miércoles, 16 de noviembre de 2011

EXPEDIENTE WALLACE: “Molestando a la Molestia”


Hace más de tres años que el autor David Foster Wallace decidió tirarlo todo por la borda y colgarse en el sótano de su casa. ¿Qué ocurrió tras este luctuoso hecho? Lo mismo que pasa siempre que alguien creativo muere: la bifurcación entre los carroñeros que aprovechan la efeméride para explotar un legado que todavía tiene suficientes manuscritos ocultos como para durar unos años –que se lo digan al hijo de Tolkien, que se encuentra uno nuevo cada vez que barre la casa- y el descubrimiento por parte de lectores que no habían oído hablar en su vida de tal personaje y descubren atónitos lo que se estaban perdiendo. Dado que no soy editor, publicista, agente literario, albacea ni buitre, creo que está claro que pertenezco al segundo grupo.

Y mucho ojo, que me parece perfecto que aparezcan páginas inéditas de mis autores favoritos (sigo esperando la publicación de la novela perdida de Conan Doyle, y estoy al loro de cada nuevo texto, cuento, carta, párrafo o lista de la compra que aparece de Robert Howard, otro suicida ilustre), de hecho hoy celebramos que se edita en nuestro país “El Rey Pálido” novela póstuma –si es que no aparece otra por ahí dentro de un tiempo- rescatada de los cajones desordenados del señor Wallace. Un manuscrito de más de 200 páginas preparado en su mesa de trabajo, unida a una selección de otras 300 páginas más relacionadas con el proyecto pero que el autor no ordenó ni clasificó. Así que, cual editor de cine, un montaje ha sido necesario para presentar un texto lo más parecido a una nueva novela que, aun así, sigue estando inacabada. De todas formas, con la sombra de Carver inundando la literatura de Wallace, tampoco es tan traumático leer un texto suyo sin un verdadero final. Trágicamente su carrera literaria ha quedado igualmente incompleta.

Sus inquietas e incómodas historias llenas de fatalismo, un agrio resentimiento con el mundo y, a pesar de ello, una inagotable esperanza, reverberan todavía en un mundo editorial relleno de post-modernistas caducos y realistas ombligueros sin el menor interés. La gran novela americana moderna –si es que tal tópico existe- no es para mí una dura pugna entre los imprescindibles mamotretos de gente como Don Delillo, Cormac McCarthy, Phillip Roth, Thomas Pynchon o el mismo Wallace (¡Toma ya ABC de lo mejor de yankilandia!) sino un ente sinuoso y multiforme al cual el autor que nos ocupa aportó algunas de sus más precisas, hermosas y kilométricas páginas.

Ensayista lúcido, cuentista lleno de diversión y surrealismo, cronista de la paradoja y la mala leche, filósofo de la deshumanización y el corporativismo fetichista, autor de una novela que mezcla la ciencia-ficción con la vanguardia de la forma que muchos encumbrados han soñado con hacer y jamás pudieron… Wallace fue todo esto y más; uno de los mejores ejemplos de que a veces, en efecto, el rumor sobre un autor muerto y reivindicado está lleno de justificación.

Precisamente hoy que se publica “El Rey Pálido” –y se reedita en bolsillo su imprescindible “La Broma Infinita”- es la mejor ocasión para anunciar una próxima sucesión de artículos sobre la obra de este poeta del desagrado ante el mundo. Será intermitente (siempre surgen distracciones, otras reseñas y otras noticias absurdas) y quizás inacabado. Pero será.

3 comentarios:

Ricardo Signes dijo...

Será muy bienvenida la serie sobre Wallace que prometes. Para los lectores es mejor tener a un escritor muerto con un montón de literatura viva, que lo contrario, que es lo habitual.
Un saludo

Sidhe dijo...

Os seguiremos la pista. Fue una pena que se bajara del tren, pero fue su decisión y como dice Ricardo, dejó una muy buena obra.

Saludos!

Ricardo Signes dijo...

Al leer el "Babelia" de este sábado me ha gustado mucho, amigo Wolfville, comprobar que van con más de una semana de retraso respecto a tu Carnaval. También me complace ver que se han apuntado a tu fiesta algunos de los amigos habituales de mis "Zapatos...".
Un saludo.