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lunes, 8 de julio de 2013

“MAN OF STEEL”: O “SUCKER MAN” Y LA PRETENCIOSIDAD DEL VACÍO (Segunda y Última Parte)


Peluquín épico
NI QUE DECIR TIENE -one more time- QUE “SPOILERS” A TUTIPLÉN. Bueno, tras la pequeña polémica surgida en los comentarios de la primera parte de este descuartizamiento, continuamos el viaje. Y ya que estamos hablando de despieces –y como homenaje a la soporífera estructura por episodios de Zack Snyder-, aquí también vamos a analizar lo que nos queda de película por “set-pieces” e interacción entre personajes. Y entre edificios que aplastan personas también:

-Sucker Man / “Redneck” Kent / Jó Con Él: En este primer sub-apartado vamos a analizar la relación del protagonista con sus dos padres: el natural y el paleto. En uno de los mareantes “flash-back” colocados sin ton ni son Ke Bien Costner le dice a su aturrullado hijo adolescente, que no es de este mundo y que seguro que ha sido puesto aquí por alguna razón divina que nadie sabe, pero que bueno, que seguro que llegará su momento un día de estos. Así que le da un “pen drive” con el logo de Superman para que busque a ver por donde lo puede meter. La trama continúa con la sosa aparición de Lois Lane, de la que hablaremos luego y, sin venir a cuento, otro “flash-back” nos muestra el destino final del Papá Kent. Estando en el coche la familia al completo, sobreviene una absurda pelea entre padre e hijo –copiada del “Spiderman” de Sam Raimi, donde el tío Ben y Peter Parker también tenían unas palabritas antes de la muerte del primero-, Clark le suelta un “Tú no eres mi padre, solo eres un tío que me recogió en el campo” totalmente fuera de personaje. 

"Tú escóndete, hijo, lo demás va rodado (por un incompetente)"
Justo después, un tornado aparece llevándose coches por medio y Clark no puede hacer nada porque no debe mostrar sus poderes (dado el coñazo que le ha dado Costner al respecto), así que, ¿Cómo demostrarle a su nene la verdad de estas palabras? Pues resulta que el perro de los Kent se queda atrapado en el coche, con el tornado acercándose peligrosamente, y por supuesto el que va a salvarle es Papá Kent, que tras largar al perro se queda atrapado en el coche en una escena que se supone que debe dar pena y ser épica y lo único que consiguió es provocarme hilaridad. Con un gesto de mano tonta, Costner le dice al hijo “quieto paraooo…” y deja que el Tornado se lo lleve por la cara. Y por supuesto Superman deja morir a su padre de forma absurda, pero eso sí, con la intención de recibir la lección de “nunca muestres tus poderes en público, ni siquiera para salvarme de una muerte ridícula”. A esto se reduce la gran enseñanza de un personaje masacrado no por un tornado, sino por un guionista y un director sin idea del material que están adaptando.

El holograma de Jor Él fumando
Tras dejar a nuestro ¿esforzado? héroe descubriendo su pasado en esa nave sonda que dejaron los kriptonianos en el polo años ha, Clark usa el “pen-drive” kryptoniano que le había dado el ceporro de su padre adoptivo en un boquete que hay por allí. Inmediatamente aparece el clásico holograma de Jor El dispuesto a sermonear a su hijo debidamente y seguir haciendo avanzar la trama a golpe de “deus ex - machina”. Ese científico que murió a manos del General Zod, por defender que un niño kryptoniano debería poder ser lo que él quiera y no lo que le imponga la sociedad… decide imponer a su propio hijo que debe ser el salvador de los humanos. El redentor de la humanidad, cual la clásica metáfora mesiánica (ya usada hasta la saciedad en todas las adaptaciones de Superman), pero aquí especialmente machacada para tontos: No solo es enviado con un propósito sino que además tiene 33 años, decide guiarse por la FÉ –en una escena con un cura particularmente horrorosa- y cuando se tira de la nave para ir a la tierra, lo hace en pose de crucificado, por si algún espectador idiota todavía no se había dado cuenta de la aburrida, tópica y beata referencia. Pues bien, Jor El es el portador de la llave, el que le da el traje, el referente, el que abre puertas en las naves en plan “hago chas y aparezco a tu lado”, el que salva a Lois Lane cuando Zod la tiene atada en la nave… en definitiva, el fantasma de Jor El es el recurso narrativo del escritor/director que no sabe como coño avanzar una trama. Y que con la misma sutileza que hace metáforas cristianas –a golpe de brochazo-, usa a Jor Él para salir de cualquier brete en el que se haya metido la historia. Por cierto que Zod al final re-escribe en plan virus el software de la nave y hace desvanecerse al fantasma de Jor Él. O sea, que no le basta a Snyder con cagarla haciendo que Zod mate al padre de Superman... sino que encima lo mata DOS VECES. 

