viernes, 30 de diciembre de 2011

GRANDES ESPERANZAS LIBRESCAS PARA EL 2012


Antes de empezar con los cócteles, unos buenos propósitos:

-Seguir todos los preceptos para la vida que dejó escritos Aliester Crowley.
-Participar en concursos literarios de todo pelaje. Así como en todos los blogs y magazines virtuales que se tercien.
-Terminar de leer el canon "holmesiano" anotado por Leslie Klinger. Y "El Arco Iris de la Gravedad" de Pynchon también.
-Ya que estamos, visitar el 221B de Baker Street.
-Que yo vea al fin una edición en condiciones de los libros de John Carter, ahora que se estrena película.
-Aprender maquetación y crear al fin el e-zine al que le tengo ganas desde hace tiempo.
-Releer Borges completo.
-Completar la colección de Showcases DC
-Hincarle el diente al fin a una serie de tochos que pululan por mi casa: "Pais de Sombras" de Peter Mathiesen, "Casa Desolada" de Dickens, "Warlock" de Oakley Hall o las novelas de Kafka en versión Valdemar. Y hablando de ellos, releerme "Moby Dick" en su nueva y flamante edición.
-Terminar los "Cuentos Completos" de Stevenson, los de Mauppasant y los de Cortazar.
-Culminar las dos novelas que tengo en curso.
-Repasar "Starman" de James Robinson. Y seguir con "Cerebus".
-Conseguir un maldito kindle y empezar a descargar todos los libros sobre Jack El Destipador que me faltan.

Bueno, es pronto para hacer planes así que de momento me quedo con esto, que no es poco. A todos los visitadores de este blog de la santa inutilidad, os deseo un 2012 tan lleno de papel y tinta -y ebooks- como espero que sea el mio. ¡¡Cheers!!

lunes, 26 de diciembre de 2011

MISCELÁNEA MÓRBIDA: Guarrerías Vaticanas, Series B y Portafólios Comic-Pop


Tres interesantes asuntos ocupan hoy nuestro malogrado cerebro:

-Hace unos meses los noticieros y webs varias lanzaron al mundo la desopilante historia del cuarto de baño pintado con motivos eróticos y/o pornográficos encuadrado en el mismísimo Vaticano. Según las fuentes el artista del renacimiento Rafael -al que todos asociamos, como es lógico, con la Tortuga Ninja-, recibió el encargo de un oscuro personaje de nombre Cardenal Bibbiena, de pintar uno de los retretes del sacro edificio, por entonces en pleno periodo decorativo, de una serie de motivos paganos y sensuales. Una especie de reinterpretación de la imagineria que se estaba descubriendo por aquel entonces en vasijas y mosaicos de las excavaciones romanas. He aquí la habitación, que fue repintada por encima poco después y redescubierta -y ocultada- en los años 70 del siglo XX:


Y aqui abajo una rendición artística de uno de los visitantes que deja las cosas un poco más claras (aunque tampoco mucho):


Parece que esta serie de frescos cincelados en paneles de estuco presentan una especie de... ¡Comic del renacimiento! En el que vemos las excitantes aventuras de Venus y Cupido provocando todo tipo de encuentros eróticos. Hasta vemos una versión en bruto del intento de violación de Minerva a manos de Vulcano. Pero lo más curioso por lo visto es el plano del dios Pan -aquel sobre el que tan maravillosamente escribió Machen- que presenta un erección de tamaño considerable. ¿Fue Rafael el primer Guido Crepax? ¿Están expuestos estos dibujos a ojos de los trabajadores del Vaticano? ¿Visita el Papa este aposento alguna vez? ¿Tenemos que pensar mal por el hecho de que tales ilustraciones decoren un W.C.? Mejor dejar correr el asunto por ahora.

-Hablando de comics y dado que el nuevo trailer de "The Dark Knight Rises" anda levantando polvareda por la red -muy buena pinta, por cierto-, recordemos los dibujos setenteros de Marshal Rogers sobre el personaje en un raro portafolio de 1981 y publicado por S & Q Productions. Muchos recuerdan la etapa de este dibujante -recientemente fallecido- a los lápices del murciélago como "El Batman Definitivo". Pinchen, amplien y disfruten:






