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martes, 23 de diciembre de 2014

LIBROS IMAGINARIOS (Que deberían existir y ser publicados a la voz de YA)



Llegan las fiestas. Aparecen los turrones, los terrones (de azúcar) y los copones (de nieve… y de alcohol); y también llega la hora de decidir entre la marabunta editorial que enriquece el modus vivendi consumista del buen –o mal- lector. En lugar de la típica lista de recomendaciones o de la glosa a los mejores libros devorados este año que se acaba, voy a elaborar un inventario de libros que no existen y que deberían existir. Pero nada de los libros imaginarios que elaboran en sus brillantes mentes los editores de Jekyll y Jill (como ese que comentaron que recopilaría fotos de actores porno daneses de los años sesenta y sus efigies en la actualidad), sino ediciones plausibles, deseadas, con traductores idóneos y totalmente publicables. Por supuesto es un homenaje a algunas de mis editoriales favoritas, a las que también aprovecho para dar ideas para regalos (¡es navidad!). Coged el bloc de notas y vamos allá:

CUENTOS DE POE Ilustrados por Berni Wrightson (Traducción de Jose María Nebreda. Editado por Libros del Zorro Rojo)

Solo los ocho cuentos de Edgar Allan que ilustró el señor Wrightson, en una nueva traducción del gótico Jose Maria Nebreda y, por supuesto, con reproducciones a todo color de estas joyas del arte acompañando cada texto. Incluye prólogo del traductor y las obras, que son “Un descenso al Maëlstrom”, “El Pozo y el Péndulo”, “La Máscara de la Muerte Roja”, “El Barril de Amontillado”, “Los Crímenes de la Calle Morgue”, “El Gato Negro”, “El Entierro Prematuro” y “El Corazón Delator”. Los chicos de Libros Del Zorro Rojo ya han sacado alguna obra de Poe, pero con este volumen (a tamaño enorme, por supuesto) se coronarían.

MOONCHILD Y OTRAS HISTORIAS DE SIMON IFF (Edición de Javier Calvo para Valdemar Gótica)


El detective de lo oculto creado por nuestro mago, filósofo y crápula preferido, Mr. Crowley, requiere de una edición en condiciones vía los negros libros de Valdemar. Javier Calvo se ocuparía de prologar y verter al castellano la psicodélica novela “Moonchild” y como complemento, y ya que nos ponemos, el resto de cuentos cortos protagonizados por este ocultista con bombín. Un tomazo de fantasmas, magia negra y satanismo para nuestro uso y disfrute.

SALAMBÓ, De Gustave Flaubert. (Edición de Mauro Armiño para Valdemar Clásicos)

Mucha gente sueña con encontrar el amor de su vida, con un aumento de sueldo o la posibilidad de dejar huella en la historia. Yo sueño con un tomaco de Valdemar clásicos de la obra más fenicia, gore y destroyer del gran Gustavito. Por supuesto con traducción, introducción y notas del gran Mauro Armiño (que ya le ha metido mano a “Madame Bovary” y a “La Educación Sentimental”) y a la que tampoco le haría mal la inclusión de algunos cuadros clásicos ambientados en Cartago a modo de ilustración. Tengo un hueco en la estantería preparado para esto desde hace extraños eones.

SAGA FANDORIN COMPLETA De Boris Akunin (Edición de Nevsky Prospects)

Ya esta faltando que la editorial más rusa de las que publican en castellano nos deleite con uno de los huecos más vergonzosos de las ediciones en spagnolo: la divertidísima saga del espía y detective Erast Fandorin en su totalidad. Trece novelas, nada menos, y en total uno de los más brillantes homenajes modernos a la literatura de género. Salamandra editó aquí solo las cuatro primeras (y yo he leído unas cuantas más en inglés), pero… esta imaginaria edición podría ser, además de completa, definitiva. Recopilando varios libros en una serie de tochos a doble columna e ilustraciones “pulperas” podría salir algo más majo que las pesetas. Pero esta vez no seré tiquismiquis ni con traductor, formato, ilustraciones… ¡Como sea! Pero sacad esto ya, maldición.