"Bésame, Clark. Mientrás el mundo explota gracias a ti"
-Sucker Man / Luisa Lanas / Perry “Black”/ “Ladyboy” Olsen: 

En efecto, la presentación de la intrépida periodista Lois Lane en este film es la de una ganadora del premio Pulitzer que además es una espía internacional de altura, una detective que deja a Sherlock Holmes a la altura del betún y una persona que, a pesar de todas esas maravillosas cualidades… parece no pintar nada en la historia. Porque hay que tener talento a la hora de escribir un personaje para ponerlo en todos los fregados, que se camela a los militares del gobierno, se infiltra en bases vigiladas, descubre en dos patadas que la identidad secreta de Superman viene de un pueblucho perdido en Kansas (localizando inmediatamente la granja Kent), que fostia cuando es necesario, que se fuga de naves en marcha –con la ayuda de “Jor Él Ex Machina”, eso sí-… Y que a pesar de todo esto… sea un personaje más plano que un tablero de parchís. Supongo que a esto contribuye la química CERO que tiene con Henry Cavill / Sucker Man, en uno de estos casos de moda en los que la relación sentimental entre los personajes no sucede porque haya una atracción obvia, tengan cosas en común o una profunda historia que los une, sino que el “enchochamiento” sucede POR LA CARA. Y el beso final con chascarrillo penoso hasta decir basta. Una amiga con la que vi la peli me dijo “Esto parece “Crepúsculo”. Y creo que con eso esta todo dicho.
"Huyamos, Jenny, mientras esos dos idiotas se besan innecesariamente"
Perry White y Jimmy Olsen están en la historia simplemente porque hay que hacer bulto. La película es de “Superman” y ya que no aparece Lex Luthor al menos hay que meter a estos dos secundarios míticos; pero claro, tampoco es necesario desarrollarlos lo más mínimo. Con plantarlos allí ya vale, no hace falta que su presencia tenga ningún tipo de incidencia en la trama, hasta el punto de que si los eliminaran la historia sería la misma. Olsen de hecho, no es Jimmy, sino Jenny. Al igual que la Watson de “Elementary” el personaje ha sido feminizado y con el mismo objetivo y planteamiento: “Bastante tenemos con ser originales y cambiarle el sexo a un personaje. Tampoco nos vayáis a pedir que encima le demos algún tipo de justificación al cambio que no sea estética”. Impactante momento el de la destrucción final de Metropolis, en el que Olsen queda atrapada bajo unos escombros y Perry White –en este caso no es white, sino black, pero este cambio no tiene tanta importancia- la coge de la mano y se quedan mirando unos segundos, de forma estética y con musiquita de fondo… ¿Pero qué relación tienen estos dos para que tengamos que sentir algún tipo de empatía o emoción por el momento? Total, antes no se  han visto en toda la película. Pero claro… deben estar ahí. La película es de Superman y es lo que toca. Pero vaya, que son tan maniquíes como el propio protagonista.


Y HABLANDO DE LA DESTRUCCIÓN DE METRÓPOLIS

 
Este Sucker Man -cuyo padre siempre le dijo que nunca usara sus poderes a la ligera y alegremente, peleándose con los abusones del colegio en modo macarra-, lleva a cabo tres acciones “in crescendo” que parecen sugerir que no hizo ni puto caso. Resulta que:

1) Cuando ve que Zod casi fostia a su madre adoptiva, va volando, lo agarra y lo estampa contra varias casas, trigales y graneros de Smallville al grito de “¡¡No te atrevas a amenazar a mi madreeeeeee!!” o algo igualmente patético. Cual “kinki” de barrio y encima destruyendo varias propiedades y sembrados de sus vecinos de la comarca. Esto desemboca en una pelea en el pueblo a base de destrucción de locales y viviendas particulares, con el único resultado de que haya acción en una serie de encuentros físicos insoportablemente largos que, además, están todos rodados de la misma forma.

