jueves, 31 de octubre de 2013

LOVECRAFT Y LOS SUJETADORES MALIGNOS

 

ARCHIVOS EXPIATORIOS: Aprovechando la fecha "hallowenesca" recuperamos esta mirada a uno de los relatos ¿de Lovecraft? más insólitos de su, ya de por si, insolita producción. A todo esto solo puedo decir "Picardías, lencería y Cthulhu, todo ello ¡¡¡fhtagn!!!"

Recién leído el número 4 de la revista "Delirio", coordinada por el ínclito Paco Arellano -y uno de los refugios que nos quedan a los fans de "pulperías", literatura rara de entreguerras y desvaríos varios del siglo XIX (y aun más atrás)-, y de lo que más me ha llegado a este subconsciente psicodélico que gasto, aparte del relato de Hans Heinz Ewers o el estudio de Javier Lalanda sobre el racismo en Robert Howard, ha sido la traducción de un supuesto relato con seudónimo que H.P. Lovecraft publicó en un magazine de confesiones. Relato que lleva el épico título de:

¡¡YO USABA EL SOSTÉN DE LA PERDICIÓN!!

Las revistas de confesiones fueron una moda que duró desde primeros del siglo XX hasta bien entrado este. Se trataba de gacetillas en formato no muy distinto al del "pulp" en el que publicaron algunas de las luminarias del género, siempre con nombres falsos y en las que supuestos seres humanos reales contaban al público lector sus experiencias con el lado oscuro de la vida. Relatos moralistas "basados en hechos reales" que avisaban a la incauta juventud sobre los peligros de besar en público, beber alcohol, quedarse preñados o cosas aun más ridículas.


El relato de Lovecraft se publicó en teoría en la revista "True Confessions" en fecha indeterminada, con el pseudónimo de Sally Theobald y asumiendo la voz narrativa de una chica que cuenta sus macabras experiencias tras mudarse a la ciudad. Allí se da cuenta de que es un cero a la izquierda social hasta que una anciana misteriosa con aspecto brujeril (que trabaja, aun más misteriosamente, en un centro comercial) le aconseja que reafirme esos mustios senos y la muchacha decide comprar un sostén para atraer a los hombres y mejorar su vida privada. La gracia del caso es que el sostén tiene unos extraños dibujos parecidos al clásico pentáculo, pero eso da igual cuando la chica comienza a ligar desaforadamente gracias a sus nuevas turgencias. Deja que chavales la acaricien los senos y, horror de los horrores, comienza a beber un vaso de vino al día "¡Y a veces incluso dos!". No tardará en darse cuenta de que ha recibido una maldición al comprobar que el sostén esta encantado... ¡por una entidad primordial! Que se le aparece en sueños junto a la bruja que se lo vendió y que tiene una espantosa forma de demonio fungoso parecida a la de un barril y que probablemente venga de extraños abismos cósmicos a pesar de su terrenal forma. Y tenemos algunas escenas oníricas memorables con las protuberancias del sostén hacíendose enormes y apresando a la desgraciada chica entre ellas.


¿Pero es que este hombre no podía dejar de pensar en bichos ni cuando escribía guarradas?

La idea era que el relato había sido descubierto por Robert Price y S.T. Joshi, ambos estudiosos de prestigio del autor de Providence (me refiero a Lovecraft, no a Juan Francisco Ferré. Jajajaja), y que debió escribirlo en busca de nuevas formas de hacer dinero en géneros distintos. Pero que claro, conociendo el caracter pacato y "dieciochesco" de Lovecraft, este se lo ocultó incluso a sus más cercanos amigos y colaboradores. Por desgracia la historia es demasiado bonita para ser cierta.