“THE SEVEN ADDICTIONS AND FIVE PROFESSIONS OF ANITA BERBER” (Edición de ES POP)


Uno de los interesantísimos lanzamientos de la mítica (y yanky) Feral House, la biografía –profusamente ilustrada-, de Anita Berber: Musa de la Weimar (actriz, poetisa, bailarina, dramaturga…), agitadora de la Alemania de los años 20 y una juerga continua que gustaba de aparecer en los saraos desnuda, con un sable colgando y la cocaína siempre a mano. Siendo este un tomo biográfico, decadente, relacionado con una estrella “vintage”, y lleno de fotografías que lucirían estupendamente en una edición grande y de tapa dura, asigno este libro a los señores de Es Pop para que nos deleiten con su edición en castellano. Ea. La sacerdotisa de la depravación no merece menos.


“MARDI” De Herman Melville (Traducción de Francisco Torres Oliver y publicada por Alba).


Los chicos de Alba han sacado TODO el canon marítimo de Melville (excepto “Taipi”, que ya la publicó Valdemar no hace tanto, y “Billy Budd”, que van a publicar en breve), pero les queda nada menos que “Moby Dick”, la cual entiendo que no tengan prisa en sacar dado que hay ediciones nuevas casi cada mes, y este “Mardi”. Lo que me da más morbo de todo esto es que “Mardi” fue la primera obra experimental del gran Herman —Por tanto antecedente de la gran ballena-, la  primera que se estrelló entre sus lectores (obligándole a escribir “Redburn” y “Chaqueta Blanca”, de las que él mismo renegó por considerarlas alimenticias) y, lo más importante, JAMÁS se ha traducido al castellano. Teniendo en cuenta que Francisco Torres Oliver (ese semidiós) ya ha traducido un par de libros marítimos para Alba… chicos, no sé a qué estáis esperando.


CUENTOS COMPLETOS de Robert Aickman (Traducción de Oscar Mariscal para Atalanta).


Pues sí, uno barre para casa cuando puede. Robert Aickman es uno de los autores más tristemente desconocidos en este país, y solo poseemos una antología de Atalanta en castellano. Perfeccionamiento contemporáneo del horror y el “weird” clásicos, una prosa estilista casi inimitable (aunque gente como Neal Gaiman lo han intentado) y la friolera de más de 30 cuentos aun inéditos en nuestro idioma, me llevan a exigir al conde Siruela (que es el único aristócrata que admiro, aparte de a Drácula) que termine lo que ha empezado. Que se saque de la manga una edición completita de los cuentos de Aickman tan chula como la que publicó Tartarus Press, y si puede ser que Oscar Mariscal, traductor supremo de cosas inéditas de los más grandes, se ocupe de la edición… bueno, ¿tengo que decir donde tenéis un comprador seguro? Ya puede valer de 70 para arriba, no importa.

“LOS ARCHIVOS E.C.” (Ediciones tochales a cargo de Diábolo Ediciones)


Porque una navidad sin tebeos viejos de terror ni es navidad ni es nada. Tengo el canon íntegro de E.C. cómics –ese monumento imprescindible de la historia de los cómics, en el que se han mirado décadas de artistas de todo medio desde su publicación- en las mini-bibliotecas “Grandes del cómic” que editó Planeta allá por primeros de década. En formato pequeño, blanco y negro… muy bien recopiladas y completitas, eso sí es verdad. Pero cualquier persona de bien sabe que las ediciones “Archives” de los Usa, con su formato gigante, su tapa dura y, lo principal, las historias a todo color son TOO MUCH! Chicos de Diábolo que estáis en los cielos de la excelente edición de clásicos comiqueros en castellano, verted este material al spanish y os ganaréis un lugar de oro en el olimpo de las glorias editoriales patrias.

CORRESPONDENCIA ENTRE HERMAN MELVILLE Y NATHANIEL HAWTHORNE (Edición de Acantilado)


Porque los caligramas romanticones que escribió Apollinaire a su musa mientras estuvo en la Gran Guerra están más que bien, pero Acantilado debería efectuar una labor detectivesco-epistolar y desenterrar las movidas filosóficas y literarias que pudieron bullir entre estos dos genios de las letras de los Estados Unidos. Los que podían hablar entre ellos de “American Gothic” antes de que ese término se aplicara  a otra cosa, tuvieron una relación tensa y tirante que queda para la historia. Vecinos campestres y colegas de pluma, intercambiaron cervezas en el porche, poemas y tiranteces ideológicas que seguro que en sus cartas darían para un tomo bastante cuco. No olvidemos incluir la famosa carta de la señora Hawthorne en la que se quejaba del “amigo rarito” ese que venía a dar por saco casi a diario con sus historias negrunas de fantasmas marinos y ballenas con mala leche. Un tomo imprescindible para cumplimentar el solaz literario y las ansias de cotilleo a partes iguales.


