que era extremadamente valioso para ella -no es para menos- y el autor cumplió. Parece ser que mientras preparaban las fotos de cada hoja para las galeradas, Carroll era la mano que pasaba las páginas con el extremo cuidado que merece tal reliquia. Nunca dejó solo el incunable, y desde luego si yo fuera extremadamente millonario y pudiera comprar una copia en una de esas subastas de rarezas literarias que tanto nos ponen los dientes largos, tampoco dejaría este libro ni a sol ni a sombra.

domingo, 29 de junio de 2014

“SUI GENERIS: UNA RECOPILACIÓN WEIRD” VV.AA.



Vamos a hablar de dos cosas… o de tres, ya que estamos (Y además son tres los cuentos a reseñar): Hablemos de una editorial, Fata Libelli, que tiene los santos bemoles de publicar solo fantasía de calidad y actual –nada de vampiros “byronianos”, héroes de espada y capucha o “steampunk” para adolescentes-, de autores del otro lado del charco y que encima lo hacen en e-book; hablemos también del género en el que se mueve este imprescindible recopilatorio, que como su propio nombre indica se mueve en las pantanosas aguas del cuento “Weird” -¿Terror moderno? ¿Surrealismo de género? ¿Los hijos de Robert Aickman? ¡Qué importa!- Y completemos la trilogía de temas a tratar con un análisis del libro en si mismo. ¿Qué podemos encontrar en “Sui Géneris: Una recopilación “Weird”? Pues aparte de tres historias estupendas, una declaración de amor.

Sobre todo a un género que, a Cthulu gracias, parece que esta empezando a ponerse de moda entre las editoriales y autores españoles –ya hemos hablado por aquí de Aristas Martinez o Nevsky Prospects, y volveremos a hacerlo-, pero también es una declaración de amor a ese afán completista-compulsivo de nosotros, los cuatro gatos aficionados a este esquivo sub-género de la literatura fantástica. Como decíamos, Fata Libelli no va a lo fácil, a conseguir licencias de clones de Patrick Rothfus o (¡glups!) Stephanie Meyer. Su campo de batalla es el de los que hablan bajito, los verdaderos renovadores –y a la vez “respetadores”- del cuento de horror más clásico, alejados de los circuitos más ruidosos. Estamos hablando de una editorial pequeña, de libros electrónicos, que sin embargo tiene ya en catálogo a autores tan imprescindibles como China Mieville o Cattlin Kiernan, y que no por defender el formato “e-book” dejan de ofrecer un producto cuidado y de calidad. Y en este “Sui Generis” abren fuego con tres historias (dos cuentos breves y una “novella”) que son un perfecto ejemplo de lo que estamos hablando. Con un pie en Lovecraft o M.R. James, y otro en Kafka y –obviamente- Aickman, los tres autores aquí antologados son tres practicantes del “weird” moderno que saben perfectamente guiñar a todos esos maestros (y a otros como Machen, Bierce, Borges, etc…) sin dejar por ello la frescura o el afan renovador.

Para que nos vamos a engañar, los responsables de Fata Libelli saben lo que se hacen. Abrir fuego con un cañonazo como “La Señora Medianoche” es un caso flagrante de “agarrada por los eggs” para que no puedas parar de leer hasta consumir la colección completa. El autor es Reggie Oliver, ¡nieto de Stella Gibbons! y admito haberme enamorado de su prosa afilada y llena de humor negro. Tenemos un viejo teatro abandonado –lleno de espejos rotos, bastidores rajados, telarañas y todas esas cosas estupendas-, tenemos un jocoso triángulo amoroso que se mezcla con una trama de investigaciones sobrenaturales, tenemos un espectro, o ente, o no sabemos muy bien qué, proveniente de la época victoriana y que deja perplejo por su originalidad, tenemos también canibalismo, científicos locos, travestismo y una atmósfera que mezcla increíblemente bien el escalofrío con la diversión. Nunca verán una simbiosis tan perfecta en forma de relato entre la solemnidad del cuento de fantasmas tradicional y la chirigota bizarra del cine “grind house” más enloquecido. En fin, para abrir boca un diez a este plato envenenado.