-Para despedirnos hoy un entrañable descubrimiento que hice gracias al blog del amigo Borgo. Parece ser que ha aparecido en alguna oscura hemeroteca filmográfica el film "Gift Of Gab" una comedieta infame de 1934 que se consideraba perdida. El film no pasaría de ser otra más de las mediocridades rodadas con cuatro duros en aquellos tiempos -parece ser que los mismísimos "Tres Chiflados" iban a protagonizarla- si no fuera porque en ella aparecen Boris Karloff y Bela Lugosi en uno de sus papeles alimenticios de entonces. Este clip incluye una escena de la película en la que aparecen ambos y es sintomática de la carrera de ambos "stars" del horror en la época en que se inserta. Es decir, Lugosi en breve y chistosa aparición, y Karloff con más protagonismo y un papel de más chicha:



Y con esto decimos adieu hasta el próximo desbarre.

sábado, 24 de diciembre de 2011

SANTA MOORE - Navidades Underground


Para celebrar estas fechas nada mejor que recuperar estas tiras cómicas de aquella época en que el señor Alan Moore aun alternaba el dibujo con los guiones, y pensaba que su futuro consistía en ser un Roger Crumb inglés. Fueron publicadas en el especial navidad de la revista Frantic, nada menos que en ¡¡¡1979!!! El genio de Northampton las descarta como trabajo primerizo, alimenticio y de segunda fila. Pero son divertidas, son navideñas y, lo más importante, son Moore. Pinchen para ampliar:



Ni que decir tiene que Merry Christmas to everybody!!

miércoles, 21 de diciembre de 2011

EXPEDIENTE WALLACE: “La Niña del Pelo Raro” (1989)


Estamos a finales de los años ochenta. Tres años después de haber conseguido levantar cierto revuelo con su primera novela “The Broom of The System” –inédita en nuestro país- y mientras bregaba con la escritura de “La Broma Infinita”, que le consagraría definitivamente siete años más tarde, David Foster Wallace publica “La Niña del Pelo Raro”, un libro de cuentos de todo pelaje. Encontramos piezas descacharrantes, paródicas, mortalmente serias y todas ellas jocosamente experimentales. A pesar de algunos temas que se repiten de un cuento a otro –el culto al poder, las diferencias de clase en entornos bizarros, la aparición de celebridades desmitificadas como si fueran personajes ficticios- el rango de temáticas y estilos tratados es muy amplio; y ello es debido sin duda al hecho de que “Girl With The Curious Hair” recopila nueve cuentos y una novela corta que habían ido apareciendo a lo largo de la década en revistas varias, como “Playboy, “Harpers´” o “Paris Review”, mientras alternaba la escritura de su primera novela con sus cursos sobre filosofía y matemáticas, además de la realización de su tesis sobre… ¡Lógica Modal!

A pesar de cierta dificultad narrativa y argumental (inherente a la pluma de Wallace) es posible que aquí se encuentren algunos de los relatos más accesibles del autor que nos ocupa, por lo que este libro sirve de excelente punto de partida para comenzar a bucear por las profundidades estilísticas del malogrado escritor.
La fiesta abre fuego con “Animalitos Inexpresivos” que cuenta la historia de una concursante del mítico show americano “Jeopardy” y su imbatible reinado en el show siempre que no le hagan preguntas sobre animales; a la vez que desarrolla una relación amorosa con la redactora de las preguntas que le hacen en cada programa. Lo que así contado parece una bizarrada propia de un autor generalmente estrambótico como Wallace, resulta ser una triste y bellísima historia de amor que muestra la imposibilidad de escapar a la soledad. Otra historia sobre las fallas inherentes a las relaciones sociales en el mundo moderno sería la siguiente, de título “Por suerte, el ejecutivo de cuentas sabía practicar la reanimación pulmonar”, que en pocas páginas logra meter al lector en una angustiante situación con la que cualquiera podría identificarse. La hábil narrativa de Wallace consigue que hechos aparentemente aislados –y a ratos oscuros e ininteligibles- logren resonar en un eco de universalidad que puede tocar el ánimo de cualquier lector perceptivo. No importa que el significado oculto parezca escaparse al final. Leyendo entre líneas –y con sucesivas relecturas- descubrimos la riqueza de las reflexiones de un autor que no nos lo pone fácil, pero que tampoco hace que el viaje sea baldío.