2) Por supuesto este Sucker Man acaba realizando una acción agresiva mortal contra uno de sus enemigos en un arrebato de “quebrantacuellos” momentáneo. Normalmente Superman no mata, pero claro, estamos hablando de Sucker Man. Un ente creado para las generaciones de niños que se pasan la tarde matando civiles en el “Assassin´s Creed” y que quieren a su héroe cobrándose su tópica venganza con sangre, muerte y destrucción.

 
3) Y sí, destrucción, machacamiento y demolición indiscriminada es lo que obtenemos en la última hora del film, que son básicamente dos peleas interminables de media hora cada una. Snyder se despereza y se da cuenta de que le han pagado por sus planos digitales, acción desenfrenada y manejo de las bellas poses de lucha así que nos bombardea con una pelea absolutamente ilógica, absurdamente estética y  abominablemente estúpida. En “Superman 2” de Donner/Lester, el héroe se negaba a luchar con Zod en medio de la ciudad por los posibles daños colaterales y muerte de víctimas inocentes, quedando ante esas víctimas como un cobarde. Una interesante idea aquí abandonada. Por suerte para las psicopáticas nuevas generaciones y los fans de la épica de baratillo, este “Sucker Man” es un machote que en sus peleas destroza edificios uno detrás de otro, revienta vehículos y se estrella contra docenas de rascacielos que caen al suelo en pedazos. No se nos muestran víctimas mortales pero si no han desalojado la ciudad me temo que, por lógica –algo ausente de todo esto- debería haberlas. Pero claro, ¿Qué importa la lógica cuando podemos poner explosiones, rascacielos cayendo como naipes, ladrillos volando, cristales destrozándose entre puñetazos, caídas de varios metros y otros generosos daños a la propiedad? Las posturitas quedan chulas, así que la coherencia es lo de menos. 


Aquí tenéis un enlace al genial juego “online” creado por el gran Kyle Baker llamado “Asesino de Masas de Acero”, en el que tu mismo puedes hacer rebotar a Superman y Zod destrozando Metrópolis y masacrando a las personas que supuestamente había que salvar:
Creo, en definitiva –y para terminar al fin esta operación quirúrgica- que Snyder ha sufrido un extraño ataque de “nouvelle vague” mezclado con “Nolan style” y mal empastados con su estilo narrativo de postalita sin alma. Si no, no se explican esos saltos adelante y atrás en el tiempo tan mal colocados –fascinante el momento en el que Kevin Costner muere su ridícula muerte y tras un pequeño avance de la trama, nos cuelan otro “flash-back” con Costner otra vez vivo y reiterando sus discursitos. A estas alturas ya sin venir mucho a cuento-, que parece que han agarrado las escenas y las han barajado, a ver por donde las pegamos. Y si a eso le añadimos rollo Godard de cámara en mano, fotografía apagada y feísta, planos “gafapastas” sin sentido y las pocas ganas de desarrollar una historia mínimamente cohesionada, nos sale el batiburrillo lamentable que tenemos aquí. Un insulto a Superman, a su 75 aniversario como icono del cómic, a la versión clásica de Donner y, lo más grave, a la inteligencia de los espectadores. En definitiva una muestra más del estilo Snyder de hacer cine: Una estética a priori muy currada y atractiva… pero llena de vacío y de basura. Casi parece una definición del nazismo.

jueves, 4 de julio de 2013

“SUCKER MAN” O LA PRETENCIOSIDAD DEL VACÍO (Primera Parte)



NI QUE DECIR TIENE QUE “SPOILERS” A TUTIPLÉN (Hasta en los comentarios). Admito que no tenía mayores esperanzas con este “Hombre de Acero” que se han sacado de la manga los de Warner/Dc con la única intención de resucitar una franquicia muy rentable y comenzar a copiar el modelo Marvel de universo cinematográfico compartido –ya están anunciadas “Flash”, “Wonder Woman”, una secuela de “El Hombre de Acero” y, por supuesto, la recopiladora “Liga de la Justicia”-. Y no tenía mayores esperanzas porque el director era Zack Snyder, al que considero un incompetente narrativo que solo sabe rodar planos estéticos yermos de contenido; y además el guionista era David Goyer, otro completo inútil, escriba de la saga “Blade” y director de su última y bochornosa entrega. Pero había un factor a considerar: el productor era Christopher Nolan, autor de una trilogía de Batman para el recuerdo. Pero al final esto ha sido un arma de doble filo, porque resulta que Nolan (estoy convencidísimo de ello) se ha limitado a poner la mano y cobrar beneficios sin rechistar mucho. Una de las pruebas está en la noticia surgida de que el director británico no estaba de acuerdo con el bochornoso final de “El Hombre de Acero” pero que los dos ínclitos Goyer y Snyder batallaron junto a DC comics –otros que hace tiempo que no saben qué hacer con sus personajes- para mantener su mediocre visión del desenlace. Al final Nolan transigió y tenemos ese colofón indigno de Superman. Pero si solo hubiera sido eso…

