viernes, 4 de julio de 2014

EL DÍA DE ALICIA (4 de Julio)

Hoy, 4 de julio, hace exactamente 152 años, Lewis Carroll paseaba en barca con Alice Liddell y sus hermanas. Y se puso a contar una historia que las niñas le pidieron que escribiera. Por eso hoy se celebra en Oxford y en todo el mundo el "Alice´s Day", una efeméride que nos recuerda el nacimiento de una de las obras más brillantes de la historia de la literatura. Para ello, aquí tenéis una galería con el manuscrito original que Carroll escribió e ilustró a mano como regalo para sus amiguitas, y del cual debería haber una edición en facsímil en castellano -pero de momento seguimos esperando-. Aquí el título aun no hacía referencia al Pais de las Maravillas y esta versión de la historia, más corta y con algunas diferencias, se tituló "Alice´s Adventures Under Ground". Fue la insistencia de la Alice original -musa de Carroll- la que convenció a aquel tímido matemático y clérigo para que publicara esa historia de forma masiva, aunque esta sea su versión más pura y concentrada. Además de permitirnos echar un vistazo a la idea gráfica que Carroll tenía de sus personajes, claro. Y el resto, como se suele decir....... ya sabéis lo que es.


La faceta de Lewis Carroll como fotógrafo de sus pequeñas amigas merecería una galería aparte. ¡Pero mientrás tanto os dejo la posibilidad de tener una bella edición de estas imágenes inmortales!

Os recomiendo este imprescindible libro de La Felguera Editores, que reune gran cantidad de estas fotos y además ofrece en castellano muchas de las cartas que envió a sus modelos y musas. "El hombre que amaba a las niñas. Correspondencia y retratos". Incluye una verdadera joya histórica en la que Carroll le pide a una ya crecidita Alice Liddell que le preste el manuscrito original de "Alice´s Adventures Under Ground" para publicarlo tal cual. La condición que puso Alice fue que solo el propio escritor manipulara el libro para su copia, impresión y difusión en fácsimil, dado que era extremadamente valioso para ella -no es para menos- y el autor cumplió. Parece ser que mientras preparaban las fotos de cada hoja para las galeradas, Carroll era la mano que pasaba las páginas con el extremo cuidado que merece tal reliquia. Nunca dejó solo el incunable, y desde luego si yo fuera extremadamente millonario y pudiera comprar una copia en una de esas subastas de rarezas literarias que tanto nos ponen los dientes largos, tampoco dejaría este libro ni a sol ni a sombra.

domingo, 29 de junio de 2014

“SUI GENERIS: UNA RECOPILACIÓN WEIRD” VV.AA.



Vamos a hablar de dos cosas… o de tres, ya que estamos (Y además son tres los cuentos a reseñar): Hablemos de una editorial, Fata Libelli, que tiene los santos bemoles de publicar solo fantasía de calidad y actual –nada de vampiros “byronianos”, héroes de espada y capucha o “steampunk” para adolescentes-, de autores del otro lado del charco y que encima lo hacen en e-book; hablemos también del género en el que se mueve este imprescindible recopilatorio, que como su propio nombre indica se mueve en las pantanosas aguas del cuento “Weird” -¿Terror moderno? ¿Surrealismo de género? ¿Los hijos de Robert Aickman? ¡Qué importa!- Y completemos la trilogía de temas a tratar con un análisis del libro en si mismo. ¿Qué podemos encontrar en “Sui Géneris: Una recopilación “Weird”? Pues aparte de tres historias estupendas, una declaración de amor.

Sobre todo a un género que, a Cthulu gracias, parece que esta empezando a ponerse de moda entre las editoriales y autores españoles –ya hemos hablado por aquí de Aristas Martinez o Nevsky Prospects, y volveremos a hacerlo-, pero también es una declaración de amor a ese afán completista-compulsivo de nosotros, los cuatro gatos aficionados a este esquivo sub-género de la literatura fantástica. Como decíamos, Fata Libelli no va a lo fácil, a conseguir licencias de clones de Patrick Rothfus o (¡glups!) Stephanie Meyer. Su campo de batalla es el de los que hablan bajito, los verdaderos renovadores –y a la vez “respetadores”- del cuento de horror más clásico, alejados de los circuitos más ruidosos. Estamos hablando de una editorial pequeña, de libros electrónicos, que sin embargo tiene ya en catálogo a autores tan imprescindibles como China Mieville o Cattlin Kiernan, y que no por defender el formato “e-book” dejan de ofrecer un producto cuidado y de calidad. Y en este “Sui Generis” abren fuego con tres historias (dos cuentos breves y una “novella”) que son un perfecto ejemplo de lo que estamos hablando. Con un pie en Lovecraft o M.R. James, y otro en Kafka y –obviamente- Aickman, los tres autores aquí antologados son tres practicantes del “weird” moderno que saben perfectamente guiñar a todos esos maestros (y a otros como Machen, Bierce, Borges, etc…) sin dejar por ello la frescura o el afan renovador.

