viernes, 18 de marzo de 2016

“CIUDAD DE HERIDAS” De Miguel Córdoba



La editorial de nuevo cuño El Transbordador inició su andadura el año pasado con esta primera novela del autor Miguel Córdoba. Parece ser que el libro tenía un periplo previo como obra auto editada, pero había volado demasiado alejada de mi longitud de radar –uno tiene tanto que abarcar que al final se pueden escapar cosas interesantísimas- así que tengo que dar las gracias a los chicos del Transbordador por habernos acercado esta auténtica joya a los despistados fans de los libros nuevos (y lo de nuevo no va solo por recién editado, sino por NUEVO en todo). “Ciudad de Heridas” no es solo una lectura absorbente, sino también la mejor carta de presentación posible para un sello que desea publicar género (sci-fi, horror, fantasía…) pero darle un toque “outre” que entronca con las manifestaciones más modernas de la literatura popular. ¿Y como consigue eso la obra que nos ocupa? Veamos…

La estructura de “Ciudad de Heridas”, pese a un inicio que parece lineal, es la de una muñeca rusa llena de inquietantes capas. La metaficción es una constante en la obra, dado que comenzamos leyendo lo que podría ser una obra de ficción dentro de otra y resulta a veces difícil dilucidar qué es lo real y qué lo imaginado –también resulta un reto etiquetar este libro lo cual es una maravilla, obviamente- Comenzamos con dos situaciones de puro género: lo que parece un asalto zombie de los de toda la vida, y lo que podríamos denominar un misterio de habitación cerrada en clave “weird”. Y todo ello con el hilo conductor de un misterioso personaje con chistera y un baúl (que nos mira desde la excelente portada de María Delgado) como misterioso enlace entre todo lo que acontece. Os voy a ser sincero… odio los zombies, así que cuando vi la clásica cabaña con infectados me saltaron todas las alarmas pese a lo bien contado que estaba el asunto. Eso sí, en cuanto pasamos a lo del “misterio de habitación herrada” debo confesar que el autor me cogió literalmente por los (censurado) y ya no me soltó. Y acabaron apareciendo más subtramas fascinantes, y más personajes de esos a los que se le coge cariño, y misterios del pasado… y al final hasta lo de los zombies molaba, maldita sea. Y el tono de “weird” que Córdoba imprime al relato, sazonados con ecos borgianos, no escatima por tanto en violencia ni en erudición.

 
Pese a esta estructura compleja y a sus profundos temas –de nada de esto voy a comentar más, porque la obra hay que leerla para descubrirla- para nada es este un libro complicado. Llevo muchos años leyendo obras de género que se valen del postmodernismo, metaficcionismo, surrealismo, vanguardismo, etc… y soy perfectamente consciente de cuando está usado con un propósito (“House of Leaves” de Danielevski) y cuando me están queriendo vender una moto (“Matrix” de los Wachowski. Sí, la cosa va hoy de apellidos rusos…), y este “Ciudad de Heridas” es uno de los poquitos ejemplos de experimentación bien entendida, dentro de unos parámetros de género clásico. La mención a los “Cantos de Maldoror” de Lautreamont deja bien a las claras que el surrealismo más cafre es uno de los ingredientes del delicioso plato, pero también podemos percibir la influencia de Stephen King en los aspectos más convencionales, que no por ello simples, de la novela. No es revisionismo ni mimetismo, es simplemente una más de las muchas herramientas con las que cuenta el escritor para mantenernos completamente pegados a la página hasta que termina el libro. Que además tiene uno de los mejores finales que he leído este año, tanto técnica como emocionalmente hablando.

En resumen, “Ciudad de Heridas” tiene muchas heridas de las que dejan buena huella. Insisto en que su lectura se pasa en un suspiro, pese a la densidad del aparato de referencias y riqueza estructural de lo que se nos cuenta, dándole al lector el mejor regalo posible. Así pues, a no perder detalle de los próximos pasos del señor Córdoba ni de los chavales del Transbordador, que llevan ya cuatro títulos llenos de gozosas alegrías y prometen muchos más. En ambos casos estaremos más que atentos.

domingo, 14 de febrero de 2016

BOLSILIBRIS 03 (Novelas de a duro)


 Continuamos el desfile bolsilibresco con la recuperación de tres reseñas ajadas. Y como solemos hacer también, una vez más recomendamos el nacimiento de un nuevo sitio dedicado precisamente a estas novelitas y que viene de la mano de un "connoiseur" como Carlos Díaz Maroto, y que podéis encontrar en el siguiente enlace: UNIVERSO BOLSILIBRO.

