jueves, 7 de junio de 2012

TRISTEZA Y FANTASÍA (1920 -2012)

“Algunas personas entristecen cuando son terriblemente jóvenes. Al parecer sin una razón especial, casi como si les viniera de nacimiento. Se hacen heridas más fácilmente, se cansan antes, lloran más rápido que otros, recuerdan durante más tiempo y, como digo, se vuelven tristes más jóvenes que nadie en el mundo. Lo sé, porque yo soy uno de ellos”
Ray Bradbury. “El Vino del Estío”
No sé si esta cita es realmente adecuada para abrir este humilde homenaje a ese gran maestro de las letras, que nos dejó ayer tras una vida plena de obras de arte en forma de relato, prodigios con disfraz de novela y sapiencia camuflada como ensayos desenfadados. No sé si Bradbury fue realmente uno de esos niños tristes que supo retratar tan bien, como el Douglas Spaulding de este “…Vino del Estío” –un libro imprescindible que no cuenta con la fama de sus “libros mayores”-, y no sé tampoco si yo llegue a encajar alguna vez en esa categoría de niño melancólico. Disfruté como un enano de mi infancia, aunque también me asaltaron muchos ecos oscuros y tristes. Por ejemplo cuando leía a Ray Bradbury y descubría que el mundo era hermoso pero feroz y tan luminoso como trágico. En esa descarada nebulosa de invenciones teatrales que suele ser nuestra memoria de lo que realmente ocurrió en nuestra niñez, quizás sea presuntuoso por mi parte pretender evocar como me sentía en mi edad más temprana. Y como para evocar ese sentimiento –de forma pura, descarnada, bella y real- ya tenemos los libros del señor Bradbury, mejor me concentro en intentar describir como me siento hoy. Y desde luego hoy sí estoy triste.

Triste porque poco a poco la vieja guardia de la ciencia-ficción clásica se apaga. Ya solo queda Matheson y, ay, solo tiene seis años menos que Bradbury. Alguien que, como el viejo Ray, llega a vivir hasta los noventa y uno –parece que quisiera llegar a ver el futuro tan negro que pintó en sus “Crónicas Marcianas” o en “Farenheit 451”- dice mucho acerca de la alegría vital del creador. Si contemplamos sus últimas fotografías seguimos viendo esa sonrisa del que se lo pasa en grande desde sus años mozos, y es que a pesar del pesimismo del que a veces hacía gala de forma tan sobrecogedora, también es cierto que hay pocas obras que destilen más pasión, vitalidad y pura felicidad como la de Bradbury. Su infatigable proceso creativo quedaba bien a las claras en su –recomendadísimo, lectura de cabecera para mí- “Zen en el Arte de Escribir”. No tanto un manual de narrativa (aunque también), ni una lista de herramientas para el escritor novel (que sin embargo no debe dejar de tomar nota casi en cada página), sino una imprescindible guía para la existencia. Una declaración de amor hacia la lectura y la escritura que Bradbury, con su clásico tono sentimental pero sin concesiones, desgrana en unas páginas llenas de gozo y alegría de vivir. Y de escribir.
Sensaciones. De eso trata la obra del maestro. Y en mi opinión no era solo un autor de ciencia-ficción como rápidamente le etiquetaron, sino uno de los mejores escritores –que usaron la fantasía- del siglo XX. De leer al Bradbury “sci-fi” pasé al realista, incómodo y definitivamente variado en su paleta de “El Hombre Ilustrado” –otra joya de recopilación, a la altura de sus “marcianismos” y que el inútil de Zack Snyder lleva tiempo amenazando con llevar a la pantalla- y de ahí al melancólico y vanguardista de la mencionada “El Vino del Estío” o “La Feria de las Tinieblas”, que cuenta con alguno de los párrafos más hermosos de toda su producción. ¡Pero hay más! ¿Qué decir del Bradbury macabro? Ese que comenzó publicando sus pesadillas en forma de relato breve en la época de declive del “pulp”. El que haya leído su cuento “El Pequeño Asesino” dudo que lo olvide jamás, y para el que no lo haya hecho podéis encontrarlo en el recopilatorio “Maestros del Horror de Arkham House” editado por Valdemar. Porque sí, estamos hablando de alguien tan anciano que llegó a publicar en Arkham, la mítica casa en la que August Derleth recopiló tantas maravillas propias y ajenas. Alguien que vino de la eclosión del género, atravesó su época dorada y se mantuvo hasta que el público lector decidió darle la espalda a la triste fantasía y conformarse con la triste realidad.

Prefiero dejarme de depresivas frases para la posteridad. No tengo ganas de volver a buscar una cita de Bradbury que demuestre una vez más su grandeza emotiva, su capacidad para agarrarnos por el gaznate y llevarnos por un viaje de lágrimas y alegrías, casi siempre efímeras. Prefiero acabar reproduciendo una de sus frases jocosas –también hay mucho humor en su obra, como corresponde a un autor inteligente-, que desde hoy adopto como lema oficial de vida:
“Nunca le hago caso a nadie que critique mi afición por los viajes espaciales, las ferias de monstruos o los gorilas. Cuando alguien lo hace, recojo mis dinosaurios y me voy de la habitación”
¡Que curioso! Nació a finales de un verano y se ha ido empezando un nuevo verano. Ya sabéis, todo renace. Descanse en Paz.

6 comentarios:

El Abuelito dijo...

¡Qué hermosa crónica! Y encima esa cita final que, como usted ha decidido (y con su permiso) hago mía también desde ya: "Nunca le hago caso a nadie que critique mi afición por los viajes espaciales, las ferias de monstruos o los gorilas. Cuando alguien lo hace, recojo mis dinosaurios y me voy de la habitación”...
¡¡ESTE HOMBRE ERA UN GENIO!!

Embryagados dijo...

Ya sabía yo que con lo de los viajes espaciales, las ferias y los gorilas iba a tocar la fibra de la gente sensible. Me la tocó a mí, maldita sea!!!!

Un saludo, abuelito.

Ricardo Signes dijo...

Me quito el sombrero y las gafas. El mejor homenaje a Bradbury de los que he leído. Bravo, Wolfville.

miquel zueras dijo...

Emotiva muestra de admiración por Bradbury. Yo siento debilidad por "El hombre ilustrado", precisamente el único libro de este autor del que he ilustrado una portada. Larga vida a Matheson por el momento. Borgo.

Oscar dijo...

Caramba. Acabo de publicar una entrada sobre Bradbury y después leo tu entrada y veo que he puesto la misma foto que tu. Perdona, no lo sabía a priori.
En ella hablo de un proyecto de comentar mis obras preferidas de Bradbury, y esta se cuenta entre ellas. Me encanta que lo hagas tú. Por cierto ¿no será tuya esa edición firmada de "Dandelion Wine"? Y en inglés.
Yo por ese libro ¡ma-to!.

Su obra, simplemente, me apasiona y me provoca sentimientos que pondría entre los mejores que puede evocar la lectura.

WOLFVILLE dijo...

Pues me parece fatal que me hayas robado la foto para tu post. ¡Donde quedó aquello del copyright! XDDDD Bromas aparte, la internet es muy grande y las fotos molonas siempre apelan a los mismos instintos sensibles ;)

Ya quisiera yo que esa copia firmada fuera mia, ya :( Es un libro por el que matar, sin duda. Sobrecogedor y mágico, como practicamente todo lo que escribió este genio.