Para que nos vamos a engañar, los responsables de Fata Libelli saben lo que se hacen. Abrir fuego con un cañonazo como “La Señora Medianoche” es un caso flagrante de “agarrada por los eggs” para que no puedas parar de leer hasta consumir la colección completa. El autor es Reggie Oliver, ¡nieto de Stella Gibbons! y admito haberme enamorado de su prosa afilada y llena de humor negro. Tenemos un viejo teatro abandonado –lleno de espejos rotos, bastidores rajados, telarañas y todas esas cosas estupendas-, tenemos un jocoso triángulo amoroso que se mezcla con una trama de investigaciones sobrenaturales, tenemos un espectro, o ente, o no sabemos muy bien qué, proveniente de la época victoriana y que deja perplejo por su originalidad, tenemos también canibalismo, científicos locos, travestismo y una atmósfera que mezcla increíblemente bien el escalofrío con la diversión. Nunca verán una simbiosis tan perfecta en forma de relato entre la solemnidad del cuento de fantasmas tradicional y la chirigota bizarra del cine “grind house” más enloquecido. En fin, para abrir boca un diez a este plato envenenado.

Mark Samuels continúa la fiesta con una pieza igualmente breve pero mucho más seria y reflexiva. “THYXXOLQU” es un relato con un enfoque y un desarrollo más cercano a la literatura “slipstream”, pero poco a poco se va acercando al género más clásico. Una trama que podríamos calificar casi de horror corporativo –en este caso enfocada en la aparición paulatina de un lenguaje nuevo en vallas, anuncios, televisión y prensa- que habría podido firmar un Kafka “pulp” o, quedándonos en la modernidad que defiende “Sui Generis…”, todo un Thomas Ligotti. Un tono surreal y de realismo mágico deriva rápidamente al horror más puro, en un relato que también me trajo ecos del Stephen King de su primera –y mejor- etapa; en el que para más regocijo también hay referencias directas a los clásicos, como el inteligentísimo uso que hace Samuels de la obra de Thomas De Quincey.


Y para culminar nos adentramos en la mugre, la hierba reseca, el pantano, la deformidad, la locura… “Ynys-y-Plag” de Quentin S. Crisp es un auténtico “tour de force” de incomodidad, sugerencia siniestra y atmósferas insalubres. Con la excusa metaficcional de escribir una introducción para uno de sus libros, un fotógrafo evoca su experiencia en una aislada zona rural de Gales y cómo consiguió allí las perturbadoras imágenes que adornan la reedición de su volumen. Como es una especie de reflexión “a posteriori”, el narrador consigue sistematizar y ordenar todas las experiencias que vivió en aquella época, y lo que empezó como un prólogo simplemente descriptivo se convierte en una especie de confesión desesperada del horror en que se ha convertido su vida. S. Crisp se toma su tiempo en describir cada detalle del entorno por el que pasea su protagonista –en frases cortas como fogonazos o enroscadas como enredaderas-, imitando el proceso de selección de un fotografo a base de una prosa casi documental. Eso sí, cuando el horror aparece lo hace con ecos de Machen, Blackwood y una persistente influencia de Lovecraft en la forma de narrar la historia. No sería difícil relacionar la agreste y pantanosa fauna que aparece en “Ynys-y-Plag” con la de los puebluchos ficticios que aparecen en la ficción del genio de Providence, así como la pausada inclusión de lo sobrenatural –en base a una leyenda centenaria- en un entorno exótico pero no por ello menos realista. Y para mi el verdadero mérito del relato es que la amenaza esta presente sin realmente llegar a aparecer del todo, salvo a través de distintas versiones que de su presencia perciben varios testigos y el propio narrador.