Y sin más dilación, sumerjámonos en el mercadillo:
 

VEN A MORIR CONMIGO — ADAM SURRAY (Selección Terror 67, Bruguera)

La historia de esta novelita de suspense con toques sobrenaturales me ha fascinado por varias razones. La primera porque cuenta la investigación de una serie de asesinatos encuadrados en el rodaje de una película de terror; cosa que hoy en día esta tan sumamente sobada que cualquiera de vosotros podría nombrar un par de historias de ese palo (yo ahora mismo recuerdo “Scream 3” y más de un número de Dylan Dog), pero que igual en 1974 —fecha de publicación de este bolsi del autor Jose López García (alias Surray) —no estaba aun tan manido. De hecho el libro comienza con la ya clásica broma metaficcional de hacernos creer que estamos entrando en una terrorífica escena de necrofagia, para al final darnos cuenta de que no es más que una escena, sí, pero de cine y dentro del rodaje de un film. Pero sobre todo me ha interesado especialmente como Surray refleja el clima que se vivía en aquellos años con el mundo del entretenimiento popular y el ocultismo, algo que cualquiera que haya leído sobre Kenneth Anger, Roman Polanski, Mick Jagger o Charles Manson tendrá más que claro. En “Ven a Morir Conmigo” se habla de cultos satánicos insertados en Hollywood, de peligrosos “hippies” fascinados con las estrellas que pueden irrumpir en los bungalows de Beverly Hills y arrasar con todo (incluso hay una mención literal al propio Manson) y por supuesto vemos el asesinato de dichas estrellas de una forma hiper-gore y bastante desagradable, como corresponde. Se nota el impacto de los crímenes Tate-La Bianca en el ánimo de Surray, y también se nos habla de la industria del cine y como es reacia a darle un gran presupuesto a una película de terror (solo hacía un año que se había estrenado “El Exorcista”), además de varias anécdotas sobre la fábrica de los sueños que demuestran que el autor se había documentado. Reconociendo lo precipitado de la trama y lo estereotipadísimo de los personajes, debo recomendar “Ven a Morir Conmigo” por su final. Cuando se descubre la razón de los crímenes y a que estaban encaminados… ¡vais a alucinar! Es tan bizarro que aun no sé si reírme a carcajadas o recomendar esta novela para que vosotros también flipéis. Creo que me decanto por lo último.


LA CHICA DEL MÁS ALLÁ — SILVER KANE (Héroes de la Pradera, 615. Bruguera)

Sí, el título de este “western” del señor Ledesma huele a “weird”… y eso es porque lo es, maldición. A ver si podéis resistiros a este argumento: Un vaquero reconvertido en pasante de abogado cae en desgracia después de haber intentado salvar de la horca a su primera cliente, una bella muchacha acusada de ser miembro de la despiadada banda de forajidos de Larry Fox (al que nadie ha visto la cara nunca, pues mueve los hilos de sus fechorías cual Moriarty en las sombras). Expulsado del pueblo, se entera de que un par de gañanes traficantes de cadáveres han cogido el cadáver de la muchacha y se lo han llevado para despiezarlo y venderlo a estudiantes de medicina. El joven pasante entra en cólera, recupera su “colt” y su ropa de “cowboy” y se lanza a la persecución para evitar tal tropelía, a la vez que investiga quién de los posibles terratenientes de la zona podría ser el malvado Larry Fox (sí, la novela también es un “whodunit” con su lista de sospechosos). La cosa se complica cuando la persecución le lleva a un misterioso poblado en el que hay rumores de extraños fenómenos. Se dice que las aguas están envenenadas, que hubo una epidemia terrible que diezmó a la población, y lo más misterioso: hay rumores de que se han visto resucitados. Gente que murió en esas pandemias y que han sido vistas vagando por allí. El protagonista  —además de confirmar que la atmósfera de la comarca es oscura y mortuoria— sabe que esta en la buena pista cuando comienzan a intentar matarle varios desconocidos pistoleros y descubre al fin que ha llegado tarde y el cadáver de la chica a la que amaba ya ha sido descuartizado y repartido. Pero entonces… ¿Por qué empieza a verla en ese pueblo? Siempre a lo lejos, mirándole desde ventanas de habitaciones a las que luego sube y están vacías, o en las sombras de la noche, o cerca de ataúdes vacíos…. ¡Y esto solo son las primeras veinte páginas, amigos! Un entretenimiento de primera y un Kane en plena forma, trepidante, con personajes perfectamente trazados en su esquematismo. Y tiros, puñetazos, espectáculos de magia en el “far west”, leyendas inenarrables, sombras en casas vacías, una cabeza decapitada… Delicias sin fin reunidas en ciento y poco páginas de “weird”, que no por ello dejan de lado el humor o la acción.