Mientras la leía había cosas que no me cuadraban. ¿Lovecraft publicando en revistas de confesiones? Si practicamente era un vago que solo mandaba relatos a "Weird Tales" y porque el editor Fansworth Wright ya conocía sus bizarradas. Y aun más raro ¿Lovecraft metiéndose en la piel de una chica de campo acosada por un sostén maligno? Si hay algo alejado de la idiosincracia del americano es el recurrir a féminas o a sexo para sus relatos. Por otro lado, cuando H.P. firmaba algunas colaboraciones con autores negados que le requerían para embellecer sus chorradas, siempre en revistas raras y alejádose de sus temáticas habituales, es cierto que solía hacer suyos dichos relatos e incluso incluir referencias a su mitología de primordiales cósmicos y bicharracos horrendos en general. Pero... ¿En un relato para una revista de confesiones? Y, repito... ¿UN SOSTÉN MALIGNO?. Sí, Lovecraft era más bien anti-sexo, eso lo sabemos todos, ¿pero no es un sostén maligno una imagen tan vulgar y chabacana como para albergar serias dudas de que H.P. hubiera escrito nada parecido?


El problema es que Arrellano y amigos son unos cachondos, y presentan el relato como real -con su introducción explicativa currada y todo-, por lo que te asaltan las dudas. Así que me fui corriendo a internet en busca de información al respecto, sorprendiéndome al no encontrar apenas NINGUNA referencia al dichoso cuento, aparte de su inclusión en este número de "Delirio". Y justo cuando mi delirio alcanzaba cotas estratosféricas dí con una oscura referencia en una página en francés. Se rompió el amor, amigos. Resulta que "Yo usaba el sostén de la perdición" fue un bromazo literario del mismísimo E. Hoffman Price, (véase el UPDATE al final de este texto para explicar el tachado) otro excelente escritor del círculo lovecraftiano y, por lo que se ve, un humorista de primera. El relato usa las convenciones típicas de Lovecraft para hacer una burla de las revistas de confesiones y conseguir un relato genial en su absurdez paródica. Lástima, pero como decía, era demasiado bueno para ser verdad. Y no obstante es, evidentemente, una rareza de valor incalculable para fans del soñador de Providence.

E. Hoffman Price. Ten amigos para esto.

Curiosamente hay una historia tan apócrifa como esta referente a Price y Lovecraft. Y es que resulta que no solo fue Price uno de los poquísimos escritores del círculo lovecraftiano al que el propio Lovecraft conoció en persona, sino que hay rumores que en este histórico encuentro el señor Price se llevó al bueno de H.P. a un burdel, donde se encontraron a un grupo de prostitutas lectoras de "Weird Tales" y fans del mismísimo Lovecraft. Aunque esta leyenda urbana no se la cree ni el más cándido -fue el gran Seabury Quinn el primero que la contó, aunque también he leido por ahi que fue Quinn el que se encontró a un grupo de fans suyas y de su Jules de Grandin en una casa de latrocinio-, da la impresión que cada vez que hay una historia picante referente a Lovecraft, el bueno de Price está siempre rondando por alguna parte.

UPDATE: ¡Pobre señor Price! Cuatro años ha que le acusé injustamente en este artículo de escribir "Yo usaba el sostén de la Perdición" cuando resulta que en realidad el perpetrador de esta maravilla había sido el también mencionado Robert Price. Le doy las gracias al señor Jose Vicente Serrano de La Tercera Fundación por sacarme de mi craso error. Jamás volveré a fiarme de páginas en francés (o eso o a ver si aprendo el idioma).

4 comentarios:

Oscar Mariscal dijo...

Magnífica entrada y maravilloso Blog, amigo WOLFVILLE; felicidades. Un abrazo.

Nit dijo...

Hay veces que si que parece que los sujetadores sean instrumentos de tortura, pero poseídos por una entidad... XD me encanta!

Belknap dijo...

Mr. Wolfville, genial broma, muy graciosa; realmente creo que dicho rumor puede ser verdad. ¡Feliz Halloween! y muy buen post. Saludos.

Noemí Risco Mateo dijo...

Jajaja, ¡qué bueno! Acabo de descubrir tu blog, tiene muy buena pinta.
Volveré ;)