THE MOON AND SERPENT BUMPER BOOK OF MAGIC De Alan Moore y Steve Moore (Editado por La Felguera)


Se me ocurren al menos seis o siete libros que La Felguera podría editar, pero tengo que quedarme con el quizás más imposible y a la vez deseado de esta lista. Steve Moore, el amigo del gran Alan, falleció a primeros de año y no sabemos en que estado se encontraba esta ilusionante obra en la que trabajaban juntos desde hacía siglos. Una mezcla de guía práctica de la magia, aderezada con divertidos pensamientos filosóficos a pachas y una biografía de todos los personajes que han hecho historia en el ocultismo. El señor Moore debería publicar el proyecto, aunque este inacabado, como tributo a su gran amigo y no menos importante figura histórica de las viñetas y la contracultura inglesas. Si alguna vez tal milagro ocurriere, sé que vosotros, Felguera boys and girls, estaréis a la altura del evento.

Y esto es todo por ahora. El año que viene podría incluir otra wish list con el resto de mis editoriales de cabecera (por si acaso iros preparando: Barsoom, Impedimenta, Satori, Tyranosaurus Books, Jekyll y Jill, Capitán Swing, Fata Libelli, Gigamesh, Caja Negra, La Biblioteca del Laberinto, T&B, Ginger Ape, Sexto piso... y fijo que me dejo unas cuantas más), porque sigue habiendo cientos de libros que están faltando en el supuestamente sobresaturado mercado editorial español. Todas las editoriales independientes (e incluso alguna de las “dependientes”) hacéis una labor importantísima. Que el gran Rafael Díaz Santander resumió en una sola frase: “Gracias a esto todavía tengo algo que leer”.

Ah. Y hablando de editoriales independientes... tengo un anuncio que hacer a primeros de año. Permanezcan atentos a sus pantallas blogueras. 

miércoles, 2 de abril de 2014

“JAGANNATH” De Karin Tidbeck



Gracias al artículo “El Erotismo de un Zeppelin” publicado en El Pais hace unos días y que hace un somero repaso a la “weird fiction” moderna, me he decidido al fin darle un tiento a este “Jagannath” de la sueca Karin Tidbeck, que me tentaba desde hacía un tiempo; Y el cual es una recopilación de cuentos “de lo extraño”, como los califica Luis Sucasas, autor del mencionado artículo. El caso es que en Europa llevamos una buena temporada –de varios años ya- con una corriente “underground” de escritores de fantasía moderna que no tiene nada que envidiar a los clásicos. Sin ir más lejos, en España existe una editorial como Aristas Martínez haciendo campaña de esta inclasificable rama nueva del cuento de horror o fantasía clásico, con sus recopilatorios “Presencia Humana” (del que van 3 entregas ya) en la que autores hispanos e imprescindibles como Emilio Bueso, Colectivo Juan de Madre y muchos más nos presentan el lado más retorcido del relato de género.

En un futuro me gustaría hablar en profundidad de esta literatura “de lo extraño” como la calificó Javier Calvo en su artículo sobre los autores arriba mencionados, que también se puede llamar “slipstream”, concepto del cual ha hablado (y practicado) con extensión el autor Ismael Martínez Biurrum. Resumiendo pues, en mi modesta –pero más o menos documentada- opinión de lector irredento, nos referimos a ese tipo de relato en el que en un entorno más o menos realista, hay una especie de desvío hacia otra parte que cambia la concepción de todo lo que estábamos leyendo y nos sumerge en una atmósfera desasosegante. Si bien esta definición parece típica del cuento de terror clásico, en realidad esta nueva “weird fiction” tiene más que ver con el surrealismo que con los fantasmas de toda la vida. Los personajes a menudo no reaccionan con sorpresa frente a la rareza que inunda sus vidas, sino que se dejan llevar por el entorno, creando en el lector una placentera sensación de estar desubicado. Es, digámoslo así, el paso natural que va de Poe a Le Fanu, después a Conan Doyle y Arthur Machen, pasa por Lovecraft y Kafka y acaba eclosionando en quien para mí es el primer clásico imprescindible de este tipo de obra: Robert Aickman. 