Snyder y Goyer. "Dumb and Dumber".
Volviendo a lo del arma de doble filo Nolan, en efecto eso ha conseguido que Zack Snyder tuviera carta blanca para fagocitar, copiar y fusilar un 95% del estilo del propio Nolan. Pero mal hecho y sin gracia. Desde que comenzó su periplo como cineasta, Snyder se ha dedicado literalmente a copiar como un papagayo. Su primer film, “Amanecer de los Muertos” no dejaba de ser un “remake” de “Zombie” modernizado –y así y todo sigue siendo su película más correcta-, “300” y “Watchmen” eran dos simples fotocopias din A-4 de los comics originales –mismos diálogos, misma estética, mismos planos, mismo desarrollo- pero eso sí, añadiendo bastantes chorradas comerciales de cara a la galería: en “300” una estúpida trama con la mujer de Leónidas y en “Watchmen” escenas de acción con superhéroes molones que traicionaban el espíritu del cómic y solo aportaban ruido, confusión y más planos estéticos absurdos. De esa aberración tóxica llamada “Sucker Punch” me ahorraré de hacer comentarios. Aunque me ha venido muy bien para el título de este “post”. 

En definitiva, Snyder y Goyer son dos ejemplos de espécimen que hay que alejar como de la peste de las adaptaciones de cómic. Porque son fans del comic. Pon a un buen director que no tenga ni idea de tebeos a adaptar uno y te salen cosas como “Batman Vuelve” de Tim Burton, los “X Men” de Bryan Singer, los dos primeros “Superman” de Richard Donner o los “Batman” de Nolan. Pon a un fan del cómic a adaptar cómics y te salen cosas como “Daredevil” y “Motorista Fantasma”, ambas de Mark Steven Johnson, “The Spirit” de Frank Miller o “Spawn”, orquestada por su propio creador viñetero, Todd McFarlane. Hay algo en eso de estar excesivamente unido a los cómics que echa por tierra la objetividad y permite que acaben saliendo calcos o aberraciones. O en el caso de Snyder las dos cosas.

Y en fin, volviendo a la copia, en “El Hombre De Acero” Snyder fusila molonas poses comiqueras del superhéroe y las inserta en un pastiche del estilo Nolan, aunque no pegue ni con cola. La historia de Superman es aquí una sucesión de ceños fruncidos, oscuridad ambiental, planos de cámara vanguardistas basados en el feísmo, saltos atrás y adelante en el tiempo colocados de forma arbitraria, y ese toque profundo, serio y épico más grande de la vida, diseñado artificialmente para convencerte de que te están contando una historia prodigiosa. Y no solo la historia no es prodigiosa sino que es una auténtica estafa. Un batiburrillo frío, sin alma y  penosamente rodado. Aunque esto último, como os dije al principio, ya me lo esperaba. Lo que es increíble es que se pretenda cambiar parte del origen de Superman… para peor. Añadiendo algunos cambios vergonzosos y con fallos de guion de principiante. Pero no, ¡Guardad las piedras! A pesar de encantarme el personaje no soy un purista. Siempre estoy a favor de los cambios en mor de que las cosas queden mejor –y sin perder coherencia con el original, claro-, pero algunos de los cambios aquí sufridos son execrables, inútiles, facilones y además comerciales. Todos enfocados a eliminar de cuajo la raíz “pulp” del personaje, todo el sentido de la maravilla y del “space opera” del original, la emoción, el interés por el devenir de unos personajes que aquí parecen muñecos (especialmente el protagonista) y todo, en definitiva, para convertir al héroe originario en un mesías de medio pelo enfurruñado, soso, pasivo e inútil.