Mark Samuels continúa la fiesta con una pieza igualmente breve pero mucho más seria y reflexiva. “THYXXOLQU” es un relato con un enfoque y un desarrollo más cercano a la literatura “slipstream”, pero poco a poco se va acercando al género más clásico. Una trama que podríamos calificar casi de horror corporativo –en este caso enfocada en la aparición paulatina de un lenguaje nuevo en vallas, anuncios, televisión y prensa- que habría podido firmar un Kafka “pulp” o, quedándonos en la modernidad que defiende “Sui Generis…”, todo un Thomas Ligotti. Un tono surreal y de realismo mágico deriva rápidamente al horror más puro, en un relato que también me trajo ecos del Stephen King de su primera –y mejor- etapa; en el que para más regocijo también hay referencias directas a los clásicos, como el inteligentísimo uso que hace Samuels de la obra de Thomas De Quincey.


Y para culminar nos adentramos en la mugre, la hierba reseca, el pantano, la deformidad, la locura… “Ynys-y-Plag” de Quentin S. Crisp es un auténtico “tour de force” de incomodidad, sugerencia siniestra y atmósferas insalubres. Con la excusa metaficcional de escribir una introducción para uno de sus libros, un fotógrafo evoca su experiencia en una aislada zona rural de Gales y cómo consiguió allí las perturbadoras imágenes que adornan la reedición de su volumen. Como es una especie de reflexión “a posteriori”, el narrador consigue sistematizar y ordenar todas las experiencias que vivió en aquella época, y lo que empezó como un prólogo simplemente descriptivo se convierte en una especie de confesión desesperada del horror en que se ha convertido su vida. S. Crisp se toma su tiempo en describir cada detalle del entorno por el que pasea su protagonista –en frases cortas como fogonazos o enroscadas como enredaderas-, imitando el proceso de selección de un fotografo a base de una prosa casi documental. Eso sí, cuando el horror aparece lo hace con ecos de Machen, Blackwood y una persistente influencia de Lovecraft en la forma de narrar la historia. No sería difícil relacionar la agreste y pantanosa fauna que aparece en “Ynys-y-Plag” con la de los puebluchos ficticios que aparecen en la ficción del genio de Providence, así como la pausada inclusión de lo sobrenatural –en base a una leyenda centenaria- en un entorno exótico pero no por ello menos realista. Y para mi el verdadero mérito del relato es que la amenaza esta presente sin realmente llegar a aparecer del todo, salvo a través de distintas versiones que de su presencia perciben varios testigos y el propio narrador.


En definitiva tres propuestas altamente recomendables para el que quiera echar un vistazo a la buena salud del género terrorífico en general y al etiquetado como “weird” en particular, con una presentación digital maravillosa. A un prólogo excelente, obra de la editorial (situando el género en su contexto histórico y en la actualidad) hay que sumar un enlace a una lista de canciones recomendadas para que suenen durante la lectura de las tres historias. En definitiva, una labor a seguir. En su web podréis exaltaros y alucinar con la cantidad de maravillas en formato breve que nos dispensan a nosotros, los “yonkies” de lo raro:


domingo, 25 de mayo de 2014

"LONDON AFTER MIDNIGHT" (Lost And Never Found)



ARCHIVOS EXPIATORIOS: Gracias a una recomendación en el grupo Barsoom, me encuentro leyendo la novela “Londres después de Medianoche” del mexicano Augusto Cruz. La trama lleva a un agente de Hoover retirado a buscar por toda la geografía americana una copia de “London After Midnight”, el film mudo perdido más buscado de la historia, protagonizado por el excelso Lon Chaney y dirigido por el poeta del horror, Tod Browning. La novela esta muy bien –acaba de editarla Seix Barral en nuestro país- y para celebrarlo recupero un viejo “post” sobre este film maldito. Ah, y a no perderse el nuevo número de "2.000 maniacos", que lleva un ensayo de El Abuelito sobre Browning.

Nos encontramos ante el santo grial de las películas mudas perdidas. Ahora que hace unos meses surgieron unos curiosos rumores sobre la aparición de la mítica "London After Midnight" en algún ignoto rincón del sur de America -sin pruebas, como de costumbre-, es bueno recordar algunos de los factores conocidos e historias bizarras sobre esta deseada cinta. Nada menos que una intriga detectivesca con toques de horror dirigida por los dos máximos impulsores del género de terror cinematográfico: Lon Chaney, uno de los mejores actores de la historia del cine y Tod Browning, el director de fenómenos siniestros y atmósferas enrarecidas.
 