Los cuentos de Karin Tidbeck recopilados en “Jagannath” –que han aparecido en Suecia pero también en inglés en revistas tan prestigiosas como la nueva “Weird Tales”- son un paseo por este tipo de literatura al margen de convencionalismos. Narrativamente están escritos con un lenguaje conciso casi siempre y rebuscado solo cuando es necesario crear un determinado efecto –hace mucho en el placer de esta lectura la soberbia traducción de Carmen Montes Cano y Marian Womack- y todos ellos podrían ser considerados como una especie de tétricos poemas en prosa. A mi me han recordado mucho al Neal Gaiman más sórdido, además de, por supuesto, al mencionado Aickman a quien debe más de un toque de estilo. En “El Complejo de Vacaciones de Brita” aparece como escenario esa típica casa de reposo aislada del mundo que recuerda a tantos balnearios y hogares de retiro en los que Aickman ambientó muchas de sus historias. También en “La Montaña de los renos” Tidbeck presenta un escenario con ecos de un pasado oculto que consigue meter a los personajes, y por ende al lector, en otro mundo envenenado. Basta doblar una esquina para entrar en la locura, y una de las virtudes de Tidbeck es conseguir una transición fluida y poética hacia esos lugares escondidos. Llenos de personajes extravagantes, imposibles y, algunos de ellos, sumamente atractivos.

Si tengo que elegir una temática que recorre la espina dorsal de casi todas estas historias es la de la posesión. Los protagonistas del mundo de Tidbeck suelen ser niños o adultos caprichosos que buscan tener algo que atesorar, amar o esconder para ellos. Es el caso de “Beatrice”, donde un hombre se enamora de un zeppelín –así como suena- en un mundo en el que las máquinas tienen sentimientos aunque a veces sean difíciles de interpretar. O ese malsano conflicto por una prenda que recorre la mencionada “…Montaña de los Renos”. Además en otro par de relatos aparecen homúnculos (ya sean de la clásica raíz de mandrágora o bien de cultivo casero) y en ambos casos se produce una relación de amo-esclavo entre persona y humanoide –como ocurría con los objetos en el cuento del zeppelín-, a pesar de que la intención siempre era el cariño al principio. “¿Quien es Arvid Pekon?” es, por el contrario, una historia de horror corporativo que sin duda Kafka hubiera elogiado, y en el que la posesión –en este caso mediante un juego de identidades telefónicas- puede cambiar la realidad. La identidad es, de hecho, vital en este libro. No hay más que echar un vistazo al índice para comprobar que la gran mayoría de relatos contienen el nombre de un personaje.

Los últimos cuentos del libro son los más cercanos a la literatura de género, y más concretamente al relato de fantasía desviada que Gaiman ha practicado a veces. “Augusta Prima” y “Tías” son como versiones “gore” (de hecho muy “gore”) de los clásicos cuentos “feéricos” ambientados en reinos paralelos en los que aun habitan elfos y reyes de los bosques. Tienen una estructura similar a los mismos y, de hecho, el caso de “Augusta Prima” es especialmente logrado, pues uno asiste a su lectura como a la de la descripción de un sueño. Una vez más tengo que quitarme el sombrero ante la labor de traducción por conseguir reproducir el efecto sin duda envolvente que debe tener la prosa original de Tidbeck. Aunque si debo destacar dos relatos que me han encantado especialmente tengo que mencionar “Rebecka”, con su realismo que se troca pesadilla en un par de frases memorables de su final y “Pyret”, que con una estructura de estudio documental del folklore, es quizás el más claro cuento de terror al estilo clásico. Recordando en algunos momentos al postmodernismo del mejor Stephen King.