Esta estatua expresa más emociones que el de la película.
And now the screaming begins…La primera parte cuenta el alumbramiento del héroe en Krypton –aquí una mezcla entre un sueño de peyote de H.R. Giger y el responsable de bichos de Avatar-, con la presentación de Jor El y Lara y la trama que les lleva a lanzar a su hijo en una nave hacia la tierra. Ambos dos actores –Russel Crowe y Ayelet Zurer- son lo mejor de toda la película, aunque el personaje de Jor El –y por tanto Crowe- acabará haciéndose odioso por varios detalles que comentaremos luego. Planos cortos de grandes planicies espaciales, monstruitos alienígenas a lo “Star Wars” que los kryptonianos montan por hacer bonito y darle más acción a la cosa. Parece que va a pasar lo mismo de siempre cuando el núcleo empieza a implosionar y nadie le hace caso a Jor El de que deberían largarse de allí cuanto antes. Pero los cenutrios de Snyder y Goyer guardan un as en la manga que sin duda pensaron que enriquecería la trama de forma maravillosa. Justo antes de la movida nuclear, el General Zod –un Michael Shannon al que le han dicho que grite, mire raro y poco más- da un golpe de estado, y al ver que Jor El no solo va a mandar a su hijo a las estrellas, sino también a una matriz que contiene la semilla de todos los kriptonianos, en un arrebato de villanía se ponen a apalizarse durante unos minutos –las peleas, da igual si es un intento de asesinato, una huida o una bofetada están todas ridículamente coreografiadas como un estético ballet de ostias- hasta que Zod, finalmente, mata a Jor El mientras su esposa lanza la nave del recién nacido. Vamos a ver, Goyer y Snyder…


Todo el mundo que esté medianamente metido en el mundo comiquero sabe que lo de que el Joker matara a los padres de Batman en la primera película de Tim Burton fue una auténtica cagada inenarrable, porque reducía la riqueza del personaje a la de la simple venganza. ¿Y que nos encontramos en “Man Of Steel” a cargo de estos dos auténticos conocedores del medio y defensores del tebeo? Pues exactamente lo mismo: Otra mil veces vista historia de villano que mata al padre del héroe, y del que habrá que tomarse cumplida venganza al final de la película, of course. Y más con un origen tan bonito y cerrado como el de Superman, con esa imagen de los padres mirando la nave que se lleva a su hijo lejos de la muerte… ¿Qué diablos aporta este cambio atroz aparte de aumentar lo convencional y típico de un guion que, pronto veremos, va a peor en ese aspecto? Tras este prólogo, que, a pesar de las chorradas estéticas y ese detalle de la muerte de Jor El es de lo mejorcito del film –porque al menos muestra un mínimo de emoción-, el espíritu Nolan de “Batman Begins” –y de otros films suyos como “El Truco Final” o “Memento”- se adueña de la función y comienzan los saltos adelante y atrás en el tiempo para contar parte de la infancia y juventud de Kal El, alias Clark Kent y su camino para convertirse en Sucker Man. Y es este camino hacia ese momento el que definitivamente consiguió sacarme de la película.

El personaje no evoluciona más que por las circunstancias que nos presentan, que como a niños pequeños nos dicen que eso es así. Vemos a Clark saltando de una franja temporal a otra y currando como un auténtico pluriempleado –pescador, camarero de garito de la América paleta,- barbas y peto siempre dispuesto. Esto se mezcla con escenas de su niñez en Smallville, incluyendo algún apunte interesante como el momento en el que está en el colegio y descubre su supervisión y superoído a la vez. Pero en cuanto su padre adoptivo Jonathan Kent –Kevin Costner- comienza a darle sermones sobre que debería esconderse y que nadie sepa lo de sus poderes ,hasta el repugnante punto, después de un accidente, en que le dice que quizás debería haber dejado morir a los pasajeros del autobús del colegio con tal de no revelar su secreto. Solo le da charlas en las que le dice que no muestre sus poderes, que no se pelee, que nadie debe saber nada… ¡Porque un destino maravilloso le aguarda! Aquí tenemos dos de las siguientes estupideces del film: El presentar al venerable Jonathan Kent como un imbécil de la América profunda que en vez de enseñar a su hijo los valores de bondad y ayuda a los demás –como ocurría en el comic-, lo único que le interesa dejarle claro que debe esconderse como una rata. ¡Hasta el punto de sacrificarse y morir por ello! En una escena irrisoria que comentaremos luego. Y la siguiente estupidez, es el hecho de que este Superman no hace NADA en ningún momento. Se pasa al menos hora y media de metraje siendo guiado por todo el mundo hacia ese supuesto destino genial y glorioso sin que él sepa de qué están hablando ni se lo plantee en ningún momento. El momento de traca es cuando –en uno de sus múltiples empleos- se infiltra en una delegación militar que esta investigando una nave enterrada en el hielo y allí aparece el clásico holograma de su padre real –Crowe de nuevo, así amortizan su sueldo- para seguir guiándole en todo lo necesario mientras Clark pone cara de poker y se deja hacer. 