El siguiente cuento es el que da título al libro y es un puro ejercicio de sarcasmo, divertido y desagradable a la vez. Se ha comentado que podría ser una parodia del estilo de los autores del “Brat Pack” y lo cierto es que se ven ecos del Brett Easton Ellis más chusco, con un personaje prototípico, un yuppie ochentero que se pone el apodo de “Sick Puppy” y se une a una banda de punks antisociales con los que tiene más de un punto en común. Si bien la historia podría participar de ese nihilismo tan típico de la década que vio nacer al “American Psycho”, el desarrollo estilo Raymond Carver consigue intranquilizar al lector de una forma que pocos pueden conseguir, descubriéndose poco a poco los siniestros orígenes del yuppie y el germen de sus desviaciones sexuales en un crescendo que tiene su climax –por así decir- con la misteriosa intervención de esa niña de pelo raro que obsesiona al curioso grupo de descastados sociales. Perturbador y a la vez lúdico. Una obra de arte. Cosa que también podríamos decir del siguiente y mucho más largo “Lyndon”, el cual cuenta el ascenso en importancia de un simple encargado del correo del presidente Lyndon B. Johnson. Wallace cuenta la
historia de este personaje ficticio –con sus propias relaciones familiares y sentimentales- alternándolas con un retrato fascinante de Johnson. Demostrando al final que los entresijos de la alta política no están en principio tan desligados de las ansias y tristezas de cualquier hijo de vecino. Una increíble conversación final entre la primera dama y este oscuro empleado, deja claro que el amor –a cualquier persona, sistema político o país-, debe florecer en una especie de distancia, justificando así la fuerte personalidad independiente de Johnson, pero también como aparece cada vez más como un hombre derrotado en los últimos estertores de la historia.

“John Billy” es una absoluta delicia y una auténtica locura después de la sobriedad del anterior relato. La historia surrealista, épica y metafísica de un granjero de Oklahoma que se convierte en un mito más allá del bien y del mal. Escrita con una prosa espectacular, un lenguaje exquisito y una continua acción que incita a pasar las páginas con rapidez, Wallace vuelve a hablar aquí sobre las diferencias entre las percepciones que los demás tienen sobre nosotros y lo que realmente somos, a través de ese granjero de talla gigantesca en continua pugna por sus derechos sobre la tierra con sus envidiosos vecinos. Una epopeya que no desentonaría en la bibliografía del Faulkner más desatado. Por eso quizás la siguiente “Aquí y Allá” resulta mucho más modesta en apariencia. El relato de la desintegración de un matrimonio se cuenta a través de las respuestas de los dos a un tercer personaje indefinido. No sabemos las preguntas, por lo que este cuento parece ser la primera vez que Wallace usó esta técnica que después le dio tan buenos resultados en “Entrevistas Breves Con Hombres Repulsivos”. Cada declaración de uno de los miembros de la pareja se complementa a continuación con la visión del otro sobre los mismos hechos, por lo que el eterno tema de los puntos de vista vuelve a florecer. Un cuento de desarrollo ágil y con un final magnífico.

“Mi Aparición” cuenta como una actriz de televisión es invitada al show de David Letterman y como su marido y su abogado no dejan de insistirle en que debe actuar todo el tiempo, porque Letterman sin duda querrá ridiculizarla y eso repercutirá en su carrera. La tensión creciente por la entrevista está magistralmente lograda -¿Exagera su marido? ¿Debe ella relajarse o estar en guardia?-, y al final como es lógico todo resulta ser una metáfora para un tema más personal. Las máscaras que nos ponemos al final acaban devorándonos. Una nueva muestra de la obsesión de Wallace por la cultura popular en general y la televisión en particular, usando a uno de sus iconos más representativos como tabla de análisis. Después comienza el experimental “Di Nunca”, en el que la trama –una infidelidad en la que el perpetrador envía una carta describiendo su falta detalladamente- está contada en varias secciones cada una dedicada a uno de los personajes involucrados. Y cada uno de ellos tiene su propia historia, forma de hablar y por supuesto voz narrativa, por lo que es necesario seguir con especial atención el desglose de acontecimientos para un mayor disfrute. Tal cosa no es necesaria en la siguiente “Todo es Verde” que son solo tres páginas que cubren una simple –pero efectiva- anécdota en la vida de –otra vez- una pareja. Un breve parón, casi un vasito de agua, que deja un buen sabor de boca para afrontar el final del libro. La novela corta (más de 160 páginas) “Hacia el Oeste, el Avance del Imperio Continua”.