En definitiva una opción más que respetable para los que no desdeñan el cuento clásico pero hoy por hoy prefieren una relectura de “extrañeza” bien entendida y que no se quede en mero juego pirotécnico, sino que comunique y sepa entretener a la vez.
 

miércoles, 30 de mayo de 2012

CRÓNICA FALSAMENTE BREVE Y ALTAMENTE ABSURDA DE LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2012


Absurda  por varias razones. La primera porque no soy periodista –por lo que la impresión será subjetiva y se(s)gada con una guadaña, la segunda que esta es solo la segunda o tercera vez que asisto a tan magno evento –y mis percepciones no tienen mucho con qué comparar-, y por último, pero no menos importante, mi absurdez vital me lleva a verlo todo de forma… pues así, absurda. Nadie me va a arrebatar, eso sí, la legitimidad de poder decir que estuve allí, que sobreviví a la experiencia y que os traigo el informe de combate para vuestro disfrute erótico-festivo. Como sabéis los tres que seguís esta errática bitácora, por estos lares la confusión y la psicodélia reinan a sus anchas. Así que si lo que buscáis es una crónica erudita, seria y fidedigna de lo que pasó en Madrid el fin de semana pasado (y de qué diablos va todo eso), seguid buscando.
Llego el viernes a la feria con mi hermano. Eran las 6:30 y el tiempo tiró pronto del sol al crepúsculo –horrible palabra- y de ahí al oscurecimiento. Oscura, como siempre, es la ubicación de cada cosa, porque aquello es tan jodidamente inmenso, que yo (acostumbrado a la feria del libro de Málaga con sus diez casetas y media) tiendo a perderme en lo inabarcable del asunto por mucho letrero o megafonía que inunde mis sentidos. He leído críticas a la organización de las firmas y eventos, y es verdad que la cosa es un poco caótica. Escritores de prestigio –como Eduardo Mendoza o Almudena Grandes- se veían hacinados en inquietantes zulos bajo su foto y enterrados bajo las hordas de miríadas de fanes en busca de firma, tertulia o consuelo espiritual. Como siempre, el contraste entre una primera línea de escritores con un letrero plastificado y colorido con su nombre (¡¡y a veces hasta su foto!!), se solapa bochornosamente con otros escritores –o ilustradores, que también había- coronados con un escueto folio escrito ¡¡A mano!! sobre su cabeza. Tanto autores como editores están al acecho cada vez que se te ocurre comentar algo sobre algún libro ubicado a escasos centímetros del público “Sí, tienes razón… yo soy el autor por cierto”, “¿Ah, sí? Pues si te interesa ese libro, este otro que tengo aquí…”, “Hola. Parece que te gusta la ciencia-ficción. Pues mira, este libro está muy…”, “¿Hace una firmita, ojazos?” y demás anzuelos lanzados a la desesperada en pos del interés del aburrido paseante.
"¡¡Ah, Baterbly!! ¡¡Ah, Humanidad!!"
El trayecto se veía amenizado –y amenazado- por personajes populares del Retiro madrileño (cartúlis, estatuas humanas y pedigüeños varios), que se mezclaban con mascotas de libros infantiles (setas gigantes, una elfa con alitas, una especie de aborto mutante de físico similar al de Humpty Dumpty…) y la verdad es que a veces era difícil distinguir a unos de otros. Aun más esquivando a los corredor@s  enfundad@s en sus mallas de “jogging” cimbreando por entre los asistentes, y algunos incluso  interesándose por alguna de las novedades expuestas y cubriendo las cubiertas –valga la redundancia- de gotas de sudor. Volviendo a las firmas, hubo algunos momentos realmente inquietantes. Uno de ellos fue ver a Boris Izaguirre compartiendo caseta con Fernando Schwartz.
"Ay, señor, señor..."