MISIÓN 1/1000 CLARK CARRADOS (La Conquista del Espacio 504, Bruguera)

Aquí la verdad es que no tengo mucho que comentar. Otra “space opera” de Carrados tan delirante y divertida como todas las suyas. Sí se puede observar que en este caso, el señor García Lecha deja un poco de lado el toque pretendidamente científico para dejarse llevar por unos ingenios espaciales de chirigota poco creíbles y bastante “deus ex machina” (cosa que es toda la novela, no solo el final), cargando en este caso más las tintas en el culebrón espacial que en la épica. Si en otras novelas de Carrados costaba entender como podían caber tantas subtramas, peleítas con rayos y batallas espaciales entre reinos en el formato bolsilibro, en “Misión 1/1000” la anécdota punto de partida —la recuperación de los planos de una mortífera arma en manos de un planeta enemigo—se estira “ad infinitum” y termina de la habitual forma precipitada. Eso sí, la gracia es que esta labor de espionaje espacial debe llevarla a cabo el clásico héroe militar bocazas de Lecha… reducido de tamaño y escondido en el alfiler de una corbata. Así pues, buena parte de la novela consiste en el protagonista reduciendo y cambiando su tamaño al antojo de una reina lasciva, resentida por el rechazo del héroe y tocapelotas (como las otras 10.000 que podemos encontrar en la obra de Carrados), que esta además celosa de la doctora que acompaña a nuestro protagonista. Y sí, esta doctora es despistada hasta el punto de parecer tonta del bote durante casi todo el libro (Si no lees aventuras espaciales de Carrados para echar un buen rato de risas machistas… ¿Para qué las lees?), pero al final el bien reinará en toda la galaxia gracias a los cohetes bien lanzados, los puñetazos a mansalva y las doctoras idiotas que, de repente, recuerdan sus estudios científicos y consiguen salvar el día. ¡Chapeau! No sé que hubiera opinado Matheson de este “hombre menguante”, pero yo desde luego me he reído lo indecible.

No os perdáis la siguiente entrega ¡Proximamente más! 


 

domingo, 17 de enero de 2016

H.H. EWERS, EDITOR DE FANTASÍAS

Hace poco hablábamos por aquí de nuestro admirado Hans Heinz Ewers y de su novelaza “La Mandrágora”. Pero… ¿Sabíais que este escritor soberbio (y zumbadísimo) de obras oscuras, fantásticas y terroríficas fue una vez recopilador de una serie de libros no menos oscuros, fantásticos y terroríficos? “Galerie der Phantasten” se llamó esta colección de ocho clásicos -y contemporáneos a Ewers- en el campo del horror y la fantasía, que el propio autor germano seleccionó de entre sus favoritos, y en la que (evidentemente) se incluyó a si mismo. Esta “Galería de Soñadores”, en la que figuró nuestro Becquer, fue apareciendo entre 1914 y 1922 y tenía una edición bibliófila para los más pudientes y otra más simple; todos incluían un prólogo, aunque Ewers solo escribió uno de ellos. Y para rematar, contaba con el diseño e ilustraciones de algunos de los mejores artistas germanos del periodo. Incluyendo al mismísimo Alfred Kubin el cual, al igual que Ewers, también coló un libro suyo. Junto a estas líneas podéis ver una ilustración que corresponde al famoso relato "La Araña", de ya sabéis quién.

Así pues, aquí una galería de los títulos y portadas de estas cotizadísimas ediciones. ¡A disfrutar!

“Das Nebelmeer” Edgar Allan Poe (1914)


“Phantastische Geschichten” E. T. A. Hoffmann (1914)

 


“Mein Begräbnis” Hans Heinz Ewers (1917)     

   



“Die andere Seite” Alfred Kubin (1917)

 
 

“Lemuria. Seltsame Geschichten” Karl Hans Strobl (1917)

 
 
“Visionen der Dämmerung” Oskar Panizza (1917)     

    



“Mystische Geschichten” Honoré de Balzac (1920)   

      



“Von Teufeln, Geistern und Dämonen” Gustavo Adolfo Bécquer (1922)