No solo es la historia más larga, también es la más complicada. Y a pesar de todo, resulta que el extraño desarrollo tiene un sentido que, como no podía ser de otro modo, es paródico. Esta “novella” es una especie de respuesta o continuación no oficial de “Perdido en la Casa Encantada” el famoso libro de John Barth que es una locura metaficcional y con rasgos del mejor –o peor, según se mire- post-modernismo. El argumento tiene muchos guiños a la obra de Barth (en ambas historias aparece un profesor de nombre Ambrose e incluye algunas citas literales extraídas de la misma), pero en última instancia “Hacia el Oeste…” es una desmitificación de la novela vanguardista en general, tanto como “Lyndon” lo era de Lyndon B. Johnson. La trama, que versa sobre una reunión de viejos actores de anuncios de McDonalds para rodar el anuncio definitivo, es interrumpida por digresiones del propio autor sobre los personajes y su modo de narrar la historia. Estas interrupciones son divertidísimas y muy auto paródicas, hasta el punto de que todas esas reflexiones sobre la narrativa acaban matando poco a poco la trama, que llegados a un punto concreto deja de avanzar. Incluso hacia el final se inserta un relato corto escrito por uno de los invitados a la convención McDonalds, que a su vez es también continuamente interrumpido por las meta ficcionales intrusiones del demiurgo que cuenta la historia.

A pesar de todo eso, permanecen los habituales destellos de brillantez y humor absurdo de Wallace en la construcción de personajes y su entorno. Impagables el actor fracasado que tiene un curioso problema ocular o el hijo del organizador, que apoya la empresa familiar vistiéndose de Ronald McDonald. Pero mi favorito y sin duda principal blanco del sarcasmo de Wallace es D.L., la escritora post-moderna. Una niñata insufrible que vive para el arte y que interviene en diálogos tan memorables como este que sostiene con su marido, Mark, mientras viajan en el avión que les llevará a Illinois:

“-Creo que te debo una disculpa, Mark-
-No pasa nada, cariño.
-Tengo un problema de voluntad, ya lo he decidido. La postmodernidad no acentúa precisamente la eficacia de la voluntad, como bien sabes. Aunque no puedes negar que lo he intentado.
-D.L. no me parece que gritar “¡Nos vamos abajo! ¡Estamos todos muertos!” antes de que el aparato empiece a moverse sea un intento muy firme…”

(Traducción de Javier Calvo, Mondadori, 2000)

En definitiva, estamos ante una antología para saborear a tragos cortos o largos, buscando algo nuevo pero a la vez clásico. Tradicional y renovador en un mismo sorbo y siempre divertida. Wallace todavía se encontraba en camino para pergeñar su gran novela americana, “La Broma Infinita”, pero muchas de las obsesiones allí señaladas –tanto conceptuales como estilísticas- se encuentran ya disparando efectivas ráfagas de ficción en esta colección de relatos. Es un libro que puede desconcertar en algunas partes, pero en ningún momento deja la sensación de frustración o enfado por un autorzuelo haciendo virtuosismo con la prosa e ignorando al lector. Antes bien, lo que yo experimenté al terminar “La Niña del Pelo Raro” fueron unas enormes ansias por releerlo e intentar acercarme al mensaje oculto, esa “broma” genial que esconden estos textos e intentar acceder aun más al complejo pero agradecido mundo del autor. Supongo que es como decir que Wallace “engancha” o que deja con ganas de más; y por supuesto ambas sensaciones son muy positivas.

lunes, 19 de diciembre de 2011

TINTIN EN INNSMOUTH - Linea Clara y Tentáculos.

¿Os imagináis al mismísimo Tintin, creado por Hergè, haciendo frente a todo tipo de amenazas lovecraftianas? Para cerrar un poco el tema Lovecraft y comic -aunque seguro que volveremos a ello más adelante- contemplemos estas maravillosas ocho portadas falsas creadas por el artista Murray Groat. Casi nos hace creer que el reportera belga estuvo en efecto en R`lyeh, que fue perseguido por Chtulhu o que se enfrentó al peligroso Herbert West, el reanimador:








viernes, 16 de diciembre de 2011

DESPERTAR EN R´LYEH “Neonomicon” de Alan Moore y Jacen Burrows

El otro día le hinqué el diente a este reciente comic escrito por el genio de Northampton, que supone una de sus últimas incursiones en el tebeo más, por así decirlo, comercial. Los continuos compromisos del señor Alan Moore con sus proyectos literarios, revistas “underground” y cultos mágicos le van dejando cada vez menos tiempo para meter el dedo a proyectos viñeteros, más allá de su compromiso con la “League of Extraordinary Gentleman” y a una supuesta historia inédita de su inclasificable “The Bojeffries Saga” que debería ver la luz pronto. Por eso siempre es una buena noticia que Moore abandone sus polvorientos grimorios por un tiempo y nos regale otro de sus clásicos pastiches renovadores, en este caso con Lovecraft como objetivo. Es un tebeo funcional, entretenido y fresco; no es malo en absoluto, pero tampoco es memorable. ¡Pero es Alan Moore, amigos! Y es una gozada, nos pongamos como nos pongamos.