 A pesar de que ambos son escritores famosos gracias a sus apariciones televisivas, Izaguirre acumulaba entusiastas colas mientras que Schwartz permanecía contemplando el infinito con su afilada mirada y una caída de boca floja bastante espeluznante. Y lo peor de todo es que, más que firmar libros, la ocupación de Boris consistía más bien en posar de forma lánguida junto al panoli de turno en esas sesiones de “Ay, que me hago la foto con el famosete y la enseño luego”, que también sufrió Elsa Punset, otra “TV celebrity”. Pero si hay que buscar el momento más espectacular de la jornada en cuestiones de firmas, me tengo que quedar con una foto que hice emocionado y que, creo, vale más que mil palabras:
¡¡Gerónimo Stilton firma ejemplares de su obra!!
Ya habéis tomado aire después de esto, ¿No? Os entiendo, no todos los días se ve a un personaje propio de la isla del Dr. Moreau dedicando libros cual Arturo Pérez Reverte. Pero bueno, estas terroríficas interrupciones me estaban distrayendo de mis objetivos.
Lo primero y antes de nada había que buscar a Alberto López Aroca, que era uno de los principales motivos para asistir y el único que involucraba a un escritor al que quería conocer –luego, inesperadamente, hubo suerte y conocí algún otro-. En la caseta de Dibbuks/Ilarión, que es la editorial que ha reeditado su mítica novella –No, no se me ha ido la mano y he puesto una “l” de más. Es que es una novela corta- “Estudio en Esmeralda”. Esa cuasi-mítica reinvención de la primera novela de Holmes trasladando el argumento a un entorno futurista y de ciencia-ficción. Aroca, gracias a Chtulhu, es lo opuesto a la típica celebridad de culto autosuficiente y sobrada de sí misma, resultando ser un ente enrollado y con el que cualquier persona decente –y de cualquier tipo- querría pasar un rato charlando. Hablamos de Neil Gaiman, de sus comienzos en la autoedición, de Sergio Bleda, de los bolsilibros de Silver Kane, de sus propios títulos descatalogados (alguno le llevé para que me firmara) y me llenó de gozo al darme la bienvenida oficialmente a su Academia de Mitología Creativa “Jules Verne” de Albacete. Deseando estoy de ir allí a cumplimentar los votos o hacer los sacrificios humanos que hagan falta para ratificar el asunto. Otra cosa: sus dedicatorias son geniales. ¡Chapeau, maestro!
Aroca firmando libros. Foto miserablemente robada de Facebook.
 Aquel día acabamos en la infaltable caseta de “Estudio en Escarlata”, donde pillé la reedición del primer libro de… ¡¡¡Harry Stephen Keeler!!! Pensaba que ya se había suspendido la recuperación de tal joya, así que arramblé con ella y con las tres primeras novelas del ciclo de marte de Burroughs, felizmente recuperadas con ilustraciones y notas por los ínclitos muchachos de La Biblioteca del Laberinto, ¡Loor y gloria a ellos! Las compras, como es lógico, fueron copiosas en los dos días que dediqué a zascandilear por la feria. Las casetas se dividían, como siempre entre las de las librerías y las de las editoriales. La verdad es que, obviando la de “Estudio…” me motivaba mucho más inspeccionar las segundas, para darme cuenta por enésima vez de que cada vez hay más editoriales pequeñas y arriesgadas, que no paran de sacar material y, supongo, de venderlo. No parece que haya crisis para este sector, porque las publicaciones raras se multiplican como cucarachas al calor. Eso es bueno. En cuanto a las consagradas… por supuesto Valdemar sigue siendo estéticamente la mejor caseta de la feria, y además presentaban una nueva entrega de su sello dedicado al western, entre las góticas novedades de rigor:

Por supuesto la de Planeta de Agostini, que ocupaba cuatro o cinco casetas, fue ignorada por mi mismidad, así como la de Vips. Esta última añadía, para más oprobio, vendedores con el uniforme –gorra incluida- de esta franquicia de restaurantes que, dependiendo del establecimiento, pueden vender también algunos libros chorras. Un espectáculo dantesco que confirma la categoría de fast-food de cierta literatura.
Siguiendo con las editoriales, en Jaguar piqué con el nuevo libro-ensayo del gran Carlos Díaz Maroto, en este caso un estudio sobre todas las apariciones en cine y televisión de Superman y Batman. ¡Ah! Y espectacular la caseta de los postmodernos y actualísimos Alpha Decay. Fue un shock comprobar que los tópicos a veces son reales, al ver que el chico y la chica que atendían el chiringuito –ambos, por supuesto, editores de …Decay- lucían unas inevitables… ¡¡Gafas de pasta!! En cualquier caso me agencié con su versión de “La Llamada de Cthluhu” en traducción de Javier Calvo, y les di la enhorabuena y las gracias por publicar “House Of Leaves” el año que viene. La chica de las gafas de pasta –muy agradable y simpática, por cierto- me dijo que ella se encargaría de la maquetación de dicha obra. ¡Glubs! Le dije que valor y al toro.
Un ejemplo de lo bien que se lo van a pasar los chavales de Alpha Decay maquetando "House Of Leaves"
En general la jornada mañanera del domingo fue, además de más calurosa -¡Gracias, caña de cerveza!-, mucho más concurrida. Ingentes cantidades de piquetes en busca de la firma de los sudorosos escritores se desparramaban entre los escasos huecos entre caseta y caseta, pudiendo provocar más de un caso de insolación o combustión espontánea; además del peligro de las casetas de corte juvenil-infantil-comiquero. Algunas de las cuales –como la de la tienda “El Coleccionista”, de Lavapies- me hubiera encantado examinarla con más detalle, pero me estaba entrando sarpullido con tanto niño vociferante y padres en busca de algo con colorines para que el crío en cuestión se callara; algunos de esos esforzados progenitores incluso se clavaban delante de los expositores portando un cochecito infantil que bloqueaba tu paso, y dentro del cual gritaba otra banshee clamando venganza. Tras volver a saludar al señor Aroca, mis oídos –ya para entonces bastante castigados con tanto escándalo y megafonía de los veinte duros- creyeron oír el nombre de Juan Jacinto Muñoz. ¡Vaya! ¿Rengel? Uno de mis autores favoritos firmando a escasos metros y yo ni me había enterado de su asistencia. Total, que fui corriendo a la caseta en cuestión (la 55), cuando me di cuenta de que me encontraba concretamente en la 268 o así, por lo que lo de “escasos metros” había sido algo precipitado. En fin, tras otra caminata de casi veinte minutos bajo el sol de justicia y a través de la ingente fauna del Retiro, me presenté y charlé un rato con el susodicho JJM. Conocía mi blog porque había enlazado en facebook la reseña que escribí sobre su “Asesino Hipocondríaco”, así que hablamos de steampunk, engranajes, golems y todos esos gustos que tenemos en común. Una experiencia muy buena y otro escritor muy majo. Aunque tuviera que comprarme otra vez su libro para que me lo dedicara, lo hice con sumo gusto.
Por cierto que me dijo el señor Rengel que esta maravilla está complicada de conseguir. Pedidla si podéis o abalanzaos sobre ella si tenéis la fortuna de toparos con un ejemplar. Estamos ante uno de los mejores libros de relatos de las últimas décadas.
¿A quién más avisté por ahí? A Andres Neumann, que debió hacer un hueco en su apretada agenda para asistir a unas firmas con colas también bastante pobladas. Supongo que eso significa que este mes solo publicará ciento cincuenta libros, en lugar de los doscientos habituales. A Guillermo Fesser y a Manolo Gutierrez Aragón, volviendo a sus instintos novelísticos, dado que el cine español cada vez está peor. En el caso de Aragón me resultó complicado reprimirme de lanzarle un grito en plan: “¡Vaya coñazo de películas hiciste con el mejor libro de la historia!” Pero decidí dejar que siguiera siendo Fernando Arrabal el defensor oficial a ostias de Cervantes. También vi un par de veces a Paul Preston, que firmaba al lado de Rengel. Y me subió la lubricidad cuando creí atisbar a Camilla Lackberg en una caseta, pero al más puro estilo Adolfo Becquer resultó ser solo un poster. Y había las clásicas casetas en las que te podías llevar reproducciones facsímiles originales del “Quijote” o del “Beato de Liébana” al módico precio de quinientos euros o por ahí. Había casetas dedicadas a libros de música, de ajedrez y también de temática homosexual, en cuyo stand observé un libro-ensayo sobre política con el poético título de “Por el Culo”.
La verdad es que a la una del mediodía y cargando con la maleta –que cada vez pesaba más gracias a la cultura- yo estaba ya un poco hasta las narices de tanto libro y decidí despedirme hasta el año que viene. Porque a pesar de la crisis, los e-books, la mala organización, los escritores durmiéndose mientras firman, las mascotas grotescas y las hordas de fans inabarcables, esto sigue siendo una cita obligada. Además, siempre me quedará el haber conseguido firmas para algunos de mis libros de cabecera, además de las compras con un descuento del 10% y sin olvidar la visión casi divina de este jodido ratón firmando libros.
Y además fetichista, como buen literato.