En definitiva tres propuestas altamente recomendables para el que quiera echar un vistazo a la buena salud del género terrorífico en general y al etiquetado como “weird” en particular, con una presentación digital maravillosa. A un prólogo excelente, obra de la editorial (situando el género en su contexto histórico y en la actualidad) hay que sumar un enlace a una lista de canciones recomendadas para que suenen durante la lectura de las tres historias. En definitiva, una labor a seguir. En su web podréis exaltaros y alucinar con la cantidad de maravillas en formato breve que nos dispensan a nosotros, los “yonkies” de lo raro:


domingo, 25 de mayo de 2014

"LONDON AFTER MIDNIGHT" (Lost And Never Found)



ARCHIVOS EXPIATORIOS: Gracias a una recomendación en el grupo Barsoom, me encuentro leyendo la novela “Londres después de Medianoche” del mexicano Augusto Cruz. La trama lleva a un agente de Hoover retirado a buscar por toda la geografía americana una copia de “London After Midnight”, el film mudo perdido más buscado de la historia, protagonizado por el excelso Lon Chaney y dirigido por el poeta del horror, Tod Browning. La novela esta muy bien –acaba de editarla Seix Barral en nuestro país- y para celebrarlo recupero un viejo “post” sobre este film maldito. Ah, y a no perderse el nuevo número de "2.000 maniacos", que lleva un ensayo de El Abuelito sobre Browning.

Nos encontramos ante el santo grial de las películas mudas perdidas. Ahora que hace unos meses surgieron unos curiosos rumores sobre la aparición de la mítica "London After Midnight" en algún ignoto rincón del sur de America -sin pruebas, como de costumbre-, es bueno recordar algunos de los factores conocidos e historias bizarras sobre esta deseada cinta. Nada menos que una intriga detectivesca con toques de horror dirigida por los dos máximos impulsores del género de terror cinematográfico: Lon Chaney, uno de los mejores actores de la historia del cine y Tod Browning, el director de fenómenos siniestros y atmósferas enrarecidas.
 
Browning dándole lumbre al candil de Chaney, con Edna Tichenor mirando raro.
El título original era "The Hypnotist", y así se ve en algunos carteles de avance. La historia nos presentaba al inspector Edward Burke (Chaney), el cual elabora una complicada pantomima en una mansión aristocrática para desenmascarar al asesino de un rico hacendado. Se disfraza de vampiro y aprovechándose del miedo y la superstición, desenmascara al asesino mediante hipnosis. Se supone que bajo los efectos de la misma, el culpable reconstruirá lo que hizo el día del crimen y se desvelará a si mismo. El detalle del disfraz no lo descubrimos hasta el final, porque durante toda la película suponemos que el vampiro (y su supuesta hija, la cadavérica Luna) son reales. Al final, capturado el asesino, se nos desvela toda la tramoya teatral que ha conseguido engañar al culpable.


Es posible que los toques vampíricos incluidos en la historia, se debieran al reciente éxito en Broadway de la versión teatral de "Drácula", y resulta curioso descubrir hoy en día, que esta fue tan solo la segunda película de la historia en incluir el vampirismo como parte principal de la trama -siendo la primera, obviamente, la famosísima "Nosferatu"-. La popularidad de la cinta fue también notoria, y se dice que fue exhibida numerosas veces ese año, aunque los críticos no fueron unánimes en los parabienes, pues algunos comentaron que a pesar de un arranque prometedor la película se desinflaba en su tramo final. Y eso a pesar de destacar la magnífica interpretación de Chaney, cuyo papel "vampírico" añadía un toque bastante siniestro a lo que en un principio era un enredo de intriga sin demasiadas pretensiones. Otra de las curiosidades de la proyección de este film, es el hecho de que posiblemente fue una de las primeras películas (si no la primera) en ir acompañada por una banda sonora grabada en disco, en lugar del habitual acompañamiento musical. Fue estrenada el mismo año que "El Cantor de Jazz", primera película sonora, por lo que los estudios comenzaban a probar otras vías sonoras para hacer más atractivas sus producciones.