Como ya sabemos que el señor Moore ha roto todos sus lazos con el comic “mainstream”, son ahora compañías independientes como esta Avatar Press la que se ocupa de editar los tebeos que el barbudo divino tenga a bien escribir de forma más o menos dilatada. En este caso, el editor le propuso escribir el comic que le diera la gana y Moore aceptó la proposición porque en aquella época (hace cuatro o cinco años de esto), se encontraba necesitado de dinero debido al impago de unos plazos que DC Comics le adeudaba desde hacía tiempo por el volumen tercero de “La Liga..”. Por supuesto no hay que ver en la acción de Moore un simple deseo de pagar facturas, porque actualmente el autor nunca realiza un comic a disgusto o sobre un tema que no le interese –aunque lo haga por dinero-, de ahí que con “Neonomicon” culmine en forma de comic su saga lovecraftiana, que comenzó con el relato corto “The Courtyard”. En otro orden de cosas, si Moore necesita dinero de cuando en cuando, es debido a su renuncia por principios a cobrar ninguno de los derechos cinematográficos por las adaptaciones de sus comics, debido a su largo desacuerdo con la industria del tebeo más generalista y con Hollywood. Si Moore hubiera cobrado lo que le correspondía por las versiones fílmicas de “V De Vendetta”, “Constantine” o “Watchmen”, probablemente no solo no tendría problemas de dinero en ciertas épocas, sino que tendría dos o tres cadillacs en su garaje.

Volviendo a “Neonomicon”, el recopilatorio que ha editado Panini incluye por primera vez a color la adaptación a comic en dos partes de “The Courtyard”, que sirve como excelente prólogo para la propia saga principal que da título al volumen. “The Courtyard” es una obrita atmosférica que fija los parámetros del señor Moore a la hora de actualizar la obra de Lovecraft. Ambientada en nuestra época, con un tono “noir” y policías como protagonistas –es obvio que la devoción del escritor británico por “The Wire” se ha filtrado parcialmente a esta obra- y añadiendo de forma explícita el sexo y la violencia que en Lovecraft se encontraban velados o eran directamente inexistentes. Especialmente el sexo. Además teniendo la trama al escritor de Providence como centro ideológico de un extraño culto que se dedica a extrañas orgías y ritos lisérgicos, la cantidad de guiños a H.P. así como a todos sus precedentes y contemporáneos es ingente. Hay menciones a la Carcosa de Ambrose Bierce o al continente Zotique de Clark Ahston Smith, amén de por supuesto a Dagón o al modelo de Pickman; todos estos detalles aparecen en contextos modernizados y sumamente irreverentes como Carcosa dando nombre a un club de moda o la cantante lesbiana de un grupo “punk” que se hace llamar Randolph Carter –igual que el famoso personaje lovecraftiano-. Mejor no revelo el uso que se le da a la palabra “Dagón”, porque es mejor que lo descubráis vosotros mismos.


Como decíamos el sexo manda, y a Moore el editor de Avatar Press le ha dado mucha más mano libre de la que le hubieran permitido en una editorial más populachera. Orgías mezclas de sexo y violencia, desnudos de todo pelaje, desmembramientos, sexos orales, anales y ventriculares además de una espectacular escena de “handjob” a una entidad de más allá de R´lyeh, que hubiera hecho que el propio Lovecraft se hubiera desmayado cual damisela victoriana. La investigación de la pareja protagonista –ya inmersos en la trama en cuatro partes de “Neonomicon”- les llevará en un viaje lleno de lisergia mutante, sexo guarro y apariciones de terroríficos monstruos dibujado con oficio –algo estático, cierto es- por un Jacen Burrows que lleva tiempo
abonado al comic independiente. Tópicos sin cuento en estos casos salpican la trama sin contemplaciones de ningún tipo. Interrogatorios con carismáticos psicópatas encarcelados –puro “El Silencio de los Corderos” o “Seven”- se mezclan con tiroteos realistas e incluso un sueño onírico que llevará a la protagonista a hablar con nada menos que la personificación de una de las entidades más populares del bestiario de Lovecraft. Precisamente es a otra de estas famosas monstruosidades (Los Antiguos, para los amigos) a la que hace referencia el sorpresivo final de la función. Un desenlace algo previsible pero que augura una posible tercera parte de esta “bastardización” de los Mitos de Cthluhu.

