domingo, 3 de junio de 2012

"DARK MATTER" De David Lloyd

Alborozado me abalancé hace unas semanas sobre la edición en castellano de “Materia Oscura”, tenebroso recopilatorio que reúne el trabajo durante décadas de David Lloyd y bellamente publicada por 001 Ediciones. Este ínclito “free-lance” de las viñetas británicas lleva desde sus años mozos, allá por las postrimerías de los setenta, dando el callo con sus lápices y tintas aunque todos le conocemos –y le estaremos siempre agradecidos- por ser el ilustrador de “V De Vendetta” la mítica obra de Alan Moore. Por eso es motivo de regocijo tener la oportunidad de echar un vistazo a su trabajo en el campo del relato corto, concretamente corto y de corte siniestro, añadiéndole para más interés una pequeña intro a cada historieta en la que nos cuenta las circunstancias de su creación y publicación. Y sí, como el mismo reconoce en el prólogo, “Era de lo más obvio que no estaba hecho para dibujar gente alegre y sonriente”.
Lo genial de este batiburrillo de historias de terror, sci-fi y suspense es la variedad de estilos narrativos según las épocas que vivió Lloyd y la ficción de género que imperara en los distintos y alejados periodos en los que trabajó. Desde los vampiros y demonios estilo EC de las primeras y más ingenuas historias –divertidísima “Arpía” con una vampira enamorada que quiere llevar al huerto a su marido en vida y algo más floja “El Oro de los Demonios”, una pieza clásica de invocaciones infernales que salen rana-, pasamos poco a poco a un tipo de relato de implicaciones psicológicas mucho más profundas y en el que su experimentación formal en el campo ilustrativo se muestra mucho más trabajada.

Especialmente estupenda es la historia de ambiente victoriano “El Hombre de la Niebla”, que según cuenta Lloyd descubrió años después con gran vergüenza que se parecía excesivamente a un viejo relato del maestro Algernon Blackwood, un pequeño plagio no intencionado. De todas formas a mi me recuerda también mucho al típico cuento macabro de Conan Doyle, con su estilo seco, poco complaciente y coronado con un giro de ingenio que deja el cuerpo en un delicioso estado de mal rollo. Mientras que “Diario de un Viajero Espacial” es el comienzo abortado de una posible serie de ciencia-ficción metafísica, tan en boga por la época del comic ochentero en que fue publicada. La historia no desentonaría en un libro de Philip K. Dick o incluso de Lem, pero también nos sirve para disfrutar de un David Lloyd cuyo virtuosismo con el carboncillo va ganando unos enteros cada vez más espectaculares y demostrándose que entre los pocos dibujantes realmente personales –de esos que solo con echar un vistazo a una de sus páginas ya sabemos identificarlo-, el británico debe ocupar sin duda un puesto de honor.

Tengo que destacar algunas historias más. La soberbia “La Gran Muerte”, cuenta con guión de mi admirado Peter Milligan –ese hombre que cuando se dedica a sus proyectos personales o de toque “Vértigo” brilla tanto como Morrison, pero que cuando se dedica a los superhéroes la caga estrepitosamente-, y en este relato crean juntos  una atmósfera de fin del mundo más basada en la autodestrucción que en los apocalipsis y que es deprimente como ella sola. Las sombras de Lloyd están por supuesto a la altura del reto, siendo como es el dibujante que nos sobrecogió con la distopía inglesa llena de claroscuros por la que se movía V. Igualmente negra es la extraña historia de fantasmas “En su Lugar”, que adapta con gran maestría un cuento de su compatriota Ramsey Campbell. Y en el que, como es habitual en la obra de este interesante autor de horror moderno, la cotidianía más plácida y vulgar se puede romper con una pequeña fisura en la realidad. En este caso una especie de edificio fantasma que se aparece ante la morada de una aburrida ama de casa que recoge piedras para su jardín. Impresionantes los rostros de los personajes, que en estas viñetas cuentan la historia a través de unas miradas llenas de matices y significados ocultos.

Aunque siguiendo con los cuentos de fantasmas melancólicos, imprescindible el hermoso y terrible a la vez “Recordando a Rene”, escrito por otro gran artista vinculado al señor Moore, Stephen Bissette. Una historia corta, sencilla y en la que la casi inexistente trama se va punteando ella sola a base de detalles en cada plano –que hay que seguir poco a poco con atención, hasta llegar a la inevitable explicación final- y en la que queda claro que, a veces, menos es más. El relato “Una Impresión Duradera” es otra de las joyas de este libro, con una historia que no desentonaría para nada en aquellos espeluznantes comics de la EC, que antes ya mencionamos –a pesar de ser un tebeo realizado ya a primeros de los noventa-, pero por supuesto con toda la maestría del que ya llevaba tiempo curtiéndose en su trabajo. La historia de un cruel asesinato con otro giro final que, no por tópico, deja de ser efectivo. Y menos ante el despliegue de narrativa implacable y símbolos –como el del busto del asesino- que consiguen hacerla atemporal.
En definitiva un tomo especialmente dedicado para esquizofrénicos como yo que igualmente disfrutan con una historia de terror pasada de moda, con un relato de surrealismo macabro o de vanguardia terrorífica. Si a eso le añadimos el arte de un dibujante siempre ajeno a modas o a escuelas temáticas dentro del cómic, poseyendo en cambio una poderosa narrativa personal, pues miel sobre hojuelas.

1 comentario:

miquel zueras dijo...

Qué bueno es Lloyd. Me apunto ese libro ya mismo de la interesante editorial 001 Ediciones. Saludos. Borgo.