Browning dándole lumbre al candil de Chaney, con Edna Tichenor mirando raro.
El título original era "The Hypnotist", y así se ve en algunos carteles de avance. La historia nos presentaba al inspector Edward Burke (Chaney), el cual elabora una complicada pantomima en una mansión aristocrática para desenmascarar al asesino de un rico hacendado. Se disfraza de vampiro y aprovechándose del miedo y la superstición, desenmascara al asesino mediante hipnosis. Se supone que bajo los efectos de la misma, el culpable reconstruirá lo que hizo el día del crimen y se desvelará a si mismo. El detalle del disfraz no lo descubrimos hasta el final, porque durante toda la película suponemos que el vampiro (y su supuesta hija, la cadavérica Luna) son reales. Al final, capturado el asesino, se nos desvela toda la tramoya teatral que ha conseguido engañar al culpable.


Es posible que los toques vampíricos incluidos en la historia, se debieran al reciente éxito en Broadway de la versión teatral de "Drácula", y resulta curioso descubrir hoy en día, que esta fue tan solo la segunda película de la historia en incluir el vampirismo como parte principal de la trama -siendo la primera, obviamente, la famosísima "Nosferatu"-. La popularidad de la cinta fue también notoria, y se dice que fue exhibida numerosas veces ese año, aunque los críticos no fueron unánimes en los parabienes, pues algunos comentaron que a pesar de un arranque prometedor la película se desinflaba en su tramo final. Y eso a pesar de destacar la magnífica interpretación de Chaney, cuyo papel "vampírico" añadía un toque bastante siniestro a lo que en un principio era un enredo de intriga sin demasiadas pretensiones. Otra de las curiosidades de la proyección de este film, es el hecho de que posiblemente fue una de las primeras películas (si no la primera) en ir acompañada por una banda sonora grabada en disco, en lugar del habitual acompañamiento musical. Fue estrenada el mismo año que "El Cantor de Jazz", primera película sonora, por lo que los estudios comenzaban a probar otras vías sonoras para hacer más atractivas sus producciones.

¿Por qué no podemos disfrutar hoy en día de este filme? Habría que echarle la culpa a la precaria calidad del celuloide primitivo y a una mala organización de los almacenes en los que los estudios archivaban su material. Hay incontables películas perdidas, pero esta es especialmente deseada por ser una colaboración inédita entre dos maestros como Chaney y Browning (autores de ocho obras maestras tenebrosas entre 1925 y 1928). La productora no conservaba el negativo de rodaje. Según parece el último registro fiable de su existencia consta en un inventario de la Metro Goldwyn Meyer de 1965, donde se informa de que se encuentra una copia en el almacen número siete de esos estudios. Por desgracia, dicho almacén ardió en 1967, perdiéndose el rastro de la única copia que quedaba.

 
Por supuesto el status de esta película perdida es de completa leyenda. El coleccionista de memorabilia fantástica Forrest J. Ackerman fue uno de los pocos privilegiados que pudieron verla de jóvenes y aseguró que era una obra maestra. Se dice que Chaney deformó sus ojos con alambres para tener el aspecto del vampiro (por cierto homenajeado por Tim Burton en el Pingüino de su "Batman Vuelve"). Por lo visto el personaje de Chaney provocó un asesinato real. Un loco llamado Robert Williams se sintió poseído por el vampiro de "London After Midnight" y mató a una criada irlandesa. Según comentó en el juicio Chaney se le apareció allí en la escena del crimen, riendo en una esquina e incitándole a que la apuñalara con una navaja. Hubo relatos en los años setenta de que copias de un video pirata de la película circulaban por algunos círculos. Y por supuesto se sigue rumoreando hoy en día que algunos coleccionistas privilegiados tienen copias en su poder y nunca las entregarán para no perder una rareza tan buscada.

En fin, actualmente solo nos queda una reconstrucción a base de fotografías del film editada en DVD en América y comentada por el historiador Rick Schmidlin. Aquí la tenéis. Pero al final, la mejor opción para hacernos una idea de como era esta película es visionar "La Marca del Vampiro", su remake, también dirigido por Browning y con protagonismo de Bela Lugosi, que muchos de los que vieron la obra perdida, aseguran que la supera.