¿Más problemas? Quizás un desarrollo algo soso en algunas partes y demasiado informativo en otras. Mientras que en “The Courtyard” las referencias a Lovecraft y amigos están perfectamente insertadas en la trama, aunque quizás solo sean disfrutables para los entendidos más atentos, en “Neonomicon” estos guiños se hacen excesivamente didácticos. Con algún que otro personaje explicando qué significa cada nombre o referencia lovecraftiana que se deja ver a la mínima. Supongo que el ánimo de Moore le lleva a hacer una historia más accesible y menos oscura para los neófitos, pero a veces tiende a caer en el exceso explicativo. Y eso que cuando quiere, vuelve a ser tan meta ficcional y abstracto como de costumbre. Por ejemplo cuando los personajes hablan el lenguaje de los muertos inventado por Lovecraft.


Aun así son solo pequeños detalles que tiñen un relato que no es que intente innovar especialmente, ni tampoco hacer historia en el ingente “corpus” de literatura lovecraftiana. Pero sí que hará pasar un rato muy divertido a todos los admiradores menos canónicos del escritor de Providence así como a todos los fans del Moore más ácrata y guarrindongo. Ese que se lo pasa bomba parodiando convenciones estilísticas -como los superhéroes, el policial, el porno, el terror...- que todos sabemos que adora en la intimidad. Y todos esos detalles, junto a una buena sesión de gore y erotismo enfermo, no tienen precio en una tarde tonta de domingo .

lunes, 12 de diciembre de 2011

MISCELÁNEA MÓRBIDA: "Gaiman Simpsonizado, Caine Bronsonizado, Irene Adler modernizada y Russell Resucitado"

Tetralogía de cositas para estar un poco al día:

-La semana pasada tuvimos la oportunidad de ver a Neil Gaiman apareciendo en "Los Simpsons", una serie que se encuentra en franca decadencia pero que todavía puede facturar episodios tan divertidos como éste, en el que el autor inglés decide ayudar a Homer a escribir un buen libro de literatura júvenil -en un mercado inundado de "Crepúsculos" y otras lindezas-. No olvidemos que Alan Moore, Art Spiegelman y Daniel Clowes ya hicieron su aparición hace unos años, pero si bien lo de ellos fue más un cameo que otra cosa, Gaiman sí tiene una papel secundario pero importante en la trama. ¿Para cuando una aparición de Frank Miller? Podrían ponerlo vestido de paramilitar y dando un golpe de estado para instaurar su regimen anarco-fascista, en el que todo el mundo debería llevar pintadas de murciélagos en la cara y bates de beisbol. Ahi lo dejo caer.

-Y hablando de fascistas, espectacular el film "Harry Brown" de mi admirado Michael Caine, que no se estrenó en cines en su día y que al fin he podido conseguir via DVD. Hacía tiempo que no veían una película tan sumamente facha y orgullosa de serlo, lo cual le da un gran interés desde el punto de vista sociológico por supuesto. Pandilleros, drogadictos, jóvenes de la calle... todos ellos son presentados como monstruos sin sentimientos y que se excitan con el dolor ajeno. Una caterva de insectos a los que hay que aplastar sin miramientos, dado que la policía es tan pusilánime que no puede ni intimidarlos en una sala de interrogatorios. Caine está tan soberbio como siempre y la película entretiene, pero su mortal seriedad de ultra-derecha la aleja peligrosamente de los films de Charles Bronson, que al menos eran tan exagerados que no se podían tomar en serio.


-La foto sobre este texto y la que viene a continuación son las dos primeras imágenes de la actriz Lara Pulver en el papel de Irene Adler, la eterna candidata a posible interés amoroso del detective de Baker Street. Por supuesto el moderno look nos hace caer enseguida en la cuenta de que estamos hablando de la segunda temporada de "Sherlock", la magnífica serie de la BBC que trae al viejo Holmes a la era de los móviles y los portátiles. Si el personaje debutó en el cuento de Doyle "Escándalo en Bohemia", el episodio en el que aparece la Irene moderna se llama "Escándalo en Belgravia". Estreno en TV el més próximo.