¿Por qué no podemos disfrutar hoy en día de este filme? Habría que echarle la culpa a la precaria calidad del celuloide primitivo y a una mala organización de los almacenes en los que los estudios archivaban su material. Hay incontables películas perdidas, pero esta es especialmente deseada por ser una colaboración inédita entre dos maestros como Chaney y Browning (autores de ocho obras maestras tenebrosas entre 1925 y 1928). La productora no conservaba el negativo de rodaje. Según parece el último registro fiable de su existencia consta en un inventario de la Metro Goldwyn Meyer de 1965, donde se informa de que se encuentra una copia en el almacen número siete de esos estudios. Por desgracia, dicho almacén ardió en 1967, perdiéndose el rastro de la única copia que quedaba.

 
Por supuesto el status de esta película perdida es de completa leyenda. El coleccionista de memorabilia fantástica Forrest J. Ackerman fue uno de los pocos privilegiados que pudieron verla de jóvenes y aseguró que era una obra maestra. Se dice que Chaney deformó sus ojos con alambres para tener el aspecto del vampiro (por cierto homenajeado por Tim Burton en el Pingüino de su "Batman Vuelve"). Por lo visto el personaje de Chaney provocó un asesinato real. Un loco llamado Robert Williams se sintió poseído por el vampiro de "London After Midnight" y mató a una criada irlandesa. Según comentó en el juicio Chaney se le apareció allí en la escena del crimen, riendo en una esquina e incitándole a que la apuñalara con una navaja. Hubo relatos en los años setenta de que copias de un video pirata de la película circulaban por algunos círculos. Y por supuesto se sigue rumoreando hoy en día que algunos coleccionistas privilegiados tienen copias en su poder y nunca las entregarán para no perder una rareza tan buscada.

En fin, actualmente solo nos queda una reconstrucción a base de fotografías del film editada en DVD en América y comentada por el historiador Rick Schmidlin. Aquí la tenéis. Pero al final, la mejor opción para hacernos una idea de como era esta película es visionar "La Marca del Vampiro", su remake, también dirigido por Browning y con protagonismo de Bela Lugosi, que muchos de los que vieron la obra perdida, aseguran que la supera. 


domingo, 18 de mayo de 2014

"POR QUÉ ELIJO A BATMAN" Por Stephen King



ARCHIVOS EXPIATORIOS: Este mismo mes se celebra el 75 aniversario de la primera aparición del hombre murciélago (mayo 1939), así que nada mejor que recuperar la traducción de este artículo que Stephen King escribió para el número 400 de la serie original “Batman”. Aquel número incluyó una divertidísima historia de Doug Moench con impresionantes dibujos de Joe Kubert , Briand Bolland y Jim Aparo entre muchos otros.

Cuando era pequeño había ciertas preguntas que aparecían y tenían que ser respondidas... o al menos formuladas, al resultar imposible encontrar una respuesta definitiva.

Una era si el record de beisbol de la serie mundial de Don Larsen era su habilidad, el destino o simple suerte. Otra sería qué era lo que había dentro de las pelotas de golf, justo en el centro. O sea, todos sabíamos que bajo la superficie blanca punteada había millones de cuerdas de goma, pero había algo más en el mismo centro, algún líquido que unos creían que era el veneno más mortífero del mundo, otros pensaban que era una sustancia tan corrosiva que te derretiría los dedos de la mano hasta los huesos y aún otros creían que era una sustancia que explotaría si la derramabas en el pavimento caliente.

Estaba la pregunta de por que todos los personajes de Disney usaban guantes; o si existía o no una colección completa de la serie verde de las figuritas de David Crockett (las rojas eran fáciles, pero las verdes eran extrañamente esquivas); o si sería posible aparecer en China boca abajo si uno atravesaba la Tierra cavando un pozo.Estas preguntas formuladas y contestadas cuando uno estaba demasiado cansado para seguir nadando en el agua y se tiraba en la playa. O cuando volvías a casa del campo de beisbol en un dulce atardecer de verano, con los pies ardiéndote dentro de las botas; o quedándote dormido en un campamento.


Y una de esas era ésta: "¿Quién te gusta más, Superman o Batman ?" Yo siempre elegía a Batman .

