miércoles, 20 de junio de 2012

ESPIONAJE SETENTERO: "EL TOPO" De Tomas Alfredson



Aprovechando su salida en DVD hoy mismo –y dada la anemia de la cartelera actual- nada mejor que recomendar esta semana una película tan excelente como “El Topo”. Facilón título en español de “Tinker, Tailor, Soldier, Spy”, la nueva adaptación de una de las mejores novelas de espías del siglo XX; obra del clásico en estas lides John Le Carrè. Una obra perteneciente a la larga serie de novelas protagonizadas por el crepuscular y, en apariencia, pusilánime agente George Smiley. Por supuesto está ambientada a primeros de los años 70 y resulta una fascinante recreación fílmica de una novela que ya era una fiel aproximación a un tema tan interesante como el del espionaje durante la guerra fría. El servicio de inteligencia británico se enfrenta a una de sus mayores crisis al ser detectado un “topo” que está pasando información privilegiada al enemigo, los soviéticos. Como eje de la trama una canción infantil, a la que se alude en el título real del libro/film, al más puro estilo Agatha Christie y que, de hecho, incluye un absorbente “crescendo” dramático en la busca y captura del topo; en una hechizante sucesión de pistas falsas, sospechosos e intervenciones de los propios rusos. Todos ellos tópicos del mejor cine de género que Tomas Alfredson  sabe hacer salpicar en una narrativa densa y absorbente.
“El Topo” ya contaba con una mítica versión televisiva para la BBC que duraba las suficientes horas como para contar la historia del libro al detalle, y que como extra tenía al gran Alec Guiness interpretando al agente Smiley. Un auténtico reto para el director compactar en una trama de dos horas un material tan recargado y legendario, pero del que sale con nota. El sueco Alfredson ya logró sorprender a la platea con su anterior incursión en el cine vampírico, “Déjame Entrar”, cuya frialdad y tono pausado a veces me resultaron un tanto irritantes, a pesar de la voluntad de su autor por hacer algo medianamente original en el género. Pero curiosamente esa frialdad viene como anillo al dedo para retratar el deshumanizado y peligroso mundo del espionaje de altos vuelos de la agencia Chaos; y la paradoja es que los personajes –llenos de matices- acaban haciéndose muy humanos a pesar del gélido entorno. La cámara cimbrea a través de los entresijos de la compañía hasta su misma fuente y a ese respecto son fascinantes los planos desde dentro del montacargas, que tantos documentos vitales transporta de piso en piso. La historia nos lleva de un lado a otro de la agencia –además de pasearse por un par de localizaciones internacionales- para retratar un sistema duro y burocrático en el que nadie puede confiar en nadie. En el que poder y honor son dos herramientas no siempre complementarias.

Los actores son todos de auténtico lujo, en un ABC de algunos de los mejores intérpretes británicos de la actualidad. Tom Hardy y Benedict Cumberbatch aportan la excelente frescura de las generaciones más recientes mientras que John Hurt, Toby Jones o Colin Firth aportan su sapiencia y experiencia en todo tipo de escenarios para hacer creíbles a sus torturados personajes. Hay que hacer especial mención al atormentado agente retirado al que da vida Mark Strong. Un intérprete que se ha encasillado en demasiados papeles de villano, que aquí sin embargo compone un personaje de breve intervención pero realmente clave. Aunque desde luego el film no sería el mismo sin la participación de Gary Oldman dando vida al mítico agente Smiley. La miopía de los Oscars pasó por alto este gran logro. A pesar de haber sido al menos recompensado con una nominación, Oldman merecía mucho más. Su interpretación es sobria, triste, electrizante, espectacular en su desnudez y carente de histrionismos de pega –con los que tanto se asoció a este gran actor en el pasado-, en una sucesión de gestos reptilianos y miradas llenas de significado que le convierten en el Smiley definitivo. Con todos los respetos al señor Guiness, por supuesto.

2 comentarios:

Oscar dijo...

Coincido completamente en que "así" es como yo imagino a Smiley. Sobre todo con esa mezcla de tristeza, seriedad y sensación de que todo lo que ocurre es inevitable, es algo predestinado. Creo que debe ser difícil (y mucho) actuar de manera tan seca ya la vez tan creíble.

Yo también pido perdón a Guiness (a Sir Alec y al de la cerveza de paso) pero Smiley es así.

Félix S. Trabanco dijo...

Justo ayer me compré el Blue-ray de este excelentísimo film. Alfredson es uno de los mejores directores europeos en activo. No soy capaz de encontrarle un solo defecto a esta película. Simplemente genial.