-Por último dedicar un recuerdo al fallecimiento de Ken Russell. Nunca fue santo de mi devoción -demasiado "granguiñolesco", pedante y afectado para mi gusto-, pero dado que se atrevió en 1967 a rodar un largometraje con la vida (y exhumaciones) del señor Dante Gabriel Rossetti, al que tuvimos hace poco por este carnaval, merece la pena recordar una escena de este "Dante´s Inferno". La actriz Judith Paris que interpretó a Elizabeth Siddal era espectralmente similar a la original:


Cuanto menos la fotográfía y el tempo de este film le confieren una capacidad evocadora de la época de los prerafaelitas que consigue animar una trama más bien letárgica y didáctica -esas letanías en forma de voz en off...-, pero solo por escenas como el arranque del film, con la famosa exhumación de la Siddal y la presencia de Oliver Reed en el papel de Rossetti, la función vale la pena.

jueves, 8 de diciembre de 2011

ANGRIA Y GONDAL: El Imaginario de las Brontë

Anne, Charlotte, Branwell y Emily.

Ahora que se ha estrenado la enésima versión cinematográfica de “Jane Eyre” de Charlotte Brontë, dirigida por Cary Fukunawa (y una pérdida de tiempo en la que lo único que vale la pena es Michael Fassbender), se me viene mucho a la cabeza últimamente la deliciosa y enigmática conjunción de factores que hicieron que tres hermanas pobres, que languidecían viviendo en una casona en medio de los páramos de Yorkshire; y que se debatían entre los problemas derivados de su condición femenina –estamos a primeros del siglo XIX al fin y al cabo- y una trágica tendencia a la tuberculosis, pudieran entregar un corpus literario tan breve pero tan intenso e influyente. Clásico y a la vez moderno, lleno de matices y a años luz de muchas de las novelas que por entonces triunfaban. Como es casi reiterativo volver a glosar las bondades de “Cumbres Borrascosas”, “Agnes Grey” o la mencionada “Jane Eyre” –todas ellas de obligada lectura-, vamos a hacer un repaso por los cimientos que posteriormente darían vida a estas y otras obras. El complejo mundo interior de las hermanas Brontë comenzó a gestarse desde la adolescencia en una serie de escritos que son oro puro, un conjunto de poemas, relatos y textos históricos falsos sobre dos reinos imaginarios inventados por las tres hermanas y su hermano Branwell: Angria y Gondal. Un precoz y delicioso juego literario.

Es posible que el ambiente cultural en la casa de los Brontë, nada reacio a que las niñas hicieran sus pinitos lectores e incluso escritores desde temprana edad, influenciara la vocación creadora de las hermanas además de su inquieto carácter. No solo tenían a su disposición la biblioteca paterna sino que desde muy jóvenes comenzaron a leer los periódicos a los que sus progenitores estaban suscritos, a pesar de que en esta época no se pensaba que fuera una lectura propia para niños. Y mucho menos para niñas. Esto hizo que en los escritos de infancia de Charlotte que han sobrevivido, se encontraran referencias a la política de entonces y una forma de pensamiento independiente que acabaría contagiando a sus hermanas para toda la vida. Para evadirse un poco de las difíciles condiciones que sufrieron desde niñas, el grupo de cuatro hermanos comenzaron de forma temprana a escribir sobre un mundo de fantasía que tuvo un curioso origen: el dotar de vida a unos soldaditos de madera. Parece ser que las hermanas representaron al menos tres obras teatrales de cosecha propia inspiradas por aquellos soldados. En palabras de Charlotte:

“Papá le compró a Branwell algunos soldados de madera en Leeds; cuando llegó a casa era de noche y estábamos en la cama, así que la mañana siguiente entró Branwell por nuestra puerta con la caja de los soldados. Emily y yo saltamos de la cama, y yo elegí uno y exclamé: “¡Este es el Duque de Wellington! ¡Este será el Duque!” Después, Emily escogió otro y dijo que sería para ella; entonces Anne bajó y también eligió el suyo. El mío era el más bonito, el más alto y más perfecto en todos los sentidos. El de Emily era un tipo con la mirada muy seria y grave. El de Anne era una cosita muy alegre, igual que ella. Branwell escogió el suyo y lo llamó Bonaparte.”

