miércoles, 27 de noviembre de 2013

"TRES CUENTOS" De Gustave Flaubert



Es muy sintomático que estos tres cuentos del maestro francés supongan, en su brevedad, una especie de canto del cisne de toda su obra. Publicados en 1877, solo tres años antes de su muerte y mientras se encontraba batallando con su última –y casi inconclusa- obra de arte “Bouvard y Pecuchet”, todos los críticos han coincidido en señalar en la estructura y desarrollo de esta trilogía tan dispareja, un eco de cada uno de los tres temas –o narrativa, o ambiente, o inquietud en general- que Flaubert definió en sus grandes novelas. Eso sí, las tres coinciden en presentar una temática que rondaba a Flaubert desde largo tiempo atrás, lo cual las une en cierto modo como un recuento tardío de algunas de las obsesiones del autor cristalizadas en tres importantes versiones cortas de su novelística.

Así pues, “Un Corazón Sencillo”, la primera de ellas, sería una especie de ilustración de la vertiente más realista y mundana de Monsieur Gustave. Ecos de “Madame Bovary” y, sobre todo, de “La Educación Sentimental” –hay una escena en el puerto que me recordó horrores al comienzo de aquella- tiñen una trama en la que el autor vuelve a su empeño por contar una historia tan cercana que casi pareciera que no ocurre nada durante su desarrollo. Pero nada más lejos de la realidad. La muy vulgar biografía de la criada Felicité –los nombres, como en su “…Bovary”, son fundamentales-, le sirve a Flaubert para hacer una radiografía rural de plácido desarrollo pero con momentos de gran emoción. Importante en la historia es la presencia de un loro en el que la pobre criada acaba depositando todo su afecto. El excéntrico Flaubert de hecho escribió estos cuentos con un auténtico loro en su escritorio, al cual acabó incorporando al relato como metáfora de una espiritualidad esquiva que acaba personalizando la simple Felicité. Una mujer que nace, vive y se acerca hacia la muerte en un estado de ilógico éxtasis sacro anclado en la realidad, a pesar de los golpes que la vida le ha ofrecido. Precioso final e impecable desarrollo.

“La Leyenda de San Julián el Hospitalario” es la segunda obra incluida y sirve para despertarnos de la sosegada sensación que nos brindó la primera historia. Es un cuento medieval basado en una leyenda religiosa que, en este caso, nos retrotrae al Flaubert más explícito y violento, el de “Las Tentaciones de San Antonio”. Escenas de macabro onirismo salpican la historia del Julián del título, que comienza como una parábola sobre la dicotomía del futuro que aguarda a su protagonista. O será un emperador o un santo, y la historia jugará continuamente con la broma del destino que acabará siendo, porque Julián desde pequeño mostrará una crueldad propia de un genocida, torturando animales hasta el punto de acabar masacrando un valle entero de ciervos al llegar a la madurez. Las terribles consecuencias de sus actos –que culminarán en una tragedia familiar de la que él mismo es responsable y ejecutor- será el comienzo de un peregrinaje trágico para el titular del cuento. Salpicado de sangre derramada, violencia explícita y una parte final que se quiere un “happy end” redentor, pero que a mi me pareció tan sórdida como el resto del relato, este segundo cuento mezcla un tono de fábula clásica con el de un realismo atroz que resulta más que efectivo.

Y si esta pieza nos evocaba “Las Tentaciones de San Antonio” y “Un Corazón Sencillo” podía ser un eco de “Madame Bovary”, en el último de los cuentos, “Herodías”, nos metemos de lleno en uno de los géneros más amados por Flaubert: el relato histórico. En este caso pensar en “Salambó” es más que inevitable, así como el ambiente que el propio autor vivió de primera mano y plasmó en su libro “Viaje a Oriente”. La reconstrucción histórica al dedillo –ropajes, arquitectura, personajes reales, la vívida descripción de los banquetes y demás costumbres, etc…- consigue dominar en esta versión de la historia bíblica de Herodes, Herodías, Salomé y Juan el Bautista. Y ello a pesar de su brevedad. Dividida a su vez en tres partes que culminan con un misterioso guiño a una figura femenina que acabará siendo vital en la trama, Flaubert entiende de sobras que ni Juan el Bautista ni la propia Salomé son los más importantes personajes de la obra, sino las maquinaciones de la propia “Herodías”, destinadas a una venganza de las que hacen época. Durante el camino tendremos intrigas palaciegas, un comentario sobre la situación judía y, por supuesto, un memorable discurso del bautista insultando a Herodías, totalmente a la altura de tan soez y  bíblico momento.

En definitiva una obra que, a pesar de su brevedad, resulta imprescindible como resumen del arte “flaubertiano”. Esta claro que si no entras al trapo ni al juego de estas tres historias, es posible que el solitario de Croissett no sea para ti. Pero si ya has leído al menos una parte de su gloriosa e imprescindible obra, los “Troi Contes” te proporcionarán unas pocas horas de inmensa dicha.

8 comentarios:

Belknap dijo...

Mr. Wolfville, hace mucho ya que lei a este gran autor y a mis horas proporciono una gran dicha. Saludos.

Ricardo Signes dijo...

Los "Trois contes" no son solo su testamento literario, sino una clase impagable para cualquiera que tenga veleidades literarias. Recuerdo una frase de Flaubert acerca de la escritura del que es mi preferido, "Un coeur simple": "lo he escrito quitando todo aquello que sonara a literario". Quien haya leído "Madame Bovary" sabe muy bien que Flaubert es el estilo convertido en obsesión. En sus cartas dice que a veces tardaba una jornada de más de diez horas de trabajo en acabar un folio. ¡Y este era un ritmo del que se felicitaba! La gran enseñanza para aprendices de escritores de ese cuento es que las tijeras son tan imprescindibles o más para escribir que la pluma. Y en cuanto a su contenido, la historia triste de esa mujer que mide en los otros su propia felicidad, representa el polo opuesto de Emma Bovary, y con ella, un eje fundamental y la mar de fecundo de la novelítica del XIX y del XX. Sus ecos llegan con fuerza, por ejemplo, a la Colometa de "La plaça del diamant".
Un saludo.

Oscar Mariscal dijo...

Brillante entrada amigo Wolfville, como siempre.

Belknap dijo...

Mr. Wolfville, ¡Muchas Felicidades!

Al rico libro dijo...

Después de leer Madame Bovary se nos quitaron las ganas de leer más de Flaubert, qué le vamos a hacer.

Anónimo dijo...

No lo comprendo, señor Al Rico Libro, a no se que le obligasen a hacerlo en clase... Yo he procurado leer todo de los dos Flauberts, el diseccionador de la realidad de Madame Bovary y el Rey del Delirio Barroco de Salambó... Y entre todos ellos me quedo con este Corazón sencillo, obra maestra absoluta y encima condensada... a ver quién da más!!
EL ABUELITO

Sara dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Belknap dijo...

Mr. Wolfville, cuando asi usted lo considere, aqui en la blogosfera estamos aguardando por mas de sus interesantes entradas, por mi parte, espero que se encuentre bien. Cordiales saludos.