 
Creo que algunos de mis amigos de la infancia ya no recuerdan ni las cómics ni la pregunta, pero a mi me complace decir que nunca crecí del todo, solo me creció mas pelo en varias partes de mi cuerpo y un sentido de responsabilidad en el corazón, y tengo amigos que hicieron lo mismo: amamos a nuestras mujeres e hijos, hacemos nuestro trabajo, pero también seguimos leyendo cómics. Y yo sigo eligiendo a Batman. Esto no quiere decir que no me guste Superman;  permitanme tranquilizar a todos los que estén clamando por mi sangre (incluyendo editores, guionistas y entintadores que darían sus vidas, su honor y sus sagrados cheques para proteger la imagen y el buen nombre del Hombre de Acero); me gusta muchísimo. No podría no gustarte porque era un buen tipo  -y contrariamente a lo que creen algunos cínicos tanto entonces como ahora, los chicos sienten una atracción natural por los buenos tipos... Gracias a Dios- porque tenía todos esos grandes poderes, porque tenía ese atractivo conjunto de enemigos con quienes combatir (incluyendo a ese duendecito del nombre impronunciable, -que nosotros solíamos pronunciar "Mixtaplik"- y que para mandarlo a la cuarta dimensión había que engañarlo para que dijera "Kilpatzim" o algo así), porque tenía amigos geniales (como Perry White , que era J. Jonah Jameson mucho antes de que cierto lanza-redes se graduara de los pañales a los pantaloncitos de entrenamiento).

Pero había algo en Superman que siempre me resulto un poco... déjenme ver. No decepcionante, no es eso lo que quiero decir, pero... esperen, ya lo tengo: Facilón. Para mí era demasiado fuerte, demasiado capaz, tal vez porque yo era un chico que usaba gafas gruesas o tal vez porque el concepto de la invulnerabilidad lo hacía parecer un héroe que tenía una ventaja injusta (ser bueno debería ser siempre mas difícil que ser malo). Tomemos, por ejemplo, el super-aliento: ¿Es justo poder devolver a Metrópolis a su lugar de un soplido después de que Lex Luthor la mandara al Atlántico con unos jets de energía nuclear? Tal vez si, pero a mi no me convencía el concepto. Tenia su talón de Aquiles, por supuesto, pero era (al menos hasta que los editores empezaron a liar las cosas con la Kriptonita roja, Kriptonita amarilla y casi casi con la Kriptonita de pistacho) muy pequeño.


Batman en cambio, era solo un tipo.

Un tipo rico, si. Un tipo fuerte, claro. Un tipo inteligente, puedes estar seguro. Pero... no podía volar.

Creo que eso definió mi preferencia mas que nada. Recuerdo la publicidad de la primera película de Superman (¿se acuerdan de la primera película de Superman, allá cuando el mundo era joven y los dinosaurios caminaban por la tierra?), esos que decían "USTED CREERA QUE UN HOMBRE PUEDE VOLAR". Bueno, yo no me lo creí. No en la película y para nada en las historietas (irónicamente, donde mas estuve a punto de creerlo fue en la serie de TV). Pero cuando Batman se tiraba por una soga hacia la guarida del Joker o impedía que el Pingüino soltara a Robin en un tanque de grasa hirviendo mediante un Batarang bien lanzado, yo me lo creía. No eran cosas probables, lo concedo abiertamente, pero eran cosas posibles. Yo podía creer en una Cruzado Enmascarado que se colgaba de sogas, tiraba Batarangs con una precisión letal y conducía como Richard Petty llevando una mujer embarazada al hospital.

El super-aliento era difícil de creer, pero un tipo que llevaba un pequeño compuesto disolvente (para esas molestas sogas con las que los rateros insisten en atarnos) en un bolsillo de su cinturón utilitario, una poderosa linterna en otro y una útil y rápida anestesia en otro (Batman ponía a dormir a la gente con dardos tranquilizantes antes de que realmente se empezaran a utilizar para sedar animales y personas)... Bueno, esa clase de tipo era mi clase de tipo. Aunque eventualmente le dieron su propia revista, era y sigue siendo con "Detective Comics" que Batman está más asociado en mi mente. Él era un auténtico detective: al negársele todas las características divinas y la supuesta inmortalidad de los Super-héroes, esos dioses del olimpo modernos, tenía que ser un detective. No podía contar con el super-aliento para devolver a Gotham City a su lugar correcto después de que el crimen ocurriera: tenía que atrapar al Acertijo o al villano que fuera antes de que pudiera encender los cohetes nucleares. Como Sherlock Holmes , Batman buscaba los rastros dejados por los maleantes; tomaba huellas digitales; recogía cabello de la escena del crimen y hacía interrogatorios. Llevaba archivos - Holmes también - del modus operandi de varios criminales. Buscaba patrones, sabiendo -cómo todos los grandes detectives- que si puede encontrar un patrón, se puede estar ahí, esperando al criminal en su siguiente parada. Batman vivía de su ingenio, combatía y desarmaba -a veces brillantemente- a algunos de los mas grandes villanos jamás creados, impedía todo, desde masivos robos de joyas a planes para secuestrar perros... y a la vez se las arreglaba para vivir otra vida al mismo tiempo, la de Bruce Wayne , prominente filántropo. Reunía dinero, en los sesenta elevo su conciencia social y hasta tenía un crío como protegido, Dick Grayson . Ah... y otra cosa. Tal vez el verdadero motivo por el que Batman me gustaba mas que el otro tipo.