Charlotte Brontë

La obra de teatro que se representó con los soldados ya cada uno en su papel –llamada “Young Men” en honor a la marca de los juguetes de madera- incluyó una colonia africana inexistente a la que pusieron de nombre Angria. Esta creación acabó dando mucho más juego del esperado cuando el grupo de jóvenes hermanos comenzó a desarrollar en una mayor extensión cada nimio aspecto que sirviera para caracterizar más al ficticio lugar. Primero se creó una especie de periódico en el que los hermanos comenzaron a hacer comentarios políticos, reseñas de libros que habían leído y completado con poemas e incluso historias folletinescas por entregas. En efecto, ¡Estamos hablando de todo un fanzine del siglo XIX! Y además escrito en páginas y más páginas de letra pequeña y abigarrada, que probablemente solo los cuatro hermanos conseguirían descifrar sin dificultad y que ellos mismos encuadernaban en hilo, fabricándose sus propias publicaciones "amateur".

Por supuesto en las historias y poemas se fue poco a poco creando la geografía, cultura y leyes del gobierno ficticio que había nacido en aquellas tardes de ocio familiar. Toda una sociedad completa aparecía dibujada junto a noticias de las acciones legislativas, militares y artísticas que fueran de notoriedad en la provincia de Angria. Uno de los personajes que siempre aparecía en las historias de Charlotte era el Duque de Zamorna, cuyo nombre era una modificación de nuestra Zamora española, que por cierto fue escenario de una de las victorias de Wellington –el cual ya vimos arriba que era una de las obsesiones de la hermana mayor-. Aunque al principio los cuatro niños trabajaron como un grupo en este proyecto, pronto Emily y Anne decidieron independizarse y ceder Angria a sus dos hermanos. Ellas comenzaron a crear un reino distinto: Gondal. Por supuesto con sus propias características, alejadas de las de Angria.

Emily Brontë

A pesar de que al principio había elementos fantásticos en muchas de estas historias –de hecho los cuatro hermanos se auto-incluían en la trama, apareciendo como magos demiurgos que controlaban a la gente de Angria y Gondal-, pronto Charlotte se desmarcó del componente de cuento de hadas para concentrarse en los aspectos más políticos y románticos de los relatos. Algunos estudiosos tachan a las hermanas de pioneras de la ciencia-ficción con estas muestras de juvenilia, pero el caso es que esta colección entraría más en el esquema de la fantasía moderna, ya que se concentra más en magia y conspiraciones de la corte que en ningún tipo de ciencia. ¿Influencia de todos ellos a la hora de escribir este mágico corpus literario? Pues principalmente los relatos de “Las mil y una noches”, los poemas de Byron y la novelística de todo tipo, con Walter Scott a la cabeza. Es de la parte de Angria (desarrollada por Charlotte y Branwell) de la que se conservan más fragmentos. Deslavazados pero completos para su análisis, porque por desgracia de la Gondal de Emily y Anne solo han sobrevivido algunos poemas.

Poemas sobre Gondal escritos por Emily Brontë

Historias melodramáticas como “Lily Hart” o “The Secret” ya incluían enrevesadas tramas de aliento gótico-romántico que presentaban heroínas atacadas por magnéticos villanos y relaciones amorosas más grandes que la vida. Sin olvidar venganzas, muertos resucitados, raptos y demás elementos del gótico que tan de moda estaba por entonces. No sería muy desatinado considerar las posteriores novelas adultas de las Brontë como una mejora o sofisticación de estos mismos parámetros estilísticos. Actualizándolos, eso sí, con un aliento más realista; aunque sin abandonar el toque fantástico o misterioso de su prosa, especialmente en el caso de Emily y sus “Cumbres Borrascosas”, tan sobrenaturales como melodramáticas.

Anne Brontë

Lo que es increible de estas extrañas muestras de fantasía juvenil es la tremenda explosión de imaginación creadora que hay tras ellas. Lo que en realidad fué un juego que duró hasta más o menos hasta los veinte años, posee una intrincada estructura narrativa y una utilización de recursos literarios tan avanzada para la corta edad de sus autoras, que no dejan dudas sobre el talento innato de aquellas tres enfermizas hermanas para crear mundos enteros e historias de impacto. No es tan extraño, visto de ese modo, que tan solo con sus tres novelas adultas las Brontë hayan logrado crear verdaderos iconos para la literatura del siglo XIX que siguen emocionando a las nuevas generaciones sin perder profundidad, modernidad ni simple gracia, mientras que muchos de sus contemporáneos hoy ya huelen a naftalina. Y es que una cosa es tener ganas de triunfar en el mundo literario –algo casi imposible para mujeres jóvenes de su época, como el caso que nos ocupa-, y otra cosa es ser sencillamente autores auténticos para los que la creación es algo tan necesario como la respiración. Y ese detalle siempre marca la diferencia.