Que dura es la vida del currante de E.T.T
En estos saltos adelante y atrás en el tiempo no hay una estructura pensada, sino una serie de “sketches” unidos de forma arbitraria que no tienen hilazón unos con otros y que por tanto consiguen que narrativamente no haya énfasis, ni climax, ni progresión, ni leches. ¿Qué se consigue con esto? Pues como dije antes, una falta de empatía alarmante. El personaje es un monigote que ni siente ni padece, al que todo el mundo lleva de A a B y él jamás se cuestiona nada ni vemos que realmente experimente ningún tipo de viaje emocional. Por eso la escena en que se pone el traje por primera vez –traje que, por supuesto, le dan ya hecho, cosido y preparadito, que estaba esperándole en una esquina de la nave encontrada- y alza el vuelo, podría haber sido emocionante si hubiéramos sentido, sufrido y aprendido junto a Clark esa evolución de ser alguien perdido en el mundo a convertirse en el paladín de los débiles. Pero en el contexto narrativamente vacío de Snyder vemos esa escena como otro simple “sketch” más, sin excesiva trascendencia en el conjunto. Y esto va poco a poco empeorando.

Otra cosa que va a ir empeorando es esta reseña, que se me ha quedado corta… así que próximamente la segunda parte de este desmenuzamiento. Mientras tanto, seguid soñando con barbas y ceños fruncidos. Es la moda:

lunes, 1 de julio de 2013

MISCELÁNEA MÓRBIDA: MOORE Y EL AUTOBOMBO

Portadón de Antonio Santos para "Embryo 5"
Probablemente mañana o pasado cuelgue mis impresiones sobre “El Hombre de Acero” (Buff…). Pero hoy se traen a colación dos ítems referidos a dos novedades gloriosas que debéis adquirir a la voz de ¡Ya! Porque encima son gratis, así que además de ser gozosas, bien curradas y estimulantes para el alma, también apelan a que ese pesetero que todos llevamos dentro tenga la conciencia tranquila en plena crisis. Et Voila:

-El número 5 de nuestro magazine “EMBRYO: ALAN MOORE EN ESPAÑOL” es una pasada sin precedentes. Además de las habituales traducciones de artículos y/o entrevistas al propio Moore (que habla aquí de la última parte de la “League of Extraordinary Gentleman”, de su próximo cómic “lovecraftiano” y de su futura novela “Jerusalem”), en este ejemplar debutamos con las entrevistas propias e inéditas ya que hemos conseguido que Gary Spencer Millidge, el artista británico autor del libro-ensayo “Alan Moore. Storyteller” nos responda un inquisitivo cuestionario. Aparte de esta exclusiva mundial tenemos las habituales reseñas, reportajes, biografías y todo aquello que el moore-aficionado y todo amante de la cultura y el buen gusto necesita devorar con pasión.

Descárguenlo AQUÍ sin piedad alguna.

Ah, y si quieren seguirnos en ese invento del demonio llamado Facebook, penetren en ESTE ENLACE y pulsen alegremente “Me Gusta”. Nos harán sentir como auténticos héroes (just for one daaayy…)

-Y en cuanto a la otra épico-novedad, el ínclito crowley nos regala el nuevo número del magazine cultural y decadente “LA CAJA DE PANDORA”. Cine, literatura, cómic… todo ello siempre al amparo de una temática distinta en cada e-zine, que en este caso es nada menos que lo “políticamente incorrecto”. Wolfville, servidor de ustedes, en este caso contribuye con un análisis de la película anti-comunista “If Footmen Tire You, What Will Horses Do” un involuntariamente divertido y repugnante panfleto evangélico de los años setenta. El cual, bajo una estructura de sermón fanático, nos cuenta el próximo y sangriento futuro de una América bajo el yugo de los rojos. Distopía absurda y gore de gama baja para un cachondeo padre que merecía ser reivindicado. Descárguenlo inmediatamente AQUÍ, por el bien de nuestros hijos.

Como ven, diversión y cultura asegurados, en este época aciaga en la que ambas cosas parecen estar siendo erradicadas. ¡Gracias por su atención!