Había algo SINIESTRO en el.

Así es. Lo que han oido.

SINIESTRO .


Como La Sombra y el Caballero Luna , como un vampiro, Batman era una criatura de la noche. Oh, si, a veces se lo veía combatiendo el crimen de día, pero era mas que nada una silueta en las sombras o un hombre-bestia de rostro severo atravesando una ventana a altas horas de la madrugada, con su capa flotando a su alrededor como una enorme sombra. En esas viñetas en que Batman irrumpía, uno veía casi siempre una horrenda clase de miedo en las caras de los matones a los que estaba a punto de tirar por el water, y yo siempre me sentí fuertemente identificado con esas expresiones.

Si, pensaba yo (y sigo pensando), sentado bajo árbol de mi jardín, o tal vez en el baño, o en el "trono" (o de pequeño bajo las sábanas, con una linterna). Si, eso es, tendrían que tener miedo. Yo seguramente tendría miedo si se me aparece algo así. Tendría miedo aunque no estuviera haciendo nada malo.

La noche era su hora, las sombras eran su lugar; como el murciélago del que tomó el nombre, el veía con las manos, los pies y los oídos. Como Bruce Wayne era alegre, con clase, lleno de savoir faire y bonhomía, un tipo fácil de imaginar frente a la chimenea en su biblioteca colmada de libros con una copa de brandy y un bol de caramelos Chez a mano. Pero cuando la Bat-señal flotaba contra uno de los rascacielos de Gotham (o tal vez reflejada en una nube pasajera), una criatura silenciosa y sin sonrisa emergía de la Bat-cueva . Si le disparabas, sangraba..., si le dabas un buen golpe en la cabeza, se desmayaba (al menos por un rato)... pero nunca, nunca podrías detenerlo.

Desde la cancelación de la bufonesca serie de TV, hasta más o menos 1982, Batman vivió en un mundo de sombras no solo como personaje sino como personaje de ficción. Hubo un tiempo, no me importa decirlo ahora, en que recuerdo haber ido a mediados de cada mes a sondear cuidadosamente (y un poco ansiosamente) los quioscos, seguro de que el cruzado enmascarado habría desaparecido, un personaje que simplemente había entrado a ese silencioso salón de la oscuridad a donde otras grandes creaciones como J'onn J'onzz el detective marciano , Plastic Man , Los Halcones Negros , El Capitán Marvel y Turok , se habían ido antes que él.

Parece que me equivocaba al preocuparme. Parece que no se puede acabar con un murciélago.


A lo largo de los últimos años, una o dos cosas han estado pasando: o nuevos fans se han interesado en las andanzas de Batman, o algunos de los viejos han vuelto sin hacer ruido. De cualquier forma, el impacto publicitario y las triunfales ventas de "El Regreso del Caballero Oscuro", probablemente la mejor pieza del noveno arte jamás publicada en una edición popular, parecen haber asegurado el éxito de Batman. Para mí, eso es un gran alivio y un gran placer.

Me gustaría felicitar al Cruzado Enmascarado por su larga y valiente historia, agradecerle por las horas de placer que me dio y desearle muchos años más de lucha contra el crimen.

Dales duro, grandullón. Que tu Bat-señal nunca falle, que a tu Batmóvil nunca se le acaben las píldoras nucleares que lo propulsan, que tu cinturón utilitario nunca quede fatalmente vacío en el momento equivocado.

Y, por favor, nunca irrumpas por mi ventana en medio de la noche. Probablemente me de una hemorragia cerebral del miedo...

Y, además, grandullón, recuerda que yo estoy de tu lado.

Siempre lo estuve.

STEPHEN KING. 1986